Páginas

jueves, 7 de septiembre de 2017

LA ESPERANZA. ESCUDO FRENTE AL PODER


Vivimos una situación muy compleja y desgastante. Una pesadilla que nos agobia. Lo sentimos en la cotidianidad cuando sufrimos  los embates del  desabastecimiento de alimentos y medicamentos, la  inseguridad, la galopante inflación, la represión…

No está pasando nada
Los representantes del gobierno repiten un guión de negación de la realidad: “no hay crisis humanitaria, no es verdad que las familias están comiendo de la basura, medicamentos hay, lo que hay que mejorar es la distribución, no hay represión, la guardia nacional y la policía  cumplen con su función de garantizar la paz” Las víctimas de  asesinatos se clasifican entre los tuyos y los míos; desconozco los primeros y valoro los que me atañen. Los violentos son los otros, esos  que no están de acuerdo, critican y se oponen. La Asamblea Nacional Constituyente es la salvación. No importa  quién la decidió ni cómo se eligió.

La culpa la tienes  tú
El gobierno no asume sus errores y fracasos. No reconoce su responsabilidad y busca los responsables fuera: la guerra económica, el acaparamiento de los empresarios, la baja del precio de petróleo  y la falta de recursos para las misiones… La queja en su rol de víctima la utiliza para justificar sus ineficiencias, deficiencias,  incompetencias…        

Rio revuelto ganancia de pescadores
“Divide y triunfaras” es la pauta. Se realizan anuncios para provocar confusión y mayor tensión y desviar la atención de los graves  problemas  sociales. Cada día surgen decisiones, arrestos, pronunciamientos. Amenazas como una estrategia generadora de confusión y caos con un juego perverso en el uso del poder.

El miedo y la desconfianza  como un recurso desesperanzador
La desesperanza es inducida de forma intencionada  y permanente. Su objetivo es  hacer sentir  que es imposible cambiar la realidad,  evidenciar como el poder de pocos se fortalece a costa del miedo y la sumisión de muchos. La idea  es que la desesperanza  se convierta  en un síndrome que deprima el sistema inmunológico social, convirtiéndonos en seres vulnerables.  ¿Los síntomas? Queja permanente, duda  y desconfianza de  todos y por todo, conformismo,  pasividad,  sumisión, dependencia, renuncia a nuestro poder…

La esperanza como escudo
La esperanza es el escudo más poderoso para la resistencia y movilización interna y externa. Ahora ¿de  qué tipo de  esperanza estamos  hablando? Nos referimos a esa  que se nutre de emociones, sentimientos, pensamientos, impulsos, principios y valores  que nos mueven a actuar para lograr lo que queremos con los pies en la tierra  pero con la mirada  puesta  más allá de los sucesos.

Amarrar la esperanza a un suceso y no a un proceso, tiene implicaciones psicológicas  y emocionales peligrosas. Si apostamos al resultado y no se logra, la frustración nos puede llevar a la violencia, a la evasión y el desencanto nos puede llevar a claudicar, desentendernos de la lucha.

Hay una tercera  vía  que nos mueve, una vez vivido el duelo por la pérdida,   a  buscar otras estrategias para realizar las transformaciones necesarias personales, sociales y estructurales. Partiendo de lo aprendido sin permitir que el objetivo no logrado, ensombrezca los logros obtenidos durante el proceso, al contrario estos deben ser revalorizados y utilizarlos como combustible para poner en marcha lo que  nos proponemos.

Fe, esperanza y caridad
Tres virtudes teologales que pueden revitalizarnos, más allá de lo religioso. Necesitamos fortalecer el espíritu de la resistencia con resiliencia, esa capacidad de salir  fortalecidos en la adversidad. La fe es un factor protector  poderoso. Nos da la fortaleza para sumir  lo que nos toca, cambiando las creencias que pretende inocular el poder para debilitarnos. En lo político es clave, pero también en otras experiencias y vivencias personales como es el caso de la enfermedad. Un diagnóstico y un pronóstico puede devastarnos emocionalmente; pero  la fe nos da la fortaleza para asumir el tratamiento asumiendo nuestra responsabilidad sin colocar todo el poder en el médico y los medicamentos.

La caridad desde el enfoque que estamos planteando nos exige hacer del amor el motor fundamental. Es el momento de darle contenido práctico a la solidaridad, empatía, compasión, misericordia, servicio… De eso hemos visto múltiples señales en nuestro maltratado país. Esas heridas las hemos visto  florecer en la solidaridad de la gente en el intercambio de medicamentos, alimentos, apoyo emocional, que no justifica la crisis social, pero si son bálsamos para que las heridas no muerdan al infectarse por el resentimiento, odio, venganza producto del abandono, indiferencia e indolencia.

Seguimos resonando  

MÁS CALIDEZ, MENOS AGRESIÓN

 


Por: Óscar Misle, @oscarmisle


Hace algunos días llegó a mis manos un video de Alex Rovira, escritor y conferencista español,  en el que aborda el tema de las caricias y su importancia en la crianza y educación. Aclara que no solamente  son las físicas (besos, abrazos…)  sino  también las verbales, esas que posibilitan reconocer, estimular, escuchar, elogiar…

Una crianza con calidez, tal  y como lo plantea el enfoque de disciplina positiva,  parte de estas premisas en las que se le da vida a las palabras empatía, compasión, comprensión, aceptación, reconocimiento  

Rovira utiliza una imagen interesante. ¿Qué pasaría en un desierto con una sed que ahoga producida por el calor agobiante si de pronto divisamos un charco con agua sucia, mal oliente?… Sin duda  cualquiera de nosotros  se lanzaría a beber de sus aguas contaminadas.

Cuantas veces la soledad y el deseo de ser amados hacen que  caigamos  en relaciones tóxicas con el deseo y fantasía de  que calmarán  nuestra sed de amar y sentirnos amados.
Detrás de  muchos de los  comportamientos hostiles de nuestros hijos y estudiantes está  la necesidad de sentirse atendidos,  vinculados, visibles. Prefieren las  agresiones  a sentirse  ignorados. Cómo diría esa vieja canción “odio quiero más  que indiferencia porque el rencor hiere menos  que el olvido”.

No  con poca frecuencia encontramos  parejas que no saben vincularse sino desde la hostilidad. Si no pelean no se  comunican. La situación se hace más dramática cuando viven el síndrome del nido vacío. Les  toca  quedarse solos. No están los hijos presentes y no saben  qué hacer con ese espacio de intimidad que los intimida por la poca capacidad de dar  y recibir caricias; no solo físicas, también las afectivas y emocionales.

El amor si no se abona se seca, se marchita. Requiere tiempo y espacio para la comunicación y el encuentro. No hay peor soledad  que la  que se siente en compañía.  En uno de mis más recientes libros “Heridas que muerden heridas que florecen” hago referencia a situaciones  sobre la convivencia    con personas que han  sufrido  profundas heridas emocionales que no han sanado. 

Están tan presentes y abiertas que muerden. Una herida emocional para que deje de morder y florecer requiere ser reconocida. Identificar los sentimientos y emociones que hacen  que duela. Es como cuando alguien va a la playa y se insola y le aterra que alguien lo abrace porque le duela que lo toquen. Eso también pasa  en lo emocional. Las experiencias pasadas, especialmente en las que hubo agresiones de diferente índole, físicas, emocionales, quedan infectadas y dificultan la relación con los demás.

El poder de las caricias

Sentirse queridos. Don Bosco decía  que no basta con querer a los muchachos, tienen  que sentirlo. Es cierto. Nos podemos esforzar para  que a nuestros hijos no les falte nada  material, pero si no se sienten amados buscarán la atención a través de comportamientos inadecuados, en las adicciones por ejemplo

Dar y recibir amor. Amar es un arte. Requiere formarnos para reconocer y regular nuestras emociones. Si no somos capaces de reconocerlas y aceptarlas podemos reprimirlas y nos harán  una mala jugada. Conocer nuestro mundo emocional requiere que acariciemos lo que somos, sentimos y cómo  nos vinculamos con otros. ¿Si no nos amamos a nosotros  cómo podemos amar a los demás?  

Sentir si es cosa de hombres. Si los niños varones aprenden desde los primeros años a reconocer y expresar sus emociones seguramente crecerán menos violentos. En los índices de violencia por homicidios más de 80% de los casos son varones las víctimas y victimarios.

Nos hace autónomos emocionalmente. Está demostrado que las personas que no se sintieron amadas y fueron víctimas de agresión, abandono, exclusión… son las más vulnerables a caer en fanatismos religiosos o políticos. Su vacío existencial las puede convertir en seres dependientes, manipulables,  sumisas a quien ostenta poder, leales, ciegas con tal de sentirse parte de una ideología  que les permite sentirse incluidas aunque en la práctica no se traduzca en hechos concretos.


Seguimos resonando

EL CONDÓN EMOCIONAL


Óscar Misle
@oscarmisle

Hace algunas semanas fui a ver  la película “Truman”. Está coproducción argentino- española cuenta las vivencias que comparten dos amigos de muchos años que se reencuentran cuando uno de ellos, Tomás, interpretado por Javier Cámara, visita inesperadamente a Julián, magistralmente interpretado por el actor argentino Ricardo Darín. Ambos, gracias al  perro de Julián ("Truman"), deben hacer un esfuerzo para liberarse de sus respectivos condones emocionales,  compartiendo momentos emotivos y sorprendentes relacionados con la situación complicada que vive Julián y que toca emocionalmente a ambos cuando la muerte se convierte en protagonista.
En una de las conmovedoras escenas un hombre joven, que estaba sentado a mi lado derecho, comienza a llorar y su pareja con la intención de calmarlo, le acariciaba el brazo para  que dejara de llorar. Le comentaba: “no te pongas así. No seas tontico, es solo una película”. ¿Resulta incómodo ver un hombre llorar?     
No se vale sentir. Cuando  vemos a  algún ser querido o cercano expresar  sus sentimientos, inmediatamente, movidos sin duda por el amor, hacemos lo imposible por cambiarle la frecuencia y sintonizarlo en un canal  diferente. En  otras palabras, lo estimulamos a reprimir  su emoción.
Tratamos de “preservarlo”  intentando algo que  distraiga su sentimiento,  para  que  no sufra, no sienta, no se moleste, no llore.

 “Heridas que muerden, heridas que florecen” (Editorial Planeta) es el título de mi libro en el que  hago referencia  al  condón emocional. Ese preservativo transparente que da la sensación de  no estar, porque no se ve;  pero  se evidencia cuando    forra nuestros sentimientos, emociones… especialmente   cuando  el momento  íntimo se aproxima y nos da terror esa posibilidad  de quedar  al descubierto.
Cada  herida  emocional tiene un condón. Se adhiere a su forma y tamaño. Aprendemos a utilizarlo desde nuestro nacimiento cuando somos heridos  en los lugares en los  que tendríamos  que sentirnos  más seguros y protegidos, paradójicamente cuando estábamos  bajo el techo de las personas  que más amábamos.

Nos  vamos anestesiando emocionalmente, para evitar  contactar el  dolor, la tristeza, la rabia. Puede llegar a convertirse en una segunda piel…
Nos acompaña la dificultad de  expresar lo que sentimos. Un condón que  no es de  látex. Está fabricado y lubricado con la  vergüenza y el miedo a sentir y expresar sentimientos.
.A la salida de la sala,  después de ver la película, Tomás y Julián habían logrado su cometido. A unos les pareció una historia pesada y calificaron a los personajes como indolentes, fríos. A otros, entre los que me incluyo, nos pareció aleccionadora. Muestra el drama de dos hombres que no sabían manejar los momentos íntimos y sensibles pero que hicieron lo que podían para darle vida a la lealtad propia de su amistad, a los afectos expresados de  forma diferente, no por ello menos amorosa.
Posiblemente cada quien vio la película a través de su transparentes condones emocionales. El hecho es que los razonamientos se tiñeron de emociones que hicieron que la objetividad y subjetividad se entremezclen en una danza compleja y en algunos casos contradictoria. Podemos decir que la  puesta en escena logró a unos sacarnos de la anestesia emocional a otros atraparnos en nuestros condones.    

Hasta la próxima resonancia


martes, 18 de julio de 2017

VACACIONES ESCOLARES ¿CASA POR CÁRCEL?

Óscar Misle
@oscarmisle
 Llegaron las vacaciones en una realidad de país muy compleja. Tener a los niños en la casa  sin poder salir por la violencia y  el alto costo de la  vida se vuelve en u verdadero dolor de cabeza. 



Salir al cine, ir a la playa, visitar centros comerciales, son posibilidades que no están al alcance de nuestros  bolsillos y que dependiendo de la zona pueden poner en riesgo la vida o la integridad física.
La falta de oportunidades o alternativas para la recreación pueden hacer que nuestros hijos e hijas queden atrapados por las pantallas del televisor, enredados en la redes, secuestrados por video juegos, expuestos al vendaval de malas noticias intoxicándose de información inconveniente para su salud emocional.
Previo al período vacacional puede que la imaginación, especialmente en los niños,  alimente expectativas y deseos que llegue  ese momento  que les permita cambiar la rutina,  con alternativas distintas a las cotidianas.
La ilusión  pronto se convierte en desilusión.  Hasta el punto de convertirse en un motivo de estrés emocional  cuando  comienzan a expresar  que están aburridos, unos lo  dicen, otros  lo evidencian  con su comportamiento. Al no tener respuesta la frustración se hace presente y junto a ella la hostilidad.
En estos períodos por la cantidad de tiempo libre, la dinámica familiar cambia, los horarios se tornan más flexibles a la hora de levantarse o ir a la cama, comer, recrearse, jugar… estos cambios pueden generar estrés, a veces difícil de manejar sobre todo cuando las carencias hacen  que no puedan comer lo que  quieren en la cantidad y variedad que desearían, salir con otros amiguitos, ir al parque de diversiones…  
Puede preocupar que tanto tiempo de ocio haga que olviden lo que aprendieron durante el año escolar, de por si hubo muchos días en los que no pudieron ir al colegio y nos preocupa que “pierdan tanto tiempo”. Surge la tentación de ponerlos a realizar actividades de nivelación inscribiéndolos en cursos y talleres. Iniciativas que no suelen ser muy del agrado de los niños y niñas pues sienten que les impide hacer un corte que les permita experimentar con actividades diferentes a lo que comúnmente hacen en la escuela.
¿Qué podemos hacer con los niños?
Realizar actividades artísticas.  Estimulándolos a que se expresen con dibujos que pueden convertirse en cuentos que se compartan con la familia. Podrían realizar tarjetas, cuadros con imágenes o escenas que obsequien a sus seres queridos o para decorar su habitación.
Convertir las manos en posibilidades para crear realizando manualidades sencillas, para crear juguetes, títeres, porta lápices, juegos de memoria;  rompecabezas.

Realizar deportes, paseos, visitas. Se pueden organizar las familias para turnarse y acompañarlos.

Colaborar con las tareas del hogar y compartir, en horarios acordados y que tengan como compensación el estar juntos, comunicarse mientras realizan las actividades domésticas.

Redecorar el cuarto o algún lugar de la vivienda con el apoyo de los adultos pueden organizar la habitación de forma diferente, seleccionar lo que ya no utilizan y si están en buen estado donarlos y de esta forma se estimula la solidaridad.

Ver juntos series o películas, reflexionar sobre el contenido, los personajes, la trama, para identificar qué opinan y sienten sobre lo planteado. Se puede estimular su imaginación preguntándoles qué hubiesen hecho ellos en esa situación.

Participar en planes vacacionales. Son una buena oportunidad para que  puedan recrearse y socializar con otros niños. Se puede investigar los que están realizando las alcaldías para este período, con costos accesibles y personal preparado.

Visitar familiares, pasar unos días juntos, como por ejemplo: abuelos, tíos, primos para compartir y propiciar el acercamiento.
Hay que estar atentos con lo que sentimos, porque puede pasar  que por la situación que vivimos consideremos  que no debemos estar buscando espacios para el esparcimiento y la recreación, sin embargo para la salud mental estos momentos  son claves para el equilibrio personar y familiar. 




EMPODERAMIENTO Y RESENTIMIENTO: MALA COMBINACIÓN


Óscar Misle
@oscarmisle
Instagram: Óscar Misle Terrero

En mi trabajo en la promoción y defensa de los derechos humanos  y en la formación para el ejercicio de una ciudadanía responsable;  siempre he visto con buenos ojos el empoderamiento.

Entendiéndolo como la posibilidad de tomar conciencia de nuestras capacidades y habilidades para vivir nuestra humanidad en condiciones dignas; exigiendo las transformaciones sociales, políticas y culturales necesarias para convivir en una sociedad sin discriminaciones y exclusiones de ninguna índole.

Gracias al empoderamiento los grupos minoritarios, históricamente excluidos, han logrado conquistar con sus luchas sus derechos y reivindicaciones.

Cuando el empoderamiento enmascara resentimiento.
El resentimiento es una forma de ser y de sentir anclada en el pasado. El resentido es un rumiante emocional. La hiel de los recuerdos por las vivencias pasadas hace que sienta que el entorno está en deuda con él. Posiblemente quienes generaron sus heridas fueron personas cercanas y significativas que por abuso de poder, exceso de autoridad, maltratos marcaron su psique afectando la percepción de sí mismo y sintiendo a los demás como una amenaza; porque las heridas no solo están abiertas sino se han infectado.

Quiere vengar su dolor y su rabia en los demás. Especialmente en aquellos que han obtenido logros afectivos, profesionales, materiales, sociales y políticos. Su sensación de minusvalía le hace sentir permanentemente que los otros quieren atacarlo, humillarlo, desconocerlo…  Especialmente cuando difieren de sus opiniones o manifiestan desacuerdos con su forma de ser, pensar, sentir.
El resentido empoderado en la medida en que va obteniendo poder, control, jerarquía puede justificar su proceder a través de la ideología, la religión o condición. Es incapaz de reconocer sus propias heridas; pero si es capaz de culpabilizar a otros.

La posibilidad de caer en el fanatismo es muy grande.  Puede inclusive utilizar el victimazgo como una herramienta para no asumir las consecuencias y responsabilidad por sus actos. Siempre su afirmación será: “La culpa es de los demás”.

Piensa y siente que ser amable es ser servil. Percibe  que en la medida en que es atento con los demás o pone en práctica normas de cortesía se coloca en desventaja y puede ser percibido como inferior. Por ello es común ver como la calidad de los servicios, las relaciones sociales y humanas en general se empobrecen. Dar los buenos días, decir gracias, pedir disculpas, van desapareciendo en la convivencia cotidiana.

Irrespeta las leyes o impone de manera arbitraria o discrecional. Un ejemplo lo tenemos en algunas ciudades del país con el comportamiento de los motorizados. No se puede generalizar; pero es una realidad que violentan las leyes de tránsito, irrespetan a los peatones, ponen en riesgo la vida de los niños y adultos mayores. No solo los civiles; también los funcionarios militares, policiales, violan irregularmente las leyes, circulan a contravía, por las aceras, sin placas que los identifiquen.

Los niños lo aprenden del entorno, perciben que el ejercicio del poder está relacionado con arbitrariedad, abuso, improvisación y lo manifiestan en sus centros educativos. Detrás del acoso escolar hay uso del poder para tener control sobre un grupo y abusar de un compañero más vulnerable utilizando el miedo como estrategia.

El empoderamiento depurado de resentimientos y sustentado con la solidaridad, reconocimiento, cooperación, respeto nos hace ciudadanos dignos y responsables; pero cuando lo que lo mueve es el resentimiento y deseo de venganza hace mucho daño.


¿QUÉ OCULTAN LAS CAPUCHAS?

Óscar Misle
@oscarmisle
Instagram: Óscar Misle Terrero



En el año 1999 a Cecodap le tocó vivir de  cerca los conflictos de liceos emblemáticos como el Andrés  Bello, Fermín Toro, Luis Espelozin y otros  por los disturbios, paros, quema de cauchos,  enfrentamientos… Se señalaban como responsables  a los “encapuchados”.

Para  buscar salidas  pacíficas propusimos a la zona educativa un encuentro con los encapuchados para escuchar sus  inquietudes y solicitudes cara a cara.
No fue fácil convencer a las autoridades. Temían  que eso significaría empoderarlos aún más. Tanto insistimos que  se logró la realización del encuentro. El lugar que se seleccionó fue la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello situada a un costado del edificio del Ministerio de Educación. La condición fue  que no hubiese policías en la puerta para evitar intimidación y provocaciones.

La zona educativa exigió estar presente para recoger las inquietudes de los estudiantes.  Para  motivar la actividad dibujé en un rotafolio una capucha. Los estudiantes se asombraron al ver la imagen. Pregunté: ¿qué oculta esta  capucha? Hubo un largo silencio. Se mantenía  la creencia que es la máscara que se utiliza para violentar ocultando la identidad.

Para provocar su reacción les expresé que pensaba que   detrás de esa  capucha podía haber un adolescente  con ideales, sueños, deseos no satisfechos por las injusticias, inequidades, exclusiones… pero también podía esconderse una persona resentida que busca vengar su rabia utilizando la violencia para desahogarse.

El hecho fue que los estudiantes comenzaron a expresar una serie de situaciones que se daban en sus liceos y que evidenciaban las injusticias, omisiones, abusos, acosos,  irrespeto por parte de directores y docentes de sus centros.

Les pregunté: “¿por qué ocultar el rostro?” Y uno  comentó: “porque es la forma de  preservar nuestra identidad e integridad”. “¿Pero tiene  que ser tras la capucha?” Enfáticamente respondió: “si ¿Cómo me garantiza que si nosotros  hacemos las denuncias y nos identifican no nos pasen  factura, nos detienen o expulsan del liceo?”
Le respondí: “no se los puedo garantizar, lo que si podemos es aprovechar este momento para expresarnos y hacer los reclamos correspondientes al Ministro de Educación. Mientras más argumentos, mejor”. Se eligió una comisión que se encargó por escrito de los reclamos y solicitudes. Su condición fue que no hubiese  intermediarios. Exigieron que la presentación del informe la hicieran directamente al ministro.

De ese grupo de adolescentes hubo quienes se interesaron en las actividades de Cecodap y con quienes mantenemos una bonita relación; aunque tengamos diferencias, el afecto lo hemos logrado preservar.

Por esa misma época escuché a Hugo Chávez, quien para ese momento estrenaba la presidencia, mencionar con mucho orgullo nombres de sus  allegados que ostentaban cargos importantes y de  quienes resaltaba en su currículo haber sido en la adolescencia y durante sus estudios universitarios “tira piedras”, “quema cauchos”. Eso que hoy  se calificaría como “guarimberos”. En esa época se justificaban las trancas de vías, quemar autobuses o camiones como las expresiones de jóvenes movidos por la pasión revolucionaria para protestar contra las injusticias sociales propias del  capitalismo.

En una entrevista reciente el Defensor del Pueblo explicaba las diferencias  del uso de la capucha en los diversos momentos sociopolíticos para concluir que desde su visión ideológica en ese momento se justificaba pero ahora no.

Me pregunto si estos adolescentes que participan en las protestas, señalados y estigmatizados por el gobierno como terroristas, estarían defendiendo la revolución ¿Cómo los denominaría el gobierno? Los asesinados seguramente serían horados como mártires de la revolución. Sus nombres  serían emblemas para las misiones, enarbolados con pancartas, inmortalizados en murales.

Pero al protestar contra la  ineficiencia de un gobierno que se ha ganado un importante  rechazo de la población, es un delito, es terrorismo…
La protesta debe ser pacífica y para que sea así debe evitarse todo aquello que provoque o genere violencia. Las marchas  que han logrado llegar al destino han sido pacificas; las  que  han sido reprimidas se han tornado violentas.

En una sociedad democrática los estudiantes deberían poder protestar sin necesidad de cubrirse el rostro para no ser reconocidos y sufrir represalias, para no tragar el gas de las bombas lacrimógenas… Su condición de ciudadanos les daría el derecho de disentir o rechazar todo aquello que consideran atenta contra sus derechos y dignidad.


Las capuchas no solo las utilizan quienes necesitan resguardar su identidad para protegerse, están las otras, esas que se han convertido en la segunda piel de  quienes esconden sus miserias, resentimientos, soberbia, a esos encapuchados son a quienes hay  que desenmascarar, apegados a lo constitución de 1999 y no a la encapuchada  constituyente que se quiere imponer.       

INMIGRACIÓN. ABRAZOS QUE DUELEN


Óscar Misle
@oscarmisle
 Se ha hecho frecuente en la puerta de emigración escenas desgarradoras. Me tocó ver un joven de 18 años despedirse  de su grupo familiar y amigos. Con llanto le decían adiós, con carteles que decían: “te amamos”, “te extrañaremos mucho”, “el país va a cambiar y volverás”…

Lo que no estaba escrito eran las lágrimas desconsoladas de su familia, de quienes lo abrazaron sin poder despegarse. Un dolor contagiante que nos puso a llorar a todos.

Es recurrente escuchar: “la decisión de irnos no es porque no nos interesa o dejamos de querer a nuestro país, es porque queremos tener otras posibilidades. Tenemos miedo por lo que nos pasó”. Salen a escena los robos, secuestros, homicidios de seres queridos o cercanos.

Un nuevo motivo  que impulsa la salida es la amenaza  que implica la impuesta constituyente por todo lo que lo  trae consigo. Un pretexto para concentrar poder, amasando la  constitución al antojo de un pequeño grupo radical, resentido por la pérdida de  popularidad y dispuesto a todo para perpetuarse en el poder.

Quienes se van deben preparar su equipaje con dolor, rabia y frustración al sentir que no les quedó otra que abandonar el país para buscar mayor seguridad en todos los sentidos.

Lo irónico  es que un buen número de los militantes del gobierno, que se postulan como constituyentes tienen sus hijos o familiares fuera del país. Los sacaron para protegerlos de la inseguridad  y garantizar el bienestar que no tendrán en Venezuela.

El hecho es que  el colorido suelo de Cruz Diez se convirtió en una alfombra gris para muchos venezolanos que se han ido en busca de una nueva vida, en su equipaje llevan  ilusiones pero también hay un corazón herido por lo que dejan en su país.

En mi libro “Heridas que muerden heridas que florecen” de Editorial Planeta  cuento lo que vivió Denia Vega: “El aeropuerto estaba lleno. Las personas iban y venían, con júbilo. Yo sin embargo estaba triste, miraba a mí alrededor, estaba mi viejita, mi hija, mi nieto, mi hermana y sobrinos y un gran amor.

Aquel bonito cuadro, en breve quedaría atrás y yo emprendería un nuevo camino,
con toda mi soledad en el alma... Por fin, anunciaron el vuelo. La despedida, con lágrimas en los ojos y sin saber cuándo nos volveríamos a ver.
Pasé a abordar el avión. Ya en él, surgió la voz de la azafata, dando las instrucciones de vuelo. Me abroché el cinturón y el avión comenzó a deslizarse por la pista y fue allí, cuando empecé a sentir que mi corazón cada vez se apretaba más y más, hasta el instante en que despegó su vuelo. Yo sentí en lo más profundo de mi ser, que mi corazón se desprendía del pecho y también quedaba atrás; junto a mi familia…”

Imaginé en su relato a mi prima y a todos los seres queridos  que nos ha tocado  despedir. El calor y el dolor del abrazo de despedida nos tienen  que dar la fortaleza para seguir en las calles, haciendo lo que nos toca para evitar que el país sea secuestrado por quienes quieren seguir violando la constitución. Soy optimista, el poder del soberano se hace sentir cada vez de forma más decidida para que la justicia venza la oscuridad y vislumbremos un nuevo horizonte.

El colorido suelo del aeropuerto honrará de nuevo a Cruz Diez, con abrazos de bienvenida para quienes  volverán el reencuentro con su amores y sueños



.             

VIOLENCIA. HAY QUE HABLAR CON LOS NIÑOS

  Óscar Misle Óscar Misle Los recientes enfrentamientos armados en la Cota 905 y comunidades aledañas y los operativos que se van realizan...