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martes, 26 de mayo de 2020

BULLYING EN LA CUARENTENA



Óscar Misle


“Me dolió   reconocer y aceptar que en esta cuarentena  nuestro hijo  estaba acosando a uno de sus compañeros. El acoso lo realizaba a través del grupo de WhatsApp en el que participan sus compañeros de clase.

En un principio nos negamos a aceptarlo porque pensábamos que las bromas eran “cosas de muchachos” Nos parecía exagerado que las calificaran como  bullying hasta que dolorosamente tuvimos que aceptar era una realidad. Indagamos  y nos enteramos hacía burlas a la condición del compañero con mensajes ofensivos que eran reforzados por los miembros del grupo. No lo incluían en las conversaciones,  lo ignoraban… Nos generó mucha rabia, culpa y vergüenza”.

En la cuarentena el aislamiento social hace que se utilicen las tecnologías como recurso socializador. En este escenario los niños y adolescentes realizan el  ciberbullying o ciberacoso haciendo que la violencia se expanda más allá haciendo muy difícil el control.

El ciberacoso consiste en ofender, insultar o maltratar a alguien a través de internet o de la telefonía móvil. Es un acto agresivo e intencionado, por parte de un grupo o de un individuo contra una víctima que no puede defenderse fácilmente.

Es necesario resaltar que el estudiante que acosa: 

-          Vive la agresión como algo normal
-          Le es placentero  que le tengan miedo
-          Lo hace a espaldas de las personas que   representan autoridad
-          Selecciona como víctima a los más vulnerables
Hace bromas  chistosas pero crueles
-          Acosar le da estatus y reconocimiento entre sus compañeros
-          Siente deseo de dominar y controlar porque eso le da poder
-          Necesita destacarse, ser alguien reconocido y admirado
-          Puede que tenga alguna condición (psicológica, emocional, social) que no puede controlar

Es importante:

-          Actuar a tiempo. Si sabemos que nuestros hijos utilizan el acoso como una forma de ganar popularidad, indagar cuáles son las causas que hacen que se diviertan causando malestar en los otros.

-          Evaluar qué pasa en casa. puede ser que utilicemos el chalequeo o las bromas pesadas en nuestros propios hogares. Cuando hacemos burlas por  la apariencia física de otras personas, por ejemplo la contextura, tipo de cabello, su forma de hablar, gustos, intereses, orientación sexual. Aunque aparentemente la persona “acepte” que se metan con ella, en el fondo puede estar reprimiendo sentimientos y emociones que no se atreve a expresar.

-          Asumir nuestra responsabilidad. Cuando nos enteremos que nuestro hijo está acosando a otros, es importante actuar. Con frecuencia utilizamos como mecanismo de defensa decir: “En mi casa no es así”. Puede ser que en la familia utilizamos esa forma de relacionarnos cotidianamente y asumimos como natural burlarnos de otros

-          Las medidas deben cumplirse. El desacato, incumplimiento de tratamientos psicológicos, médicos, acuerdos  disciplinarios, no contribuirá a que puedan cambiar su comportamiento, al contrario, estaremos reforzando la posibilidad de continuar haciéndole daño a los demás y a sí mismos.

-          Identificar lo que puede estar encubierto. Si bien es cierto que no todos los niños que han sido agredidos física y psicológicamente se convierten en personas  que disfrutan acosando a otros; pasa que la mayoría de quienes acosan sí han sido víctimas de la violencia en alguna de sus expresiones.
Es importante identificar si en la familia los conflictos los resolvemos agrediendo física, verbal o psicológicamente (quitando la palabra, ignorando, comparando)

-          Garantizar tratamiento oportuno y adecuado. Muchos comportamientos violentos pueden enmascarar problemas de salud mental que requieren ser abordados por especialistas. Es muy difícil asumir que nuestro hijo pueda tener problemas que exigen la intervención psicológica o psiquiátrica; sin embargo, el abordaje a tiempo puede ser una de las mejores pruebas de nuestro amor. El  especialista aporta pautas de abordaje que deben ser implementadas en la familia, pero también en el centro educativo. De nada sirve un diagnóstico, un pronóstico y tratamiento si no da pautas para el abordaje conjunto de la familia y el personal del centro educativo.

-          Asumir las consecuencias. No convertirnos en cómplices, encubriendo o evadiendo los daños  que  genera. Es importante que haga consciente que la intimidación, burlas, exclusión, humillación, agresiones físicas, virtuales, son hechos violentos que tienen consecuencias graves en las víctimas. No se puede obviar los casos de adolescentes que han recurrido a autoagresiones, suicidios, homicidios como una salida extrema a situaciones de hostigamiento. Cuando hay daños severos  pueden ser delitos por   los  que  hay  que responder   ante el sistema de responsabilidad penal del adolescente.

Hasta la próxima resonancia.


CIBERACOSO ¿PRESENTE EN LA CUARENTENA?



Óscar Misle

 Durante la cuarentena los niños y adolescentes están conectados muchas horas a internet. Las tecnologías  se han convertido  en la posibilidad de  estar en contacto con el entorno, gracias  a ellas mantienen los vínculos con familiares y amigos, recrearse en informarse. La pregunta es: ¿Con quién se relacionan? , ¿Sobre qué se informan y cómo se recrean? Preguntas importantes porque los acosadores están   al acecho para buscar víctimas, especialmente a través del ciberacoso.

¿Qué es el ciberacoso?

Es una forma de violencia, también llamada  cyberbullying  por su traducción al inglés, que tiene una audiencia ilimitada,  traspasa las  fronteras, se mantiene en el  tiempo, después  que se difunden  los contenidos, son difíciles y casi imposibles de  borrar. Un acoso  ocurrido  en los años de escuela puede  perseguir al joven hasta la universidad.

Como es un un tipo de violencia que  no se realiza cara a cara,  puede  costar más identificar al  culpable para hacer que  asuma la responsabilidad de sus actos.
Es un tipo de violencia  que se vale  de la  información electrónica como correos, redes sociales,blogs, mensajería instantánea, mensajes detexto, teléfonos celulares,  para acosar a un individuo o grupo  de  manera sistemática,   mediante ataques personales, burlas, intimidación, hostigamiento, difamación y pare usted de contar.

Tipos de ciberacoso 

Existen diferentes formas de realizar el ciberacoso y de acuerdo a la intención se le pone apellido  por ejemplo:

Ciberacoso sexual. Son comentarios, burlas,  sobre el comportamiento y orientación  sexual de la víctima

Cibermontaje. Es cuando se utiliza el rostro de  la víctima  y se coloca en  otros cuerpos, o la imagen de la persona en escenarios que la humillan, descalifican o ponen en entredicho su dignidad y reputación  

Ciberacecho (acoso en línea). Se usa particularmente Internet, para acosar a una persona. Algunas de las características comunes son: acusaciones falsas, seguimiento, amenazas, robo de identidad y destrucción o manipulación de datos.

Cybergrooming.   Es un método utilizado por pederastas para contactar a niños y adolescentes en redes sociales o salas de chat y convencerlos, mediante artilugios y haciéndoles creer que tienen menos edad, para que realicen poses provocativas o desnudos ante la webcam. El material obtenido se utiliza para chantaje emocional y social

Ciberacoso incendiario (flame). Consiste en una   provocación con  mensajes incendiarios,  que se envía  a un foro, lista de correo, con el objetivo  de provocar reacciones de sus participantes. Suele contener insultos u ofensas y puede estar dirigido al grupo  en general o a alguien en particular.

Sexting. Es una forma de relación virtual, que en un inicio era  utilizada por  parejas  de adultos, que ha sido asumida por adolescentes, no solo para intercambios entre parejas sino para la difusión pública de contenidos muy íntimos, generados por los propios remitentes, mediante la grabación de sonidos, fotos o videos de comportamientos sexuales, desnudos o semidesnudos, normalmente destinados a una pareja sexual o amorosa, aunque también en no pocas ocasiones,  a otros amigos, como un simple juego. Sin tener conciencia  que esto los expone a  graves riesgos.

El término  se compone de dos palabras en inglés sex (sexo) y texting (Mensaje de texto). En un inicio los mensajes de texto eran enviados vía celular.

El sexting resulta muy peligroso. El que se hace la foto pierde absolutamente el control sobre ella una vez que la envía.

¿Es un delito?
El  ciberacoso al igual  que  el acoso interpersonal, está el acosador,  la víctima y los testigos. A pesar del aparente anonimato de los ciberacosadores, su cuenta queda registrada en internet y pueden ser ubicados.
Es un delito  porque es un proceder,  de acción u omisión, que es   tipificado y sancionado, como tal,  por la ley.
El ciberacoso es una forma de  violencia realizada a través de las tecnologías. Cuando los niños, niñas y adolescentes se involucran, directa o indirectamente, en condición de víctimas  o victimarios,    usurpan el nombre de  las  víctimas, difunden acusaciones falsas, amenazan, calumnian, hostigan e incluso pueden inducir al suicidio, situaciones  que dependiendo de la  gravedad pueden constituir delitos. 
Hay otras situaciones, no tipificadas  como delito, pero   que vulneran  el derecho a la propia imagen, honor, integridad moral, intimidad familiar, revelación de secretos… constituyendo formas de violencia por los daños  que producen en las víctimas.
¿Qué podemos  hacer en la familia?
La familia es clave para la prevención del ciberacoso. Podemos expresarle  a nuestros hijos que utilizar internet es como salir a la calle. Hay que estar alerta por dónde te metes, con quién te comunicas,  con qué  te recreas.

Enseñarles el uso adecuado de las tecnologías. Pero antes tenemos que  informarnos  y formarnos sobre cómo utilizar adecuadamente estas herramientas. Podemos sentarnos con ellos y navegar juntos, aprender a utilizar las redes sociales, recordemos  que saben mucho más de lo  que podemos imaginar.

Actuar a tiempo. Con el ciberacoso, se enmascaran otras situaciones. Es una forma de violencia que no puede pasar desapercibida.
Si sabemos que nuestros hijos utilizan el ciberacoso como una forma de ganar popularidad, llamar la atención y adquirir poder, es necesario solicitar apoyo especializado para indagar cuáles son las causas que hacen que se diviertan generando dolor y malestar en los otros.

Enseñar la  importancia de pensar antes de enviar. Es necesario apoyarlos para  que tomen consciencia. Lo que se  publica en internet o sale del celular, se convierte en irrecuperable, escapa para siempre de nuestro control y puede llegar a cualquiera en cualquier momento.

Enséñale  cómo protegerse cuando utiliza internet
-          No chatear con desconocidos
-          No aceptar desconocidos en el facebook
-          No colocar  información personal específica por la cual puedan deducir dónde estás, vives, número de teléfono
-          No subir  fotos que puedan comprometer su privacidad
-          No hacer citas por internet para encontrarse, con alguien que no conoces
-          No utilizar la webcam con personas desconocidas
-          No entregar datos de cuentas, claves de acceso.
-          No ofender a nadie en internet, porque todo se copia y se distribuye. Los enojos pasan pero la letra escrita queda. Además se tiende a escribir cosas delante de la pantalla que no las diría si se piensa mejor o si se tuviera a la persona delante
-          Hacerle ver que  cada vez existen más webs que utilizan este tipo de información para difundirla 
-          La pornografía está al acecho. La pornografía infantil es un delito, cuando se crea, se posee o se distribuye. Se considera pornografía infantil cuando está protagonizada por menores de 18 años
-          Enseñarles  que si les llegan textos, imágenes, no deben borrarlas, sirven de prueba en la denuncia
-          Aclararle que recibir la imagen de una persona no te da derecho a distribuirla
-          Denunciar cuando son víctimas de ciberacoso. Si algún adulto o adolescente utiliza las redes sociales para dañar, desprestigiar, ofender, humillar… es necesario que se haga la denuncia.

Hasta la próxima resonancia

¿UNOS TRAGOS EN LA CUARENTENA?


Óscar Misle


Daniel (14 años) logró convencer a su mamá y papá para que lo dejaran bajar al área social de su edificio para conversar un rato con algunos vecinos. La mamá, que estaba desesperada por la irritabilidad del adolescente, aceptó con la condición de que solo se reuniera con los dos vecinos de  más confianza, eso sí, manteniendo la distancia social correspondiente. Daniel le contestó: “Tranquila mamá, utilizaremos las mascarillas. Será un máximo de dos horas”.

Daniel regresó y se fue directo a su habitación. Su mamá le preguntó qué iba a comer e inmediatamente se dio cuenta que había consumido alcohol. Se sintió desconcertada sin saber qué decir pues el papá todas las noches se toma unos tragos para aliviar las tensiones y la ansiedad propia del confinamiento.

Daniel desde muy pequeño escuchó en su casa: “Hoy he tenido un día terrible, necesito un trago” También en la cuarentena escuchó: “Menos mal que puedo tomarme unos tragos porque se me hace menos pesado el encierro”.

Se va instaurando la necesidad de involucrar el alcohol en los diferentes momentos de la vida: placer, dolor, soledad, vacío. El alcohol surge como un aliado para evadir situaciones difíciles y en el caso de la cuarentena mitigar los efectos del duelo que significa renunciar a los proyectos, planes, jornadas laborales, escolares.

En el caso de los adolescentes no podemos desestimar la influencia del entorno. En los centros educativos está prohibido el consumo de bebidas alcohólicas; sin embargo, es común que en actividades de recaudación de fondos, (verbenas, actividades prograduación, eventos deportivos) se expende alcohol y los organizadores se hacen la “vista gorda”.

Es un hecho el aumento del consumo del alcohol durante  cuarentena. Es una forma e mitigar momentos difíciles y estresantes que pueden llevar a beber más seguidos y en mayor cantidad.    

¿Qué podemos hacer?

Informar a nuestros hijos sobre los efectos del alcohol. Hacerles ver que si bien es cierto que puede generar sensaciones de euforia, alegría y desinhibición es peligroso por los daños físicos, psicológicos, emocionales y sociales. Detrás de la violencia intrafamiliar puede estar presente el alcohol. En casos de conflictos, tensiones, bajo los efectos del alcohol la persona puede tener dificultades para autocontrolarse emocionalmente y se aumentan las posibilidades de agredir verbal o físicamente a la familia.

Posibilitar espacios de comunicación. Se pueden ver películas, videos, reportajes testimoniales que muestren cómo se deteriora la vida personal, familiar, social y laboral de quien consume y lo difícil que resulta liberarse de la adicción.
La adicción es una enfermedad con un importante componente emocional  suele costar “sentir”, y se orientan a consumir para manejar esa emoción incómoda, mitigarla o amortiguarla.

Contar con momentos de esparcimiento. Lo ideal es acordar  un horario para la recreación y el juego, las asignaciones escolares, colaborar con las  tereas de la casa, compartir en familia y reservar espacios para lo personal, leer, meditar, reflexionar y hacer ejercicios. 
  
Estar atentos a los cambios de comportamiento, descuido de la apariencia personal, agresividad, ensimismamiento. Pueden ser señales de que algo los está afectando emocionalmente. La comunicación debe ser cercana. No intimidatoria; pero si en un clima de intimidad que nos permita abordar la situación.

Dar el ejemplo. Es difícil exigirle que no consuma alcohol si en la familia no somos capaces de reconocer y superar nuestras propias adicciones. El caso típico: Con una copa en la mano le decimos, “no quiero que tomes, no tienes edad para eso”. El argumento de “yo soy adulto, puedo hacerlo; pero tú no”. Puede llevar a la percepción de que el adulto si puede consumir alcohol aunque le haga daño.

Nos podemos sentir mal porque no nos sentimos moralmente aptos para exigir a nuestros hijos adolescentes que no consuman alcohol. Puede ser que seamos adictos y nos cueste aceptarlo. El primer paso para liberarse de una adicción es reconocerla para decidir buscar ayuda.

Hasta la próxima resonancia

CASTIGO FÍSICO EN LA CUARENTENA




Óscar Misle

Marielba (40 años): “Con esta cuarentena estoy que me trepo por las paredes, siento que  se me agotó la paciencia, no puedo más. Esta mañana  Gabriel no quería hacer las tareas y le pegué, sé que no hice bien, pero es que no obedece”   
El 25 de abril se conmemora el Día Mundial contra el Maltrato Infantil. Una realidad  extendida mundialmente que genera daños importantes en el presente y futuro de los niños, niñas y adolescentes.
La reacción de Marielba coincide con el sentimiento y proceder de muchas familias. Para controlar el comportamiento de sus hijos, nietos, sobrinos… recurren al castigo físico con la intención de corregir.
Cuando en Cecodap  realizamos una actividad formativa con familias y preguntamos quiénes están de acuerdo con castigar físicamente, 90% dice que no. Sin embargo cuando preguntamos: ¿Quiénes están de acuerdo con una nalgada a tiempo? Cerca del 40% levanta las manos en señal de aprobación.
Una cosa es lo que se piensa y otra es lo que se hace. Marielba tiene claro que no debe pegarle a Gabriel; pero en su desesperación lo hace. Posiblemente  no ha encontrado otras formas de educar  sin agredir física y verbalmente.     
Para Unicef el castigo físico  es "cualquier omisión o acción, intencional o no, por parte de las personas a cargo del niño, niña o adolescente que comprometan la satisfacción de sus necesidades primarias (alimentación, abrigo y protección contra el peligro) y socioemocionales (interacción, afecto, atención, estimulación y juego) por las que se vea afectado su desarrollo físico y emocional, su integridad y que implique una vulneración de sus derechos" (Unicef, 2012).
Según La Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente (Artículo 32-A) lo define así:
“Se entiende por castigo físico el uso de la fuerza, en ejercicio de las potestades de crianza o educación, con la intención de causar algún grado de dolor o incomodidad corporal con el fin de corregir, controlar o cambiar el comportamiento de los niños, niñas y adolescentes, siempre que no constituyan un hecho punible.
Se entiende por castigo humillante cualquier trato ofensivo, denigrante, desvalorizador, estigmatizante o ridiculizador, realizado en ejercicio de las potestades de crianza o educación, con el fin de corregir, controlar o cambiar el comportamiento de los niños, niñas y adolescentes, siempre que no constituyan un hecho punible”.

¿Qué pasa en la cuarentena?

A medida que  van pasando los días, las tensiones en el hogar pueden aumentar. Más tiempo juntos, los intereses y necesidades no coinciden, el aburrimiento, las condiciones económicas, la falta de agua, gasolina, gas, deficiencia  de los servicios públicos, recargo de asignaciones escolares,  hace más tensa la situación y la salud mental se ve afectada.  En estas condiciones el castigo físico puede hacerse presente.  

¿Qué podemos hacer?

-       Informar sobre la situación. Con un lenguaje sencillo, directo, buscando el momento  oportuno. Preguntarles qué sienten y piensan. Pueden estar más informados de lo que pensamos.  

-       Establecer límites justos y razonables de acuerdo a su edad y habilidades.
Ser consistente con los límites. Si ante un mismo comportamiento le decimos que sí en algunos momentos, dependiendo de nuestro estado de ánimo, cansancio y en otros que no, lograremos generar inseguridad y confusión.

- Estimular su autonomía. Animándolos  para que vayan cumpliendo con sus responsabilidades y sea más independientes. Expresar gratificación  por lo que se hacen  bien. Estimularlos reconociendo su esfuerzo y logros
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-       No compararlos con otros hermanos, primos, amigos. Puede provocar  celos, envidias.
-     
    Participar en los oficios del hogar acordes a su edad, les hará sentirse útil, que pueden cooperar y aprender a auto gestionar (cocinar, limpiar la casa, ordenar la habitación, atender las mascotas…útiles para su  formación.

-       Apoyarlos con las asignaciones escolares. Tomando en cuenta las limitaciones de la educación a distancia por el difícil el acceso a Internet, Se puede buscar apoyo de familiares y amigos a través de  whatsapp, correos electrónicos. No somos maestros, ni profesores y esto nos puede hacer sentir muy frustrados a la hora de abordar contenidos que se nos hace complejo transmitir y asimilar.
        
-       Permitirles jugar y jugar con ellos. A través del juego pueden canalizar sus emociones y expresar sus sentimientos.

-      Ofrecer las mismas oportunidades a niñas y niños venciendo nuestros propios prejuicios sobre las conductas que son permitidas solo para niñas o para niños.

-  Permitirles expresar, reconocer e identificar sus sentimientos: rabia, ira, euforia, tristeza... sin juzgarlos. Escuchando lo que dicen y parafraseando. Poner en nuestra boca sus palabras permite que se sientan escuchados. 

-    Respirar profundo cuando tienen un comportamiento que nos molesta, identificando la emoción que nos embarga en ese momento para que no se convierta en agresión física o verbal.

-       Ejercitar nuestra paciencia entendiendo que los procesos de aprendizaje son lentos y que los errores forman parte del mismo.

-   Buscar apoyo cuando se necesite. Asumir que es válido buscar el apoyo de otras personas, familia, personal de orientación y psicología cuando sentimos que hemos perdido el control y que no sabemos qué hacer.

     Hasta la próxima resonancia




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VIOLENCIA. HAY QUE HABLAR CON LOS NIÑOS

  Óscar Misle Óscar Misle Los recientes enfrentamientos armados en la Cota 905 y comunidades aledañas y los operativos que se van realizan...