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lunes, 23 de junio de 2014

LA ESCUELA ¿LOS OBLIGA A DEJAR DE SER Y SENTIRSE NIÑOS?

Por: Óscar Misle, @oscarmisle


En la escuela ¿dejan de ser niños?
Una educación sin sonrisa. (Créditos: Shutterstock.com)

En nuestras escuelas, por regla general, se ríen demasiado poco. Esa idea generalizada que hace  que la  educación de la mente sea  algo tétrico, en la  que  poco se conecta la emoción y el corazón, es una de las cosas más difíciles de cambiar.

Urge revisar lo que Esté (1996) denomina "El Aula Punitiva", en la cual pareciera que un ángel castigador estuviese en vuelo constante entre los estudiantes y los maestros. Torres (1992) nos llama la atención con la visión  de una rutina escolar, descrita por una persona en una reunión de maestros y especialistas: “Al visitar guarderías y jardines de infancia de la ciudad, le llamó la atención el bajísimo y hasta el nulo nivel de ruido que podía percibirse desde afuera en algunos de dichos planteles.

Al entrar a estos recintos del silencio, encontró alumnos santamente sentados, estanterías y mesas rigurosamente ordenados, espacios pulcros y aseados. Como en una biblioteca, no como en un aula. Como en un cementerio, no como en un jardín de infantes.

Niño es juego, y juego es bulla. Niño es movimiento, y movimiento es bulla. Niño es expresión y expresión es bulla. Niño es creatividad y creatividad es bulla. Niño es dinamismo y dinamismo es bulla. Niño es vida y vida es bulla. Negarla, reprimirla, es pues negar a los niños su derecho a ser niños, su derecho a jugar, a moverse, a expresarse, a crear, a vivir.

En muchas escuelas, se quiere que los niños jueguen, pero los juguetes se empaquetan y colocan a la altura necesaria para que solo los adultos puedan alcanzarlos, en horarios y bajo disposiciones adultas.

Se quiere que los niños se familiaricen con los libros y lean, pero la biblioteca se guarda celosamente con mil candados, para evitar que los libros se usen y, por tanto, se destruyan.

Se quiere que los niños dibujen, coloreen y construyan, pero se insiste todo el tiempo en la necesidad de mantener el aseo y el orden.

Se quiere que los niños trabajen en grupos y colectivamente, pero no se quiere que produzcan el ruido inevitable de la comunicación y la cooperación.

Se quiere que los niños se muevan, corran y brinquen, pero con la condición de no desplazarse, no rozar, no tropezarse, no exclamar ni gritar de contento.

Se quiere en fin, que los niños jueguen, lean, trabajen, construyan, se muevan, pero sin hacer ruido, ateniéndose a las normas adultas de la inmovilidad, el silencio, el aseo y el orden, normas que los adultos aprendimos en la infancia gracias a otros adultos…

La bulla, esa pobre tan mal vista y tan mal entendida en el ámbito escolar, suele considerarse sinónimo de indisciplina e irreverencia, expresión de desorden y hasta relajo, fuente de molestia y de castigo, motivo cotidiano de reprimendas, sanciones y malas notas. Pero, vista con lente  humano, la bulla es básica y afortunadamente expresión del estar vivo: la bulla condensa el habla, la risa, el movimiento, el canto, la alegría".

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lunes, 16 de junio de 2014

No toda violencia escolar es bullying


Por: Óscar Misle, @oscarmisle


No toda violencia escolar es bullying
Es bueno entender la diferencia. (Créditos: Shutterstock.com)

Existe una confusión que vale la pena aclarar. La violencia escolar es un fenómeno complejo, multifactorial en el que se utiliza el poder para agredir a otro física, verbal, psicológica, virtual o sexualmente. La violencia escolar se hace presente cuando se resuelven los conflictos con agresiones de diferente índole. Pueden ser ocasionales o permanentes e involucra a cualquier miembro de la comunidad educativa. La violencia puede darse por homofobia, xenofobia, discriminación de género o cualquier otra forma de irrespeto a la diversidad.
El acoso escolar, o bullying, es una variante de la violencia escolar que se expresa cuando un estudiante utiliza el poder para burlarse o meterse con otro de forma permanente o sistemática, con el objetivo de generarle dolor físico o emocional en presencia de unos espectadores que celebran las agresiones. El chico busca a través del acoso lograr reconocimiento, popularidad y control sobre sus víctimas.

La prevención es clave
La prevención de la violencia escolar se inicia cuando la reconocemos, la identificamos y le ponemos nombre diferenciando sus diversas expresiones. Lamentablemente, en la  mayoría de los casos se actúa de forma reactiva, cuando ya el mal está hecho. Se cae en el error de considerar que toda violencia escolar es acoso o bullying, y se desconocen otras formas de violencia como suele el abuso de poder, las omisiones, injusticias por el uso arbitrario o discrecional de la norma, la impunidad que se inscriben en una violencia un tanto más sutil, pero no por ello deja de tener menos impacto en la convivencia y en la salud emocional de la víctima.

Desde que el mundo es mundo existe la tendencia de discriminar, excluir, al que es diferente, solo que desde hace unos 30 años Dan Olweus le dio el nombre de bullying a raíz del suicidio de tres adolescentes que evidenció los efectos nocivos de esa práctica que se consideraba “juegos de muchachos”.

Las consecuencias del acoso escolar suelen ser invisibles, por eso el daño psicológico puede arrastrarse por toda la existencia si no se brinda el apoyo profesional requerido. El chico agresor se vale de la vulnerabilidad del otro para hacerle daño. Olweus expresa que no es tanto la condición externa, sino la percepción que tiene la víctima de esa condición. Las tecnologías de la información agudizan el problema en nuestros días porque la intimidación se puede hacer virtualmente más allá del espacio físico de la escuela o de horarios de clase o contextos geográficos determinados en los que los victimarios son más difíciles de identificar o de disuadir.

El hecho es que el bullying o acoso escolar y las otras formas de violencia escolar no son una moda, ni una sensación, es una realidad que exige al Estado políticas públicas, nacionales, integrales e integradas, permanentes para que la prevención se realice desde el preescolar con la activa participación de las familias y de la comunidad educativa en general.

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jueves, 29 de mayo de 2014

DISCAPACIDAD EMOCIONAL

Por: Óscar Misle, @oscarmisle



Discapacidad emocional
Vivimos con discapacidad emocional. (Créditos: Shutterstock.com)

La primera  vez  que  escuché lo de discapacidad emocional del varón, no puedo  negar que me chocó, lo sentí como peyorativo. Me pregunté ¿por qué me afecta  tanto? Investigando qué se entiende por discapacidad encontré que es cualquier restricción o impedimento de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera deseable para el ser humano.

La discapacidad se caracteriza por la insuficiencia en nuestra respuesta psicológica o de otro tipo. Y dentro de esos  “otro tipo”  está  la insuficiencia  para  aceptar y expresar las emociones. En ese momento reconocí que tenía una discapacidad  emocional.

Fue tal  el impacto que comencé a revisar  mis reacciones y me di cuenta lo difícil que me resultaba reconocer emociones como la  tristeza y aceptarla como tal sin confundir esa sensación con una enfermedad. Cuando me sentía triste creía que estaba enfermo. No podía aceptar  que ese desgano, apatía y desmotivación  fuese una emoción válida, propia del ser  humano, que se detona cuando las  cosas no van de la forma que esperamos, o surgen acontecimientos no previstos  que nos generan dolor por pérdidas humanas o materiales.

En este proceso de asumir “mi barranco” me encontré con el miedo y cómo diría Walter Riso, el miedo al miedo. Un hombre miedoso no es bien visto socialmente. El hombre debe ser valiente, no al azar son los que van a la guerra, los que  deben defender  a la familia, responder cuando son  atacados…

Como hombres vivimos el miedo en silencio, tratando de convencernos a nosotros mismos que no lo sentimos, olvidando que el miedo es la emoción que nos permite defendernos de las amenazas del entorno, poner los límites para no ser agredidos. Eso no quiere decir que el miedo asumido no deje de generar esa sensación de angustia, duda y en caso extremos terror, pánico…

Mientras más lo reprimimos y lo neguemos mayores son los estragos que  produce dentro de ese  condón emocional masculino que cubre su vulnerabilidad y fragilidad humana, tan escondida pero no por ello deja de estar presente y necesitada de reconocimiento y atención.

Muchas de las heridas del varón están marcadas por la culpa, por no saber ni poder expresar nuestras emociones. La única emoción que podemos expresar es la rabia, no al azar las estadísticas de violencia están encabezadas por varones. Las heridas comienzan a morder cuando no somos capaces de alfabetizarnos emocionalmente para que las heridas que muerden florezcan, título de mi último libro que nos muestra  que ese proceso debe iniciarse desde los primeros años. ¡Sentir sí es cosa de hombres!.

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Libro "Heridas que muerden, heridas que florecen" de venta en redes de librerías (Tecniciencia, Las Novedades, Nacho, Coliseo, Alejandría) 


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viernes, 23 de mayo de 2014

HERIDAS QUE MUERDEN, HERIDAS QUE FLORECEN

Una vez  escuché que no somos nosotros quienes seleccionamos los libros. Son ellos los que nos seleccionan a nosotros. Tampoco fui yo quien seleccionó el  título de mi más reciente libro, publicado con editorial Planeta Venezuela, Heridas que muerden, heridas que florecen. Fue él quien me seleccionó a mí. Convocó a mis heridas emocionales, la de los  pacientes, amigos y familiares para  que en sus páginas tomaran la palabra.
A través de él, veremos cómo transformaron sus heridas infectadas por el miedo, el  dolor, la soberbia, la frustración y el resentimiento. Mordían por todo lo reprimido hasta que lograron florecer cuando alguna circunstancia, casi siempre  inesperada, cambió la percepción que tenían de sí mismos y de lo vivido. Sus heridas empezaron a florecer por situaciones inéditas; pero profundamente  humanas.    

El condón emocional
Las heridas tienen su propio lenguaje: A veces son secuestradas por nuestro  condón emocional. Un preservativo llamado miedo. Lubricado por la culpa y la vergüenza. Un condón que no nos deja intimar por el temor a que nos dejen de amar si nos mostramos tal cual somos.

Sabemos que las emociones son los altavoces de las heridas. Tenemos la posibilidad de reconocerlas y reivindicarnos con ellas para que la discapacidad emocional no nos anestesie y nos convirtamos en esclavos del desamor.

Si somos heridos en la crianza y en la educación, ¿por qué repitieron la receta utilizando métodos violentos? Seguramente nuestras heridas comenzarán a morder.   Surgirá  la disyuntiva, ¿nacemos  violentos o lo aprendemos?, ¿cuál es el límite entre la sobreprotección y el  abandono?.

Paradójicamente en los lugares en los que tendríamos  que estar y sentirnos más seguros y protegidos por las personas que supuestamente nos tendrían que amar,  nos agredieron y dijeron: “Te pego porque te quiero”. Esas heridas las llevamos a la escuela metidas en nuestros morrales. También están las heridas por duelos, traiciones,  violencia intrafamiliar, adicciones y abandono, ¿qué pasó  con ellas?, ¿Las pudimos ventilar, liberar, oxigenar? 

Cuando llegamos a nuestras casas con nuevas cargas ¿hubo espacio para compartir lo vivido o sufrido  por las agresiones por  bullying o acoso escolar u otras formas de violencia? 
¿Y qué para con la pareja? Ese espejo que nos muestra eso que no queremos ver. ¿Por qué tanta soledad en compañía? ¿Qué  sucede  con el amor cuando la ilusión se convierte en desilusión?; ¿Qué hacer cuando descubrimos  que el  amor  lo que  tiene  de miel  lo tiene de hiel? . 

El libro Heridas  que muerden, heridas  que  florecen nos  invita a  navegar  por los surcos de nuestras heridas  hasta llegar a nuestro  jardín interior, como diría mi amigo Carlos Fraga. Su lectura nos anima a digerir  lo que pensamos, sentimos, para  que nuestras heridas puedan florecer para madurar  y crecer.


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jueves, 15 de mayo de 2014

Transformar las heridas en vivencias para madurar y crecer


Óscar Misle presenta su libro bajo el sello Temas’de hoy
Heridas que muerden, heridas que florecen reúne testimonios y reflexiones personales

Las heridas acompañan al ser humano en cada uno de sus pasos. Transformar los duelos en vivencias positivas es el reto que propone Óscar Misle en el libro Heridas que muerden, heridas que florecen. El título bajo el sello Temas’de hoy indaga con vivencias personales, la transformación de los problemas en fortalezas y aprendizajes.

 “Todos estamos profundamente heridos, independientemente de las historias que nos haya tocado vivir”, dice Carlos Fraga. ¿Cuáles son esas heridas?, ¿Por qué las ocultamos?, ¿Qué podemos hacer para que nuestras heridas respiren y, eventualmente, florezcan?, ¿Cómo reconciliarnos con el dolor?

Misle reconstruye desde su experiencia como educador y terapeuta, pero sobre todo, como persona, el encuentro y aceptación de nuestras heridas de vida como posibilidad. “Una herida puede morder hasta el último día de nuestra existencia, pero en ella siempre estará la posibilidad de florecer y todo dependerá de la decisión que tomemos y del coraje y los posibles resentimientos”, afirma Fraga.

Óscar Misle tiene más de 30 años de experiencia profesional en la prevención de la violencia familiar y escolar. Es un reconocido educador, orientador, psicoterapeuta, locutor, especialista en derechos humanos y cofundador de Cecodap, organización venezolana de referencia en la promoción de la convivencia sin violencia.

“Las heridas tienen su propio lenguaje: a veces son secuestradas por nuestro condón emocional, un preservativo llamado miedo, lubricado por la culpa y la vergüenza. Un condón que no nos deja intimar por el temor a que nos dejen de amar si nos mostramos tal cual somos”, dice Óscar Misle.

Luzangelly Medina
Coordinadora de Comunicaciones
Editorial Planeta Venezolana S.A.
( (+58) 212 526 6451 (Oficina)
( (+58) 424 232 45 71 (Móvil)
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martes, 6 de mayo de 2014

¿CÓMO ABORDAR A LOS TESTIGOS DEL ACOSO ESCOLAR?

Por: Óscar Misle, @oscarmisle


Los testigos del acoso también son responsables
Notificar un acoso no es chisme. (Créditos: Shutterstock.com)

Es probable que alguno haya sido atacado anteriormente y procura pasar desapercibido para que quien acosa no se fije en él. El silencio, aunque parezca complicidad, puede ser producto del miedo de convertirse en víctima.
En la obra de teatro barroco, de  Lope de Vega  “Fuente  Ovejuna”, en  el juicio, cuando el juez les pregunta quién mató al Comendador, todo el pueblo responde: “Fuente Ovejuna, señor”. Los Reyes Católicos absuelven el pueblo, porque es imposible determinar la identidad de los culpables concretos, algo similar pasa con los testigos del acoso, se esconden en el grupo para enmascarar sus  responsabilidades individuales.

Lo cierto es que los testigos se hacen cómplices. Su silencio le da poder a quien realiza el acoso. Él sabe que le hacen el juego porque le tienen miedo y puede manipularlos haciéndole sentir que si lo apoyan en sus burlas y le demuestran “lealtad”  estarán “protegidos”.
Puede ser que los testigos no se den cuenta de que las burlas y risas le causan dolor a quien es víctima de acoso, y hasta piensen que se lo merece por ser como es.

¿Y los que no se ríen pero lo presencian?
Seguramente sienten temor y prefieren guardar silencio. No saben qué hacer, a quién acudir y dónde y cómo reportar el acoso. Son muy pocos los que se atreven a defender al acosado. Solo lo hacen aquellos que no permiten que el miedo los silencie o paralice. Se ponen en los zapatos del acosado y logran, gracias a la empatía y compasión, comprender cómo se siente y la necesidad que tiene de sentirse apoyado.
En el fondo todos sabemos lo que nos hace sentir bien y lo que nos hace sufrir. Es importante que los testigos entiendan su responsabilidad cuando observan que algún compañero o compañera se burla de otro de forma sistemática, y no hacen  nada y terminan convirtiéndose en su cómplice, dándole poder y “popularidad”.

El acoso es un acto violento y cruel.
Hay que romper el silencio. Cuando se reportan los casos de acoso y se actúa a tiempo se hace justicia y se evita la impunidad.
Es importante que los estudiantes puedan comunicarse con los adultos de confianza, informarles lo que está pasando. No deben confundir chisme con reporte.

CHISME
Es un comentario que se hace sobre alguien con la finalidad de difundir  información que  puede dañar su dignidad e imagen. Su finalidad es destructiva.

REPORTE
Es una información  que se da para apoyar a alguien que está en problemas. Su finalidad es constructiva.
La violencia escolar  se agudiza cuando se dan agresiones y el entorno se hace cómplice o indiferente, el clima escolar se torna hostil y se convierte en caldo de cultivo para las agresiones.
Recuerdo  que  mi madre siempre nos repetía la frase: “Diviértete con los demás, no a costa de los demás”.
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lunes, 5 de mayo de 2014

¿QUÉ DEBEN HACER LAS FAMILIAS DE LOS NIÑOS ACOSADOS?




Los familiares de los niños acosados
Las familias juegan un rol importante. (Créditos: Shutterstock.com)

Las familias tenemos un rol muy importante en la prevención del acoso escolar y nuestra actuación es clave cuando se convierte en una realidad

Cuando sabemos que son acosados es importante:

Actuar cuanto antes para que nuestros hijos no sigan sometidos a una situación tan dolorosa e indignante. Es necesario ganar  su confianza y que sientan nuestra comprensión, animándolos para que nos cuenten lo que está sucediendo. Lo que más necesitan es sentirse escuchados y acompañados.

Reforzar su autonomía. No es conveniente tratar de solucionarlo por nuestra cuenta, excluyéndolos con aquello de que "somos tu familia, nosotros nos encargamos". Esta actitud puede empeorar la situación. Al excluirles les hacemos  sentir incapaces de asumir lo vivido, participar y opinar. Podemos enviar el mensaje  de que no confiamos en su capacidad para enfrentar la situación porque son débiles y necesitan que otros resuelvan por ellos.

Dejar claro que no tienen la culpa de lo que les está pasando. Ninguna condición justifica el acoso. Debemos acordar y negociar los pasos a dar para solucionar la situación.

No descalificar lo que les está ocurriendo. Debemos evitar hacerles sentir que lo que les ocurre no es importante ("eso siempre ha pasado", “son cosas de muchachos”, “cuando tengas mi edad verás las cosas diferentes y solo quedará el recuerdo”).

No echarle toda la culpa al centro educativo o a los educadores y orientadores: "En este colegio no se puede hacer nada porque todos son cómplices e ineptos". En el acoso escolar intervienen múltiples factores que hay que identificar y abordar en la familia, centro educativo y entorno social.

No tomar la justicia por nuestras manos enfrentándonos con los estudiantes que acosan y sus familiares. Este tipo de procedimientos complica más la convivencia.

Animarlos a que cuenten lo sucedido en un lugar tranquilo e íntimo. Hacerles preguntas sin alterarnos y evitar expresiones y actitudes dramáticas. Es necesario indagar lo que ocurrió, quién estaba implicado, dónde ocurrió, cuándo y si hubo testigos de lo sucedido.

Escucharlos sin juzgar. Puede que sientan temor de comunicarnos lo que está pasando, por miedo a nuestra reacción. Es muy importante que se sientan apoyados y aceptados contando con el soporte emocional que les permita recuperar la confianza en sí mismos y en  los demás.

Mantener contacto con el centro educativo. Comunicar lo que está sucediendo, siempre con el acuerdo de nuestro hijo o hija, para que se dicten las medidas más justas y convenientes. Si el centro no actúa se puede acudir a una defensoría escolar o a un Consejo de Protección (hay uno en cada municipio)

Evitar victimizar. Si bien es cierto que por ser acosado es víctima y debemos apoyarlo para que supere esta circunstancia, no es conveniente sobreproteger o reforzar los sentimientos de minusvalía emocional.

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VIOLENCIA. HAY QUE HABLAR CON LOS NIÑOS

  Óscar Misle Óscar Misle Los recientes enfrentamientos armados en la Cota 905 y comunidades aledañas y los operativos que se van realizan...