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lunes, 9 de abril de 2018

¿NOS SENTIMOS AMADOS?




 Óscar Misle,
 @oscarmisle

Una de los factores que pueden dificultar la relación amorosa son las expectativas. Esperamos que nos amen como queremos y necesitamos. Eso no está mal, el problema es cuando no sabemos reconocer las expresiones cotidianas de amor de nuestros seres queridos, especialmente cuando no se traducen en abrazos, besos y palabras bonitas.

Muchos fuimos criados en hogares en los que el amor se expresó a través de acciones prácticas. No nos faltó lo necesario para vivir: alimentación, cuidados cuando enfermábamos, escolaridad… Sabíamos que nos  querían pero en algunos casos no nos sentíamos queridos.

Cuando crecimos nos dimos cuenta que era necesario sazonar las formas aprendidas de amar e incorporamos frases como “te quiero mucho”, “me haces mucha falta”, “eres importante en mi vida”. El problema es  que las utilizamos solo en momentos especiales y no con la frecuencia  que necesitamos.

¿Por qué postergar?

Vivimos en una realidad en la que la necesidad de la sobrevivencia,  velocidad y el atropello no dejan espacios para el amor. Creemos que tendremos  toda una vida para expresarle a nuestros seres queridos lo que sentimos por ellos, postergamos el perdón y la reconciliación, hasta que un suceso que puede ser una enfermedad, un accidente, o la muerte repentina nos hace preguntarnos ¿Por qué no nos dimos los abrazos que necesitábamos? ¿Por qué no nos sentamos a conversar sobre lo pendiente  emocionalmente y que nos llenó de desolación y rencor?

No es fácil vivir el amor en sus diferentes dimensiones y en los distintos momentos de nuestra vida. Cada quien procesa lo vivido de diversas formas, y en ese proceso nos vamos hiriendo unos a otros emocionalmente. Heridas que nos  cuesta identificar y  reconocer.

En mi libro “Heridas  que muerden, heridas que florecen”,  Editorial Planeta, comparto historias que muestran como lo no dicho en la relación genera dudas y deudas. La enfermedad aparece y comienza a buscar la atención que no obtuvimos por   otras vías. Las heridas emocionales comienzan a morder con hostilidad, quejas, reclamos y rencores.
El amor necesita tiempo y espacio para darlo y recibirlo, cada quien a su modo, con las herramientas que tiene; pero que puede ir floreciendo en la medida en que le demos mayor libertad y flexibilidad al corazón.

Ciertamente el amor es un riesgo porque cuando amamos se revelan nuestros puntos débiles y vulnerables. Lo que digamos y hagamos puede tocar  heridas  y hacernos mucho  daño.

Afortunadamente, como seres humanos tenemos la posibilidad de madurar, evolucionar y aprender. Es una opción y decisión que solo se puede tomar con y desde el amor a nosotros mismos y a los demás. Es ese proceso en que los inviernos le dan paso a las primaveras. Los árboles, que lucían mustios y  quemados por el intenso frio o sequía, comienzan a retoñar, a recuperar su verdor. También nosotros podemos  lograr que nuestras heridas florezcan, perdonando, aceptándonos y reconociéndonos para acercarnos y conectarnos desde lo que somos, pensamos y sentimos. ¡No lo dejemos para después. Puede ser demasiado tarde!

Hasta la próxima resonancia

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