miércoles, 4 de noviembre de 2020

LA CULPA. UN MORRAL MUY PESADO


Óscar Misle

Ricardo, 45 años, en uno de los talleres con familias de Cecodap, contó que  de niño recibía  sanciones muy fuertes de sus padres cuando se equivocaba o cometía algún error, se sentía culpable y muy mal consigo mismo. Su madre venía de una familia que sufría de hipertensión. Cuando hacía algo que  ponía muy molesta le gritaba: “¡Me tienes con la tensión alta, me vas a matar!, eso también lo repetían sus abuelos, tíos.

Cuando de verdad le subía la tensión al familiar, Ricardo se sentía culpable. Lo asociaba con su proceder. Fue creciendo con una sensación de desprecio hacia sí mismo, solía sentirse  desvalorizado y con  baja autoestima. Cada vez  que tenía que asumir un compromiso se sentía atrapado por estrés y ansiedad. Su elevada auto exigencia lo convertía en un niño obsesivo, siempre insatisfecho con los que era, sentía y hacía. Era buen estudiante, no era un niño feliz, no tenía tiempo de experimentarlo, las exigencias internas  y del entorno no dejaban espacio para ello.

 La culpa era como una especie de sombra que lo llevaba a comparar permanentemente  lo que había hecho con lo que podía haber mejor, privándose de disfrutar lo alcanzado. En su casa se lo reforzaban cuando llevaba sus calificaciones y mostraba los 18 puntos logrados y su mamá de decía “pudieras haber sacado 20 puntos, debes esforzarte más y lo lograrás”.

La culpa es una emoción paralizante. No es algo innato, se aprende de los adultos significantes en la familia, escuela y demás espacios de socialización.  Si no se gestiona bien afecta la personalidad y la  relación consigo mismo y con los demás.

Históricamente los adultos han utilizado la culpa como un método correctivo basado en la crítica, juicios, exigencias rigurosas.  Ciertamente es importante formar para asumir las consecuencias de los actos,  para la responsabilidad. Una cosa es la persona  y otra su proceder. Descalificar a la persona genera culpa, analizar los hechos genera reflexión y aprendizaje sobre el proceder, con posibilidades de resarcir el daño y rectificar haciéndose responsable de sus actos.

Ricardo desde niño  se sentía inseguro, le aterraba cometer errores, fallar, equivocarse, aunque sabía que eso era parte del aprendizaje, lo que pensaba no se correspondía con lo que sentía.

Cuando la culpa lo asaltaba se autorecriminaba, sentía vergüenza de sí mismo, le venían a la mente las frases de sus padres cuando cometía algún error: “Yo lo sabía”, “Tu siempre” “ Te lo dije”…

Cuando sus padres decidieron separarse, llegó a sentirse  culpable por no haber podido hacer nada para evitarlo. Se esforzó por llenar afectivamente y económicamente el vacío que había dejado el padre, cosa que no lograba, era hijo único. Su mamá comenzó a sufrir de episodios de hipertensión más severos y seguidos. Siendo adolescente Ricardo  empezó a sufrir de la tensión, era como que padecer lo mismo que su madre mitigara su culpa porque la conectaba a ella.

Decidió comenzar a realizar psicoterapia. Al entorno le extrañaba que estuviera tratándose con un psicólogo. Había logrado convertirse en un comunicador reconocido, trabajaba en un medio de comunicación importante. Pero en su fuero interno el sentimiento de no merecimiento seguía presente.

El Síndrome  del Impostor

En su afán de buscar las respuestas, que no lograba conseguir en la psicoterapia, indagaba mucho sobre psicología. Encontró un término con una explicación con la que se sintió identificado, se trataba del Síndrome del Impostor. También denominado el síndrome del fraude.

No se trata de una enfermedad mental formalmente reconocida, no se encuentra en el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Fue acuñado  por las psicólogas clínicas Pauline Clanse y Suzanne Imes (1978)         

Según este síndrome se puede tener una carrera exitosa, tener títulos académicos, recibir elogios y no creérselos, no se es capaz de reconocer y aceptar que lo logrado es por el esfuerzo y dedicación, por los talentos.

A Ricardo le atrajo lo planteado por este síndrome por su incapacidad de internalizar sus logros y sentía miedo de ser descubierto como un fraude.

Hasta la próxima resonancia

 

 

jueves, 29 de octubre de 2020

LAS INTELIGENCIAS MÚLTIPLES EN LA CUARENTENA

 

Óscar Misle

Tradicionalmente se ha mantenido concepción de la inteligencia  única. Sin embargo para el psicólogo estadounidense Howard Gardner el ser humano requiere del desarrollo de varios tipos de inteligencias para adquirir las competencias para la solución de problemas.

Junto a sus colaboradores de la Universidad de Harvard plantearon que la inteligencia académica, esa que posibilita obtener títulos, expedientes académicos  no es un factor determinante para  conocer la inteligencia de una persona.

Según Gardner hay ocho inteligencias:

1. Inteligencia lingüística

Capacidad para dominar el lenguaje y poder comunicarse con los demás. No solo es la habilidad para la comunicación oral, sino otras formas de comunicarse como la escritura, la gestualidad, etc.

Profesiones en las cuales destaca este tipo de inteligencia podrían ser: escritores, poetas, periodistas, políticos…

2. Inteligencia lógico-matemática

Capacidad para el razonamiento lógico y la resolución de problemas matemáticos. La rapidez para solucionar este tipo de problemas es el indicador clave.

Los científicos, economistas, académicos, ingenieros y matemáticos suelen destacar con este tipo de inteligencia.

3. Inteligencia espacial

Habilidad para observar el mundo y los objetos desde diferentes perspectivas. Destacan los ajedrecistas y los profesionales de las artes visuales.

Esta inteligencia la desarrollan pintores, fotógrafos, diseñadores, publicistas, arquitectos, creativos…

4. Inteligencia musical

La música es un arte universal. Todas las culturas tienen algún tipo de música, según Gardner y sus colaboradores la inteligencia musical está latente en todas las personas.

5. Inteligencia corporal y cinestésica

Propia de quienes tienen habilidades corporales y motrices  para manejar herramientas. La inteligencia corporal posibilita  expresar sentimientos mediante el cuerpo.

Se  destacan  en este tipo de inteligencia  bailarines,  deportistas, cirujanos y creadores plásticos.

6. Inteligencia intrapersonal

Permite comprender y controlar el interior de uno mismo para  la regulación de las emociones, centrar el foco de atención.

Quienes  destacan en la inteligencia intrapersonal son capaces de contactar sus sentimientos y emociones y reflexionar sobre ellos. Según Gardner, esta inteligencia también permite ahondar en su introspección y entender las razones por las cuales uno es como es.

7. Inteligencia interpersonal

Posibilita captar  lo que las otras personas sienten,  más allá de lo que nuestros sentidos logran percibir. Permite interpretar las palabras o gestos o las intenciones en cada discurso. Tienen la capacidad para empatizar con los demás.

Es muy valiosa para quienes  trabajan con grupos numerosos. Posibilita  detectar y entender las circunstancias y problemas de los otros. Suele desarrollar esta inteligencia los  profesores, psicólogos, terapeutas, abogados.

8. Inteligencia naturalista

Según Gardner, la inteligencia naturalista permite detectar, diferenciar y categorizar los aspectos vinculados al entorno, como por ejemplo las especies animales y vegetales o fenómenos relacionados con el clima, la geografía o los fenómenos de la naturaleza.

Se expresa en geólogos, geógrafos, meteorólogos, ecologistas, excursionistas y todos aquellos que les interesa y disfrutan la naturaleza.

 

Un enfoque clave para la cuarentena

La diversidad de ser inteligente nos ofrece un abanico de posibilidades para que los estudiantes puedan desarrollar su potencial y cambiar el paradigma  que los encasilla  y margina.

La cuarentena nos coloca  frente un desafío muy grande y es despertar el interés de los estudiantes por la educación a distancia.  Con  las distintas formas de ser y sentirse inteligentes podremos  lograr atraer su atención. El arte, el juego, la expresión en  sus distintas formas: corporal, verbal, musical, pueden encender la chispa de la curiosidad, el interés por el aprendizaje, conocer el mundo, su historia,  aprender de lo cotidiano y para la vida

Hay  que  identificar actividades que permitan ejercitar de forma lúdica, amena y participativa las diversas formas de ser inteligentes y como ellas influyen en la forma de valorarnos y  relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

Con la pandemia   y el aislamiento físico propio de una cuarentena extendida por más de 7 meses, se ha afectado la salud mental de la familia por la incertidumbre  y el agotamiento que sentimos frente a tanta preguntas sin respuestas.

Es necesario y urgente replantearnos el tipo de educación que exige este desafiante momento. No podemos seguir viendo al estudiante como un recipiente vacío al que hay que llenar de información que no responda al momento que estamos viviendo, a sus necesidades y prioridades.

Necesitamos una educación para la adquisición de competencias que desarrollen el autoaprendizaje, la autonomía, la resolución de conflictos, el reconocimiento y manejo de las emociones y mejoren la convivencia.

Gardner nos invita a explorar con nuestros niños actividades que posibiliten el  desarrollo de sus diversas inteligencias para descubrir y expresar su potencial físico, cognitivo, emocional y espiritual.

Hasta la próxima resonancia

 

viernes, 23 de octubre de 2020

LOS BUENOS Y LOS MALOS. FORMAR PARA LA DIVERSIDAD

 

Óscar Misle

La diversidad es la expresión de las diferencias. No se reduce solo  a lo racial y sexual; es una realidad inherente al desarrollo humano que debe traducirse al reconocimiento del derecho de los otros a ser distintos.

Con el bullying en los centros educativos se evidencia la  intolerancia a la  que son  sometidos los diferentes o “raros” por su condición o apariencia física, intelectual, preferencia o  comportamiento sexual, religión… condiciones que  convierten a los rechazados en blanco de  burlas, exclusiones, humillaciones…    

La forma de  manifestar  su  irrespeto a la diversidad   se expresa con  agresiones físicas, psicológicas, emocionales, gestos… son  comunes las agresiones o rechazos por diferencia de  género y por las representaciones sociales que se tiene  de los comportamientos masculinos o femeninos,  creencias que  perpetúan el uso del  poder físico o emocional  para humillar, agredir, descalificar, a los del sexo opuesto o del mismo sexo. 

Agruparse para excluir

Es propio  en los adolescentes constituir   pequeños grupos que manejan códigos comunes en su   forma de pensar, sentir  vestirse, preferencias musicales, intereses, estatus social… 

En un mismo salón  pueden coexistir  varios grupos. El problema es cuando  la convivencia se ve afectada cuando estas diferencias  se traducen en ofensas, agresiones físicas… o  se autoexcluyen y no participan, se sabotean al resto del salón. 

En la cuarentena hemos sabido de  situaciones en la que se acosa a los estudiantes a través de las plataformas, por ejemplo zoom. Se infiltran en las clases virtuales porque obtuvieron  la clave de ingreso por uno de los estudiantes  y comienzan a acosar a uno de los estudiantes, realizando insultos, expresiones difamatorias, burlas, ofensas…      

¿Lo normal es ser diferentes?

La pregunta queda más para una campaña de sensibilización porque en la práctica del quehacer educativo ser diferentes es motivo para agredir o ser agredido.

En un taller de resolución de conflictos con docentes, surgió el tema de la intolerancia a las diferencias. Se plantearon las diversas formas de rechazar o excluir a los compañeros:

Las diferencias sociales generan muchos de los conflictos. “Los niños que se burlan de la apariencia personal-física de los otros; se burlan y ofenden a familiares, en especial a las madres”.

Los buenos y los malos. “Hay un poco de todo en diversos ámbitos, el escolar, el hogar y el país. Un muchacho que ha sido sometido a un lenguaje de violencia, con una visión dicotómica o binaria donde solo hay buenos o malos. Los buenos son los que compartes mis  creencias o ideologías, los malos o equivocados los que piensan o sienten diferente”.

Déficit de empatía. “Hay un déficit muy grande de empatía con poca capacidad para convivir. Un país como el nuestro, de altos contrastes e inequidades, constituye el abono propicio para la confrontación. Ataque-defensa se convierte en la estrategia de una sociedad que se convierte en una caimanera.”

Un país de “buenos y malos” favorece los reduccionismos, “simplismos; aferrándose  a banderas y consignas; más que del análisis y evaluación de las actuaciones de las personas y funcionarios que se desempeñan en uno y otro lado; sucede que podemos avalar una práctica inconveniente siempre que la realice una de las personas o instituciones del polo en el que estoy ubicado, incluso somos capaces de justificar la agresión en nombre de la paz.”

¿Qué dice nuestra legislación?

La Constitución en su artículo 102 establece que la educación es un servicio público y está fundamentada en el respeto a todas las corrientes del pensamiento, con la finalidad de desarrollar el potencial creativo de cada ser humano y el pleno ejercicio de su personalidad en una sociedad democrática.

Artículo 19 El Estado garantizará a toda persona, conforme al principio de progresividad y sin discriminación alguna, el goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de los derechos humanos.

La no discriminación  es un principio reconocido en los pactos y tratados internacionales en materia de Derechos Humanos y en la legislación venezolana. Al respecto, el Artículo 21 de la Constitución establece:

“Todas las personas son iguales ante la ley; en consecuencia, no se permitirán discriminaciones fundadas en la raza, el sexo, el credo, la condición social o aquellas que, en general, tengan por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio en condiciones de igualdad, de los derechos y libertades de toda persona”.

Si está tan claro el mandato de nuestra legislación ¿por qué tanta resistencia para darle vida en la práctica?

La discriminación por la condición  de los estudiantes sigue siendo una realidad en los centros educativos. Pudiera dar la impresión que es un término fuerte o desproporcionado. Según el diccionario discriminar es el  trato diferente y perjudicial que se da a una persona por motivos de raza, sexo, ideas políticas, religión, etc. Habría que agregar  por su orientación sexual, situación económica, lugar de nacimiento.

La exclusión siempre genera violencia. Como educadores y familias  nos toca  identificar cuáles son las razones o las causas por las que se están dando determinados comportamientos excluyentes y segregatorios para poner en práctica estrategias pedagógicas que le den vida al respeto no solo con el discurso sino con nuestro  testimonio.   

Hasta la próxima resonancia

 

viernes, 16 de octubre de 2020

EL LENGUAJE DE LAS EMOCIONES

 

Óscar Misle

 Las emociones son los altavoces del cuerpo. Son nuestras informantes. Reconocerlas y atenderlas son la ruta para nuestra salud física y mental. Las emociones tienen como misión hacernos reaccionar ante los acontecimientos que suceden afuera pero que sentimos adentro.

La emoción habla a través de sensaciones y reacciones que afectan positiva o negativamente nuestro comportamiento. 

Nuestro mundo afectivo no está pintado con colores simétricamente separados. 

En el lienzo de la vida los colores se mezclan, podemos estar sorprendidos y alegres, tristes y tener rabia.

No es fácil definir una emoción, ha sido mucho lo que se ha dicho. Resulta complicado descifrar algo que es tan íntimo y personal. Sabemos que aunque se expresan orgánicamente no son solo respuestas fisiológicas. 

Ramiro Calle lo expresa muy bien cuando nos dice que una lágrima no es solo un líquido que contiene sal, fósforo… Es una gota en la que hay sentimiento, vida, bien sea de alegría o dolor. 

Desde que existimos las emociones son respuestas que surgen de forma inesperada y nos delatan cuando enrojecemos por rabia o vergüenza, temblamos por el miedo, nos excitamos frente una imagen erótica.

 Implotan y explotan

Cuando las reprimimos explotan y agredimos o implotan y nos enfermamos. Para Daniel Goleman las emociones son impulsos para actuar esos planes instantáneos que nos permiten manejar nuestra vida en el proceso evolutivo que transitamos todos y durante toda la existencia.

Cada emoción tiene un objetivo que cumplir, cuando estamos asustados nos paralizamos, para que en ese instante podamos decidir lo que debo hacer, si enfrento o escapo, es la alarma que pone a nuestro cuerpo en alerta. Si agarramos una rabieta, el corazón se pone a millón, y una descarga de adrenalina nos llena de la energía necesaria para responder con fuerza.

Cuando nos sentimos contentos, gracias a las endorfinas, nos embriaga una sensación de bienestar. Aumenta la energía y nos sentimos motivados para  hacer lo que nos proponemos. La tristeza, “nos pone de parada” hay un descenso en nuestro ritmo metabólico. Baja la energía y en ese “apagón” no nos queda otra que detenernos por los efectos de la desilusión o la pérdida.

Los seres humanos transformamos en ira muchos de nuestros sentimientos por fatiga, frustración, impotencia, culpa, decepción, rechazo, injusticias.

 
Apagón emocional

Podemos esconder el miedo en silencio, tratando de convencernos que no lo sentimos, olvidando que esa emoción nos permite defendernos de las amenazas del entorno, poner límites para no ser agredidos. Eso no quiere decir que el miedo asumido no deje de generar, en momentos y bajo ciertas circunstancias, angustia, ansiedad y en caso extremos terror y pánico.

En mi libro “Heridas que muerden, heridas que florecen” hago referencia  a esos sucesos que te cambian la vida. Recordé al  padre José Godoy, un sacerdote salesiano con quien compartí en mis  años de adolescente  en un grupo en el  que realizábamos actividades recreativas, deportivas y artísticas   con niños,  y adolescentes de un  sector popular  caraqueño.

En una de las reflexiones grupales nos  contó que  en su pueblito Timotes,  ubicado en el páramo andino,  cuando   los sorprendía un apagón, todo  se oscurecía. El percance los obligaba  a encender  velas, y con esa tenue luz   empezaban  a buscar  la avería

Eso lo puso en evidencia el coronavirus. Todo parecía estar “bien” hasta que nos sorprende “un apagón emocional”. Un suceso que nos pone en penumbra revelándonos como la vida puede cambiar de un momento a otro, sin previo aviso, donde poco nos sirven las certezas, la soberbia,  las arrogancias y vanidades... Lo que nos queda como cierto, es un ser  ablandado por la vulnerabilidad que necesita conectarse con esa realidad.

Con frecuencia  escuchamos es que ese apagón emocional nos  invita a conectarnos con lo esencial. Es eso que te hace mirar para arriba y al frente cuando estás atrapado en la sombra. Eso que te saca de  tu zona de confort. Es lo que te  hace volcar los ojos al interior, cuando están encandilados  por las  seducciones del exterior, las alucinaciones del éxito, el gusto por el  poder y te das cuenta de todo eso que  nos atrapa  desde afuera.

Pero también cuando nuestra fe y esperanza  quedan secuestradas por lo complicada, inhumana y violenta que se ha tornado la precaria situación del país.

Sin entrar en complejas definiciones filosóficas, podemos decir que lo  esencial se nutre de detalles  que nos  conectan con nuestros seres queridos,  a través de una llamada, un correo electrónico, un mensaje de texto,  una visita, una mirada que muestra esa sonrisa que se dibuja detrás del tapaboca  para enviar señales de amor y presencia por la simple necesidad y  placer de hacerlo.

Lo esencial también está representado por momentos que nos hacen escuchar lo inaudible, ver lo invisible, expresar  lo inexpresable con palabras pero si con gestos, desde lo que somos; pero eso requiere quitarnos el condón emocional. Se dice  fácil pero  es  complicado en esta  sociedad tan maltratada por la violencia, indolencia, intolerancia, resentimientos. Las heridas emocionales comienzan a morder y  preferimos preservarlas asfixiándolas en el preservativo emocional

Un apagón como el que estamos viviendo, puede ser una  oportunidad  que nos advierte que debemos observar lo que al principio no se ve  en la oscuridad para descubrir, como en las penumbras, se empiezan a revelar  formas que nos dan señales  que,   poco a poco, encontraremos entre las sombras  la luz  y con ella la avería que generó el apagón y lo que podemos hacer.

La “avería” hay que reconocerla, asumirla  para  transformarla. Repararla es  un  trabajo nada  fácil. Es un proceso que exige reconocer y  abrazar el dolor, los miedos, las dudas  y todo lo que ello implica.

En esta cultura en la que  todo se  quiere de forma rápida, instantánea, tomando atajos, la vida se  encarga de ponernos de parada. Nos coloca en el hombrillo. Nos pone  a vivir procesos que no podemos controlar desde afuera, que requieren mirar nuestro interior para atender esas heridas que posiblemente estén enconadas o infectadas y  que exigen ser atendidas, limpiarlas con amor y compasión. Un proceso  doloroso pero  necesario para que nuestras heridas puedan florecer. 

 

Hasta la próxima resonancia

jueves, 8 de octubre de 2020

EDUCACIÓN A DISTANCIA ¿QUÉ PIENSAN LAS FAMILIAS?




Óscar Misle 


 En una reunión convocada por Cecodap, vía zoom, para abordar los desafíos de la educación a distancia, uno de los participantes pidió la palabra y con mucho malestar expresó: “Me llamo José Luis, soy administrador, tengo 40 años, padre de 3 hijos, una niña en prescolar, y dos varones, uno en quinto grado y el otro en 4to año de bachillerato. ¡Estoy desesperado, por no decir otra palabra! En el colegio de mis hijos, estudié mi primaria y bachillerato, tengo nexos afectivos con la institución, pero me tiene desconcertado y frustrado. Con esta necesidad de darle continuidad a la educación, decidieron llevar el salón de clases a la pantalla, de la forma más tradicional, absurda y por demás aburrida, con un horario, cargado de contenidos, los estudiantes deben estar 4 o 5 horas frente al computador recibiendo unas clases que están de espalda a la prioridades de la realidad. Para colmo les piden usar el uniforme para sentarse frente a la pantalla. Siento que hay una negación para asumir la realidad. Repiten estrategias pedagógicas, que no atraen, al contrario generan rechazo a los estudios . Por mi profesión puedo trabajar desde la casa, pero son más de 6 meses de cuarentena. La situación se ha vuelto muy tensa y siento que cada vez se afecta más nuestra convivencia y salud mental. Solo tengo dos computadoras que debemos turnar con todas las complicaciones 
que eso genera. 
Estoy divorciado, la mamá de mis tres hijos no tiene Internet en el apartamento, los muchachos tuvieron que migrar al mío. En mi casa, el Internet y la luz, falla con frecuencia como en el resto del país”

 ¿Qué piensa y siente el resto 
del país? 

En un reciente estudio realizado por Cecodap con el apoyo técnico de Datanálisis, que se tradujo en un Informe Especial sobre la situación actual de la educación a distancia en Venezuela. Según el estudio el 72% de los venezolanos califica la educación a distancia con niños y adolescentes como deficiente o mala.

En la población de cuidadores de 60 años o más existe la valoración más negativa de la educación a distancia 

En regiones como oriente (59,1), los andes (58,8), centro occidente (57,1) y Zulia (54,2) hay una valoración de esta estrategia como deficitaria que supera la media global, o la observada en la región capital (38,9). 

Este resultado se relaciona a las suspensiones del servicio eléctrico prolongadas y a las fallas del servicio de internet, especialmente en los estados del interior del país. 

No hay lineamientos claros y coordinados por parte del Ministerio para la Educación que permita desarrollar procesos de educación a distancia adaptados al contexto que impone la pandemia.

 Cada centro educativo estructura su propia estrategia, corriéndose el riesgo de que las mismas no estén adecuadamente contextualizadas a la realidad de los niños, niñas, adolescentes y sus familias. 

No basta con impartir contenidos tradicionales a través de otra plataforma, sino que la dinámica digital requiere adecuaciones programáticas que suponen procesos pedagógicos que favorezcan aprendizajes significativos.  

Canales para la educación a distancia 

Pese a que dos tercios de la población no posee acceso a internet, para 87% de los participantes ésta se mantiene como la herramienta que reconoce para la educación a distancia. La televisión y la radio se ven sobrepasadas inclusive por formas analógicas como
 las guías impresas.

 La segunda opción en preferencia son las guías impresas con un 7,5%, una preferencia por encima de medios de comunicación tradicionales como la radio y la televisión. 

La oferta de contenidos y la calidad de los mismos no responden a las necesidades de la población de niños, niñas y adolescentes de Venezuela. 

¿Y la conectividad? 

 Según datos de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), en su reporte de 2019, indicó que solamente 32 de cada 100 hogares tiene acceso a internet residencial. 
Destacó que 79,97% de los usuarios de internet acceden a través del consumo de datos celulares. 
La firma Consultores 21 en su reporte Acceso a medios en Venezuela, marzo 2020, indicó que el acceso a internet se reduce a 38% de los hogares, y que solamente 56% de las personas cuentan con teléfonos inteligentes. 
El Observatorio Venezolano de Servicios Públicos, septiembre 2020, afirmó que solo 34% de los hogares tiene acceso a internet. 

Regreso a clases en cuarentena 

83% de los participantes en el estudio manifiesta no estar de acuerdo con el reinicio de las clases en el mes de octubre de forma presencial o semipresencial. 
 Para los estratos socioeconómicos de menos ingresos, la elección de no regresar a las aulas es mucho mayor. 

Al diferenciar la preferencia por zonas geográficas, solo en la región capital el apoyo a la presencialidad es mayor. En la actualidad los centros educativos no se encuentran en condiciones para realizar actividades bajo modalidad presencial o semipresencial.

 ¿Qué hacer en el próximo año escolar?

 78% de los padres, madres o cuidadores indicaron que debe utilizarse el inicio del año escolar 2020 – 2021 para reforzar y nivelar los contenidos impartidos en el año previo. Para las familias de los estratos socioeconómicos C y D el nuevo periodo académico debe usarse para el refuerzo de los contenidos que pudieron verse afectados o no suficientemente consolidados
 en el período anterior. 

Entre las recomendaciones de Cecodap se encuentra la adaptación curricular para una educación a distancia y adaptada a un contexto de emergencia. Se deben priorizar contenidos sobre la salud física y mental, autocuidado para el fortalecimiento de habilidades sociales como la empatía, el respeto, y no discriminación, entre otros. 

Apoyo psicosocial en la escuela Los centros educativos presentan marcadas dificultades para ofrecer apoyo psicosocial. Solamente 11% reporta haber recibido algún tipo de acompañamiento psicológico durante este período de cuarentena. 
Al hacer una revisión por regiones del país, se observó que existe una menor disponibilidad del apoyo en la salud mental en las regiones central, centro occidental y de los llanos del país. 

En la región capital es donde se observa una mayor proporción de apoyo psicosocial en el 
contexto escolar. 

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDEH) y su Relatoría Especial sobre los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (REDESCA) acaba de realizar un llamado especial a los Estados para que garanticen la atención y el tratamiento de la salud mental a la hora de adoptar políticas de salud para hacer frente a la pandemia. 

 Para esta instancia es de suma preocupación las amenazas que representa la pandemia en la salud mental por el agravamiento que genera traduciéndose en trastornos psicológicos, neuropsiquiátricos y emocionales; la depresión, los trastornos generados por el uso de sustancias adictivas, la ansiedad, el estrés, el pánico, el riesgo al suicidio. 

De acuerdo a la Organización Panamericana de la salud (OPS) en América hay una crisis de salud mental sin precedentes. La educación no puede estar de espaldas a esta realidad. 

Hasta la próxima resonancia          


 

miércoles, 30 de septiembre de 2020

¿MENTIRAS PIADOSAS?

 

Oscar Misle

 En las consultas que nos  hacen a Cecodap en esta  cuarentena prolongada, a las familias le surge la duda sobre si decir o no la verdad en aquellas situaciones dolorosas o difíciles; como por ejemplo la enfermedad o muerte de un ser querido conocido por el coronavirus, ¿hasta cuándo durará el encierro?, ¿cuándo podré abrazar o besar a mis abuelos? Podemos pensar que una mentira piadosa les puede mitigar o evitar el dolor.

 

¿Por qué mienten los adultos?

“Nuestros padres nos mentían para ocultar la realidad; como por ejemplo: noticias tristes. Nos asustaban con la policía, el coco… para preservar su control de autoridad. Lo hacían porque no sabían cómo responder a las preguntas incómodas. Más si se trataba de temas como la sexualidad. Optaban por una opinión rápida que les permitía manejar sus propias angustias porque no sabían cómo decir esa verdad dolorosa a los hijos, con la intención de evitar su dolor.

La verdad, por más dolorosa y difícil, contribuye al desarrollo cognitivo y emocional de los hijos. Los prepara para la vida, para gestionar emociones en situaciones difíciles; pero además es importante para enfrentar los retos y desafíos de las situaciones complejas que vivimos.

Las “mentiras blancas” le quitan importancia al hecho. Enmascaran la realidad. Los niños son muy observadores, quizás no sepan completamente lo que sucede; pero se dan cuenta que hay algo extraño en nuestras explicaciones. Pueden dejar de preguntar pero no por eso dejan de sentir curiosidad. Muchas veces en lugar de la mentira se instala un síntoma. Los padres utilizan la mentira para evitar la confrontación. Para promover objetivos de comportamiento a corto plazo. Lo importante para el largo plazo es ayudarlos a encontrar sus propios recursos para autoregularse y autogestionar las situaciones complejas” (Nora Souki, psicóloga clínica y escolar).

Los padres pueden mentir para ocultar el dolor o sufrimiento en situaciones como: enfermedades, especialmente las crónicas o con diagnósticos complejos, información sobre separaciones, migración, muerte, cuando le hacen las tareas a los hijos o inventan argumentos para encubrir su incumplimiento, para ocultar comportamientos inadecuados de los hijos, suele pasar cuando son quienes acosan en casos de bullying.

Pueden mentir para mantener tradiciones o promover rituales (Niño Jesús, Ratón Pérez) que no en pocos casos generan frustración y desencanto.

 
¿Por qué mienten los niños?

-       En los primeros años pueden confundir la fantasía con la realidad.

-       Pueden inventar historias para ser reconocidos y aceptados.

-       Para proteger a uno de los padres de los comentarios del otro, en caso de separaciones suele ser comunes

-       Como autoprotección para no ser agredidos o usados.

-   Por miedo a la reacción de los padres, especialmente aquellos que son muy estrictos o agresivos y les cuesta autocontrolarse.

-   En los  duelos  o situación adversas los  niños y niñas puede utilizar las mentiras  como mecanismos de defensa y encubre  los sucedido con una historia  que le es menos traumática

    Se dice que las mentiras son del tamaño de las  verdades  que  ocultan. Incluso las  tiñen de color de acuerdo a su intensidad; por ejemplo las “Mentirillas  blancas” que sean del color  que sea  son mentiras  que ocultan verdades.

Podemos ocultar la verdad por diferentes razones o decir “medias verdades” por miedo a cometer “sincericidios”. Preferimos callar para no  someterse a la reacción de  quienes escuchen la confidencia.

Las mentiras  son utilizadas para evadir responsabilidades, para no  asumir las consecuencias de los actos. Cuantos en la cuarentena, teniendo los hijos como testigos, usan argumentos falsos para justificar su omisiones o incumplimientos  en el teletrabajo. “Se fue la luz”, “No tengo intenet”,” No tengo datos”, como son hechos que en nuestro país resultan creíbles para los demás;  pero no para nuestros hijos. Aprenden más con lo que ven que con lo que les decimos.    

Ciertamente no siempre se puede ni debe decir lo que se siente o piensa de alguien,  porque esa franqueza puede ofender, humillar o hacer daño.

Las personas “francas” sin “pelos en la lengua” suelen ser muy  buenas haciendo críticas; pero muy  malas recibiéndolas.

No se trata de decir lo contrario de lo que se piensa; vamos a ilustrarlo con un ejemplo: si alguien se hace un corte de cabello y no me gusta, si no me pide mi opinión no tengo porque decirle “que feo te quedó ese corte”. Y si me pregunta, tampoco le voy a decir “que bonito te quedó”. Quizás le puedo responder “lo importante es  que  tú te sientas  bien  con  tu nuevo estilo de cabello” o “me gustaba tu cabello largo”. Depende  de la persona, de su sensibilidad, de su capacidad  o disposición para recibir y procesar las críticas.

En ocasiones, especialmente en el caso de padres separados,  los hijos pueden mentir u ocultar la verdad para proteger al padre o a la madre, porque saben que si hacen algún comentario posiblemente afloren los resentimientos que existen por los conflictos de la pareja.

Es el típico caso del hijo que pasa el fin de semana con el papá. Almuerzan comida rápida y cuando llegan a la casa y la mamá le pregunta: “¿Qué comiste?” inventa un menú balanceado, sano, nutritivo que no tiene nada que ver con las hamburguesas que se comieron.

La confianza no se decreta. Se gana  cuando se da  la posibilidad  de crear un clima  de intimidad en el  que nos sintamos cómodos, sin miedo a expresar lo  que sentimos por la reacción defensiva u ofensiva de  quien escucha. Con nuestra actitud podemos  abrir las puertas para la comunicación o podemos cerrarlas porque nuestras palabras, gestos refuerzan el “contigo no se puede  hablar” que comúnmente  dicen nuestros  hijos y también  parejas, compañeros de trabajo.

.Si las mentiras  son permanentes hay  que preguntarnos lo  que  está tratando de preservar o si hay una  situación psicológica  que le hace desvirtuar la realidad.   

 Hasta la próxima resonancia

 

EDUCACIÓN A DISTANCIA. ¿MOTIVA A LOS ESTUDIANTES?

 




Óscar Misle

En estas últimas semanas hemos recibido muchas solicitudes de familias y maestros en torno a  cómo lograr mayor  motivación en los niños y maestros en este inicio del año escolar que nuevamente será virtual. Conocerán a su nueva maestra o  profesor a través dela pantalla o por una foto anexada a una guía pedagógica.

En Cecodap de la mano de comunifilm hemos realizado durante la cuarentena experiencias formativas y recreativas interesantes con niños y adolescentes;    como por ejemplo “Reto cuéntame tu historia”  en la cual aprendieron durante 3 meses  técnicas de fotografía, videos , audios que les  permitió, de forma ingeniosa, conocer más de si mismos, de su familia, del entorno. Para quienes no contaban con internet se realizó por WhatsApp una actividad vacacional basada en juegos, interacciones, actividades artísticas para la formación ciudadana, reflexionar sobre  sus derechos, deberes y responsabilidades.

Me pareció importante compartir  las flexiones y  propuestas de Oriana Martínez, comunicadora social a quien conozco desde que tenía 10 años. Participaba en el programa radial Soy Niño y, desde ese momento, pudimos realizar actividades conjuntas con Cecodap donde le daba vida a lo que hoy comparte como una talentosa adulta responsable de la productora Comunifilm.

“Imaginar es uno de los actos más sabrosos del ser humano. Gracias a ella podemos convertirnos en astronauta y caminar por la luna, hacer una película y ganarse el Óscar. Eso pasó en estas vacaciones. Desde la sala de nuestra casa decidimos viajar por el mundo. Asistimos a nuestra aula virtual a través del zoom. Hicimos maletas y junto a 110 chicos y chicas recorrimos la geografía planetaria para conocer su cultura, realidad y aprender jugando.

De esta iniciativa realizada por Cecodap y Comunifilm recogemos algunas propuestas que pueden ser útiles y motivantes en este inicio de clases a distancia:

Cambiar paradigmas: Iniciativas como estas  nos invitan a reinventarnos, buscando vías creativas y divertidas para transmitir las ideas adaptando el contenido a la realidad de los niños y adolescentes.

Invitados que nos inspiren: A través de esta aula virtual podemos tener invitados increíbles a nuestras clases. Del país o de cualquier parte del mundo o del lugar donde desarrollan su profesión. Podemos a través de las entrevistas contar historias, vivencias, reflexiones que motiven a los estudiantes dándole rienda suelta a la curiosidad.

El aprendizaje a doble vía. No solo es transmitir, los estudiantes tienen mucho que contar. Lo pueden hacer a través de un video grabado en su celular, una fotografía, una nota de voz, un dibujo, un poema, un cuento. Si les resulta divertido seguramente ganamos su interés y motivación.

Aprendizaje significativo. Seguimos siendo fans número uno de la mirada, del contacto presencial pero mientras estas circunstancias pasen, podemos buscar otras formas que propicien el aprendizaje significativo, que se interesen y enamoren del conocimiento, que se sientan inspirados a descubrir el mundo diverso que los rodea”

“No podemos perder e tiempo”

En muchos de los  centros educativos, afectados por la cuarentena, nos expresan con angustia la necesidad y exigencia de cumplir  con los objetivos académicos, aclarando que lamentablemente no hay tiempo para actividades para el apoyo psicosocial para prevenir y atender el estrés, ansiedad, angustia de los estudiantes, familias, profesores,  porque se debe cumplir con el programa. 

 

En la cuarentena, se ha comprobado la importancia e impacto de las tecnologías, lamentablemente accesibles solo para un tercio de la población, para quienes la conectividad por internet, pero aun con esta injusta realidad,  necesitamos ingeniárnosla para hacer la educación posible a distancia;   sin embargo seguimos ejerciéndolas como la que se realizaban presencialmente. ¿El resultado?: Aburrimiento de los estudiantes, desestímulo y frustración que se traduce en hostilidad y violencia 

Hoy más que nunca la escuela tiene que repensarse, actualizarse, dar respuesta a las inquietudes de la niñez y adolescencia de nuestros tiempos. Una escuela obsoleta será, en sí misma, promotora del desinterés y problemas  la convivencia y participación ciudadana.

“Yo a veces hasta he llegado a pensar que no vamos a la escuela tanto a recibir conocimientos cuanto a aprender a compartir la vida con otros; a conseguir buenos amigos y buenos hábitos sociales”  William Ospina

El pupitre vacío

Nadie puede negar la preocupación existente en muchos centros educativos por garantizar "la excelencia académica". Esto hace que el gran protagonista sea el desarrollo cognitivo. Lo cognitivo tomó todos los pupitres del aula y el pupitre de los aspectos sociales y emocionales se quedó vacío.

Y nos olvidamos o dejamos de lado la importancia de:

  • Una educación  donde tenga cabida la vida de sus estudiantes, con sus sueños, alegrías, duelos, tristezas, solo en esa medida entrará en los corazones de quienes en ella conviven y constituirá la mayor y mejor prevención posible
  • Conocerse y aceptarse a uno mismo: Reconocer los propios sentimientos y manejar el enojo o la cólera, la tristeza, la frustración.
  • Entenderse a uno mismo: Manejar las propias emociones, fijarse metas y sortear los obstáculos
  • Entender a los demás: Desarrollar empatía y ponerse en el lugar del otro
  • Construir relaciones saludables: Decir NO a la presión negativa de los pares y trabajar constructivamente en la resolución de conflictos
  • Tomar decisiones responsables y llevarlas adelante: Incluye considerar las consecuencias que las propias acciones tienen a largo plazo para uno mismo y para los demás

La escuela que soñamos

En las actividades de intercambia virtual  con estudiantes les hemos hecho esta pregunta: ¿Cuál es la escuela que soñamos?

“Me gustaría que antes de cada clase me explicaran qué utilidad tendrá en mi vida aprender ese contenido”

“Quisiera aprender de arte no solo viendo cuadros en un libro de texto sino visitando museos por internet”

“Me encantaría intercambiar con otras  instituciones, para aprender de ellas, conocer que hacen para proteger  el ambiente, los animales”

La escuela necesita renovarse, rejuvenecerse para convertir la energía de los niños y niñas en posibilidades  para crear,  crecer emocionalmente  y creer que es posible una sociedad  diferente, donde la inclusión sea un derecho de todos sin discriminación de ningún tipo.

Hasta la próxima resonancia


LA CULPA. UN MORRAL MUY PESADO

Óscar Misle Ricardo, 45 años, en uno de los talleres con familias de Cecodap, contó que   de niño recibía   sanciones muy fuertes de sus p...