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viernes, 5 de febrero de 2021

TENGO DERECHOS ¿Y MIS DEBERES Y RESPONSABILIDADES?

 



Óscar Misle

@oscarmisle

Cecodap en una escuela de Fe y alegría, realizó un trabajo grupal  con estudiantes de 5to y 6to grado, y les  consultó cómo se imaginaban a la LOPNNA (Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente).

 -Ricardo (12 años) se la imaginaba como una señora gorda, malhumorada a quien lo único que le gustaba era castigar a todo aquel que no hiciera lo que ella decía. 

-Maribel (11años), “yo veo a la  LOPNNA como una cómplice que sólo nos da la posibilidad de exigir nuestros derechos sin que cumplamos con nuestros deberes y eso la convierte en antipática para los adultos”.

-Francisco (12 años),  los escuchaba atentamente y dijo:

“¿No será que no conocen la LOPNNA y cada quien la ve de acuerdo a lo que le conviene? Es verdad que tenemos derechos; pero también tenemos el deber de respetar los derechos de los demás”. 

Las familias  y centros educativos muchas  veces se  quejan porque los estudiantes solo  reclaman derechos. Se crean  conflictos  por las amenazas con denunciar  a los docentes.  También los  colegios y escuelas amenazan con sanciones que  influye en que se tornen violentos. Esta situación también  se vive  en las familias,  cuando por desconocimiento se piensa  y se siente que  solo los derechos deben ser exigidos y se deja de lado los deberes y responsabilidades.   

Deberes y responsabilidades (Art. 93 LOPNNA)

Los niños, niñas y adolescentes tienen el  deber de respetar los derechos y garantías de las demás personas, las leyes; honrar, respetar y obedecer a su padre, madre o representante siempre que sus exigencias no violen sus derechos.

También tienen el derecho de ejercer y defender activamente sus derechos; pero también tienen el deber de cumplir con sus compromisos escolares, respetar la diversidad de pensamiento, religión, cultura; conservar el medio ambiente así como honrar a la patria y sus símbolos.

La Responsabilidad de tener Derechos.

En la misma actividad, citada al inicio de este artículo,  se les planteó  a los estudiantes:   Por un momento piensen cómo les gustaría que los traten los demás; ¿Qué hacen para mantener el ambiente sano, las calles limpias?; ¿por qué creen que es importante cumplir con sus compromisos escolares?, ¿cuándo sean papá o mamá cómo les gustaría que los recordaran sus hijos y nietos?; ¿qué pudiéramos hacer los ciudadanos para que cada quien cumpla con sus deberes.

Fue un ejercicio de empatía que generó reflexiones muy interesantes. Posibilitó pensar más en las personas que nos rodean para contribuir a construir familias y comunidades donde se respeten los derechos de todos cumpliendo con los deberes y responsabilidades ciudadanas.

Entre sus conclusiones resaltaron:

-Asumir nuestros deberes y responsabilidades nos permite tomar decisiones justas y respetuosas.

-Para vivir en democracia debemos no solo pensar en nosotros sino también en los demás. La participación de todos es muy importante.

-La importancia de conocer y cumplir las normas que permitan una mejor convivencia.

-Sin darnos cuenta podemos afectar los derechos de los demás por solo pensar en los nuestros.

-Debemos conocer nuestras cualidades y limitaciones de uno mismo y de los demás.

Coincidimos con Fernando Savater, destacado filósofo y escritor español,  cuando manifiesta que responsabilidad es saber que cada uno de mis actos me va construyendo, me va definiendo, me va inventando. Al elegir lo que quiero hacer voy transformándome poco a poco. Todas mis decisiones dejan huella en mí mismo antes de dejarla en el mundo que me rodea. Y claro, una vez empleada mi libertad en irme haciendo un rostro, ya no puedo quejarme o asustarme de lo que veo en el espejo cuando me miro…

Si obro bien, cada vez me será más difícil obrar mal (y al revés, por desgracia): por eso lo ideal es adoptando la costumbre de vivir bien.

 

Hasta la próxima resonancia


EL TATUAJE Y LOS ADOLESCENTES

 


Óscar Misle

@oscarmisle

En intercambios con adolescentes en Cecodap  hemos conversado sobre  los tatuajes para identificar  por qué les atraen tanto. “Yo creo que es una forma de estar en algo, los deportistas y los artistas se los hacen y mientras más tatuajes tengan  se ven más cool” (Jorge, 15 años), “A mí me parece que es para llevar en tu piel algo que es importante y quieres que te acompañe toda la vida” (Marianna 17 años), “Mi mamá y mi papá se tatuaron, ella un unicornio y él un cóndor. Cuando le pregunto no saben explicar muy bien el significado, o no quieren entrar en detalles” (Ronald 16 años). “Yo creo que es una forma de decorar tu cuerpo, para mí es algo estético” (Cindy, 15 años).       

Lo cierto es que los tatuajes no son solo marcas en la piel. Son imágenes, símbolos, frases, letras… que expresan algo que importa, que gusta y que se  quiere preservar inmodificable y para toda la vida.

Ponen en evidencia, a través de la piel, aquello que no puede ser dicho, o simplemente las palabras no alcanzan para expresarlo en su justa dimensión.

 

Tienen su propio lenguaje.

 Eso que se imprime, exige, dependiendo de la parte del cuerpo, soportar dolor físico en la piel cuando se inocula la tinta. Se convierte en un sello con un fuerte contenido emocional. Puede haber una  historia, una relación, una pérdida o un deseo que se denuda con en esa segunda piel multicolor o monocromática.

 

Pudiera ser la  forma de  simbolizar  y “calmar” un dolor psíquico, angustia; por ejemplo,    mitigar  el dolor por la muerte o pérdida  de un ser querido, hay quienes se tatúan la imagen del ser fallecido o algún símbolo que represente un  amor, un sueño o una pérdida.

Son oportunidades interesantes para dialogar con los adolescentes, sobre lo  que implica  tomar la decisión.

Esas imágenes  perdurarán para siempre. Con el tatuaje pueden sentir  que, pase lo  que  pase,  siempre estará en ellos. Muchas  veces, en las morgues,   a las personas  se les puede  reconocer por el tatuaje  que llevan estampados en una parte de su cuerpo.

 

Sentido de pertenencia

El tatuaje puede ser  una  forma de pertenecer a un determinado grupo deportivo, musical, cultural, estudiantil…  La decisión de imprimir un tatuaje implica una motivación o necesidad  personal que pone en evidencia un deseo consciente. Puede ser  incluso que la persona, no lo tenga presente, y queda oculto en el inconsciente. Pero más allá de ello, hay un significado, un simbolismo, que resultará interesante descifrar con nuestros adolescentes.

Cada vez son más comunes y universales.

Se han ido generalizando y normalizando. Según la psicóloga Sheila Estévez Vallejo «Hay dos motivos por los que las personas pueden hacerse un tatuaje, uno de ellos es subrayar la propia identidad y el otro inmortalizar momentos, tanto los que fueron felices como aquellos que nos han dejado una herida psicológica»,   

Lara Pacheco, de Cenit Psicólogos, considera  que «las motivaciones por la que alguien decide tatuarse son tan amplias   como personas existentes. .

Vallejo considera  que tal vez lo que nos mueva para tatuarnos sea querer, de alguna manera, «fotografiar» un recuerdo en nuestra piel, «sentirnos únicos, autodefinirnos, diferentes, revelando una creencia o unos valores». «Otro motivo por el que decidimos tatuarnos es como respuesta a un daño emocional vivido; el tatuaje es parte de aceptación de ese daño y resultado del proceso de resiliencia o de superación».

 

Pacheco asegura que hay «pocos rasgos de personalidad que destaquen entre las personas que se tatúan». «Si lo generalizamos, podríamos decir que la característica común más importante es la búsqueda de un sentido de 'unicidad', el ser único u original»,

¿En qué parte del cuerpo?

Otra decisión complicada: elegir el lugar del cuerpo en que lo quieren realizar, ya que poden concebir este símbolo estético como algo íntimo o algo para ser mostrado. «Quienes se decantan por realizarlo en lugares visibles, como los brazos o las piernas, suelen querer lucirlos a modo de 'joya' o como algo que les identifica, que forma parte de la autoimagen y del mensaje que quieren que reciban los demás. 

Un recurso terapéutico

 Los tatuajes son  considerados por algunos como un recurso terapéutico, como por ejemplo tatuar un pezón después de una  reconstrucción de la mamas, disimular una cicatriz…

Nos  toca como adultos, más  que  juzgar, preguntarnos: ¿Por qué  deseará mi hijo hacerse un tatuaje? ¿Qué será  lo  que  quiere  tatuar  en su  piel para  toda la vida y que sea inmodificable? Puede que  no tengan claras las respuestas, y sientan      que si otros lo hacen porque no ellos.

 

Puede ser  una oportunidad para conversar sobre la responsabilidad que implica modificar la piel de forma permanente. Si no se tiene bien claro lo que implica, más si consideramos que somos seres en evolución y lo que en un momento fue significativo, puede  que en futuro no lo sea y nos preguntemos: “¿Y ahora qué hago con esto que me recuerda permanentemente la piel?”  

 

Hasta la próxima resonancia

miércoles, 3 de febrero de 2021

LAS EXPECTATIVAS Y LOS NIÑOS

 

Óscar Misle

@oscarmisle


En sobradas oportunidades nos han hecho promesas demagógicas en lo político,  económico, social   que activaron fuertes expectativas que muy pronto se estrellaron contra la realidad. Situaciones que generaron frustración, desconfianza, desánimo, apatía… sentimientos que afectaron la credibilidad y salud mental de la familia.

Los niños no escaparon del impacto del incumplimiento de las expectativas en su cotidianidad. “¿Mamá cuándo volverán las clases presenciales? ¿Hasta cuándo usaremos tapa boca? ¿Cuándo llegará la vacuna a Venezuela ”, “Cuándo podremos viajar para visitar al abuelo”. Son preguntas que nos ponen a pensar cómo responder para no generar frustración; pero tampoco alimentar la desesperanza.

Las expectativas influyen en nuestro estado de ánimo. Se alimentan de nuestras creencias, imaginación, vivencias e influyen  en la forma que analizamos y sentimos lo que acontece.

Esa forma de percibir lo que acontece genera pensamientos, emociones y sentimientos que se ponen de manifiesto cuando se cumplen o no las expectativas, si se cumplen las percibimos como algo positivo y si no nos  generan frustración.

Pueden darnos cierta sensación de control sobre lo que posiblemente sucederá; sin embargo lo que pensamos, que está  muy vinculado a  lo que necesitamos o deseamos, siempre va acompañado de la incertidumbre, de eso que tiene reservado el futuro y que escapa de nuestro control.

Ese supuesto probable que se considera posible instala una creencia que se centra en el futuro. Mientras más expectativas se tienen frente a un determinado hecho, las posibilidades de decepción suelen ser mayores.

Esperanza y expectativas ¿Son lo mismo?

La esperanza  es una motivación que nos impulsa frente a una realidad. Es una fuerza, una sensación que nos motiva a seguir adelante mientras que  la expectativa es un supuesto que parte de un hecho del que se espera una consecuencia. Siempre incierto porque no tenemos el control.

Frente a las preguntas de los niños podemos, con la mejor de las intenciones, hacerle promesas que les creen crear expectativas poniendo fechas, diciendo muy pronto, o creando ilusiones cuyas probabilidades no son factibles en el corto plazo.

Pensamos que si le mentimos podemos mantenerlos ilusionados sin embargo el efecto puede ser contrario a lo esperado.  

Otra cosa es responder que  se está  trabajando para eso, las cosas cambiarán en la medida que podamos colaborar todos. Buscando alternativas que estén en nuestras manos.

Partiendo de las preguntas iniciales podemos:

-       Consultar qué podemos hacer mientras se retoman las clases presenciales, para  que sean más interesantes las clases a distancia. Cómo podemos mantener el vínculo afectivo con nuestros compañeros, propuestas que se pueden plantear  a los centros educativos.

-       Escuchar lo que piensan sobre sobre la necesidad e importancia del tapa boca y cuándo creen que sería el momento propicio para dejarlo de usar. Puede que respondan: “pero la vecina o mi primita no lo usan” Nos toca aclararle que eso no está bien. Que si otros no lo hacen, nosotros sí porque debemos cuidar nuestra salud y la de los demás.     

-       Repreguntar. A su pregunta “¿Cuándo llegará la vacuna al país?” repreguntamos “¿Qué piensas tú?” Nos da la posibilidad  identificar qué información manejan. Podemos partir de lo que han escuchado y aclarar que es un proceso que requiere varios pasos que exigen tiempo. Mientras  mantenemos las medidas de bio seguridad que ya conocemos.  

-       Proponer. Mientras no podemos visitar al abuelo, le consultamos “¿qué podemos hacer para sentirnos cerca?” Podemos realizar  un dibujo,  un cuento,  una poesía  en el que él sea protagonista? Seguramente surgirán iniciativas bonitas.

-       Parafrasear. Poner en nuestras palabras  lo que proponen, para que se sientan escuchados. Sin juzgarlos.

-       Valorar. Sus sentimientos, emociones, compartir como nos sentimos, siendo empáticos.

-       Asumir. Puede que hagamos promesas que partan de posibilidades factibles y por un acontecimiento inesperado se debió cambiar los planes. Decisión que puede generar desencanto y frustración. Es importante asumir que eso pasa en la vida y necesitamos aprender a procesarlo emocionalmente. No todo lo que deseamos se logra en el momento y en  las condiciones esperadas.

Hasta la próxima resonancia                   

 

 

     

jueves, 10 de diciembre de 2020

QUERIDO NIÑO JESÚS

 



Óscar Misle

Querido  Niño Jesús sé que  no te toca nada fácil, en la víspera de tu cumpleaños, responder las cartas con las solicitudes de los niños en estos tiempos de cuarentena. Tú más que nadie sabes la situación  que estamos viviendo en el país.  Nos está tocando padecer situaciones que dificultan  sentirnos  todo lo esperanzados  que  quisiéramos en estas navidades.

Por la violencia muchos  niños y adolescentes, ya no están con sus familias. Nos duele y nos llena de impotencia no  haber  podido evitar que los malos  tratos o  una  bala terminaran  con sus sueños. Su ausencia dejó un vacío muy grande en sus hogares, escuelas,  especialmente en sus seres  queridos. Esperamos que puedas  darles a sus  familiares fortaleza para  seguir adelante y que la justicia terrenal haga lo suyo

También están los niños dejados atrás. Los que vieron partir a sus padres y familiares a otros países por una migración forzosa con la intención de buscar alternativas de sobrevivencia por la  situación actual que nos ahoga. Les ha tocado  conformase con relacionarse  a través de una pantalla o un mensaje de texto o de voz.

Están los niños de las zonas mineras. Huérfanos institucionales, sin escuelas y centros de salud que los atiendan. Presos en sus localidades porque el transporte público está reducido a su mínima expresión. Están sufriendo por las agresiones sociales y ambientales a causa del arco minero, que no solo impacta ecológicamente, el daño social, sanitario y emocional es profundo.

La violencia, la explotación laboral, sexual se adueña de las niñas, niños y adolescentes de la frontera.

Por las migraciones las familias y niños sufren el desamparo del estado, muchos sin dinero  ni documentos que le garanticen la protección jurídica y  terminan sintiendo el desarraigo  de no sentirse de ni de aquí  ni de allá, con la marca de ser y sentirse apátridas con todo lo que ello conlleva

Y qué decir de los niños que pasarán la noche buena en las calles testimoniando con su presencia cómo es un niño que sufre el abandono en todas sus formas, familiar, escolar, sanitaria…

El coronavirus agrava aún más la situación, la muerte de familiares, la precariedad de la educación ha implicado tener como alternativa la educación  a distancia en un país en el que solo un tercio tiene acceso a internet y con una pésima conectividad. Ni que decir de los que tienen que ingeniárselas para mantener contacto con los centros educativos y cumplir con las asignaciones con los graves problemas con los servicios públicos, luz, agua, trasporte, gasolina  traduciéndose en un clima familiar en el que la salud mental se encuentra muy deteriorada.      

Esperanza en las noches oscuras

Querido Niño Jesús, en medio de esta noche oscura, como diría San Juan de La Cruz, ¿es posible alimentar la esperanza? 

Como familia  necesitamos en estas navidades contactarnos dándole vida al amor que nos da  fortaleza para mantener viva la fe. No podemos permitir  que la  costumbre, el conformismo, indolencia e indiferencia se adueñe de nuestros corazones.

Seguramente en algún rincón de la casa  colocaremos  el pesebre. Reservemos también un espacio en nuestro  corazón, inspirados con la misma calidez que demostraron los pastores que decidieron visitarte a pesar del crudo invierno del mes de diciembre. Una estrella los guio hasta el lugar.

Muchos de nosotros tenemos entre nuestras familias y seres queridos, una estrella que nos acompaña y guía en las noches oscuras. Seguramente algunos ya no están físicamente, pero siguen siendo inspiración y luz en nuestras vidas.   

También María y José fueron  migrantes forzados por la persecución de  Herodes quien no quería que nada  ni nadie lo despojara de su poder. Pero el amor venció. Ya van 2.020 años en los  que  se mantiene viva la fuerza del amor de quienes no permitimos que nos roben la esperanza y la búsqueda de la justicia para que haya paz.

Querido Niño Jesús, necesitamos  estrenar el 2021 con fuerzas renovadas. Cuando tenía 6 años, en una acto navideño, en el Teatro Nacional de Caracas, me tocó vivir un desafío importante, era muy tímido y tuve que recitar una poesía que decía así: “¿Dónde está el niño Jesús? aquí, en mi corazoncito ¿Quién lo puso? La gracia de Dios. ¿Quién lo aparta de mi lado? El pecado ¡Sale pecado  que Óscar no pecará más!” La promesa de la última frase confieso  que no me ha sido fácil de cumplir; pero si sigue acunado en mi corazón mi empeño de vencer el pecado que nos afecta como sociedad y se expresa en comodidad, indolencia, indiferencia e injusticia…

Y en  tu caso, ¿Dónde está el Niño Jesús?

¡Feliz Navidad!

Hasta la próxima resonancia            

DISCAPACIDAD: MÁS PROTECCIÓN, MENOS BARRERAS

 


Óscar Misle

“En mi adolescencia, mis días en el Cecodap me inspiraron a erigirme en el defensor de la democracia y los derechos humanos que soy en la actualidad”, Juan Ángel Gouveia, actual presidente de la Confederación Sordos de Venezuela, Consorven, organización que vela por los derechos de las personas con discapacidad.

El suyo es uno de los testimonios que Fernando Pereira y este servidor, recogimos en uno de nuestros más recientes libro “Cuando yo sea grande” (2018). Decidimos contar las historias de 14 niños, quienes en estos momentos son adultos,  en las que compartieran sus testimonios sobre cómo su participación temprana en programas e iniciativas  de formación ciudadana marcaron su sus vidas y los llevaron a ser, hacer y sentir lo que ha sido clave en su proyectos de vida.     

En el marco del 36 aniversario de Cecodap, decidimos compartir el testimonio de Juan Ángel De Gouveia, actualmente tiene  38 años, nació en Caracas. Estudió primaria en el Juan Pablo Bonnet y bachillerato en la Unidad Educativa Monte Cristo. Es licenciado en Cultura Sorda por la Universidad Politécnica Territorial del estado Mérida, Kleber Ramírez.

Juan Ángel es sordo, con un alma capaz de escucharlo todo por una sensibilidad, astucia y tenacidad que lo lleva a valerse de múltiples recursos para hacerse entender. Su rostro vivaz se enrojece cuando la pasión lo desborda porque algo le motiva o interpela. Ha recorrido el mundo participando en espacios diversos y dejando muy en alto el nombre de Venezuela.

“Por ser una persona sorda sentía gran interés en investigar y saber sobre la cultura de mi comunidad. En un principio quise cursar Estudios Internacionales en la Universidad Central de Venezuela. Fue imposible por la falta de servicios de interpretación a la lengua de señas en esa facultad”

La música no la escuchaba, pero la sentía

Imposible olvidar el rostro de Juan Ángel en la sala José Félix Ribas del Teatro Teresa Carreño de Caracas, en el concierto por la entrada en vigor de la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (2000). Extasiado disfrutaba el concierto de los adolescentes del Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles bajo la dirección de Gustavo Dudamel. No escuchaba con los oídos, lo hacía con el alma.

Mientras Juan Ángel se extasiaba con la música, un grupo de los niños y adolescentes oyentes hablaban sin prestar mayor atención. Sin embargo,  él era capaz de sentir la energía de los intérpretes y la vibración de las notas que eran captadas por su cuerpo y espíritu.

La accesibilidad rompe las barreras

Con el lenguaje de señas habla con sus manos, también lee los labios y se comunica verbalmente, destreza que se dificulta en estos momentos porque la mascarilla no permite ver los labios; por esa razón en algunos países de Europa se está planteando el uso de mascarillas transparentes. Existe otra barrera: No hay, en la mayoría  de nuestros medios, traductores con lengua de señas o subtitulados que permitan el derecho de esta población a informar y estar informados.

“La accesibilidad, gracias a los recursos con los que cuento para comunicarme, debe transversalizarse en la educación. Me gustaría hacer un postgrado e incluso un doctorado, pero la educación no permite esta posibilidad. Si hubiese más intérpretes en el sistema educativo la realidad académica de las personas sordas sería muy distinta”

Fuente de inspiración

La participación de Juan Ángel en asambleas, seminarios, medios de comunicación, eventos nacionales e internacionales lo convirtieron en un líder que no sabe de barreras ni fronteras; al contrario, su espíritu apasionado lo impulsó a participar con propuestas que han sido recogidas y validadas en instrumentos legales para la promoción y defensa de los derechos humanos de las personas con discapacidad.

Cuando se dio el proceso constituyente en Venezuela (1999) se realizaron diversas actividades de consulta y propuestas para ser incorporadas en el nuevo texto constitucional. Como adolescente, Juan Ángel tuvo un rol activo para que los derechos de las personas sordas estuviesen contemplados; específicamente la lengua de señas.

“Esos momentos de participación y la formación recibida estarán siempre en mi corazón. Cecodap es como mi segunda casa, desde allí se me abrieron las puertas al futuro que estoy viviendo ahora”.

Sueños sin barreras

“Representar a mi país en diversos espacios como la Presidencia de la Federación Mundial de Sordos—Sección Juvenil; haber sido Representante Global de la Infancia ante la Unicef, la Vicepresidencia de la Red de Organizaciones no Gubernamentales de Personas con Discapacidad de América y el Caribe (Riadis) y recientemente representar a las organizaciones de personas con discapacidad ante la Organización de Estados Americanos en la elaboración del plan del Decenio para las Américas; ver la bandera de mi país ondear en estos espacios en los que se me ha permitido participar es lo que más me llena de orgullo.

Como vicepresidente de la RIADIS me encuentro trabajando en una serie de propuestas para lograr que el Programa de Acción para el Decenio de las Américas por los Derechos y la Dignidad de las Personas con Discapacidad (PAD) sea aprobado en la próxima Asamblea General de la OEA.

He venido trabajando, desde la Riadis, para consolidar alianzas con otras organizaciones de personas con discapacidad que promuevan el respeto y la promoción de los derechos humanos e impulsen la generación de políticas públicas necesarias para dar cumplimiento pleno a los derechos que se han establecido en la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Más protección, menos barreras

Para Juan Ángel, la falta de acceso a la información por medios accesibles adecuados a las personas con discapacidad acentúa las barreras comunicacionales.

Las personas con discapacidad son más vulnerables frente a las situaciones violentas o de emergencia, como es el caso de la cuarentena y el aislamiento que representa.  No se cumplen los mandatos internacionales sobre la accesibilidad.

“Hay que continuar el trabajo articulado con diferentes organizaciones nacionales e internacionales para lograr el efectivo cumplimiento, respeto y garantía de lo establecido en las normativas legales vigentes”.

Hasta la próxima resonancia

LOS MIEDOS, LOS MIOS, LOS TUYOS Y LOS NUESTROS



Óscar Misle

 

Aparece una cucaracha o un ratón, ni se diga una rata, y el pánico se hace presente. Desde pequeños esos insectos o roedores nos generan sentimientos asociados con el miedo, asco, repudio… La madre grita o el padre se monta sobre una silla cuando aparece el intruso, hasta que él o la más valiente decide enfrentarlo.

El miedo es una emoción valida, en menor o mayor grado lo sentimos cuando  percibimos una amenaza, real o imaginaria. Nos permite protegernos y reaccionar enfrentando o huyendo.

Nuestros niños expresan su  miedo por varios motivos: a la oscuridad, algunos animales o personas, a fantasmas o monstruos, situaciones violentas que han presenciado en la casa, escuela, en la calle o a través de las pantallas, por comentarios de alguien,   por situaciones nuevas, como es el caso de la pandemia por el coronavirus.

Lo aprendió porque lo escuchó  de personas significativas que le tienen miedo a los animales, a la oscuridad, lugares cerrados...

Su imaginación puede hacer que  vea algo que le resulta aterrador; por ejemplo: monstruos en la oscuridad, ladrones entrando al hogar,  animales extraños en su habitación…

¿Qué puedo hacer?

Tomemos en serio su miedo; aunque pensemos que éste no tiene sentido. No nos riamos, ni burlemos. Es importante que le hagamos saber que sabemos  cómo se siente. Que sienta que estamos  ahí para protegerlo.

No lo presionemos para  que sea valiente, ni juzgarlo o calificarlo como cobarde o miedoso, porque no es capaz de  enfrentar su miedo.

Es importante  que indaguemos qué lo genera. Puede ser que nos esté dando señales que no notábamos. Especialmente  cuando su miedo es  hacia personas. Hay que explorar si hubo alguna situación de abuso sexual, acoso escolar o bullying.

Puede pasar que para hacer valer la autoridad se asuste al niño con amenazas “Voy a llamar a la policía pera que te venga a buscar o simular que se está hablando por teléfono solicitando que lo  vengan a buscar porque se está  portando mal, de hecho recientemente circuló un video, que se hizo viral,  de un padre con una niña pequeña a quien le aplicó este esta medida de  psicoterror para que se portara bien.      

En el caso de los más pequeños, evitemos salir a escondidas, sin notificarle que regresaremos. Si lo ocultamos,  se angustiarán porque no saben a qué hora vamos a volver e inclusive puede aterrarle que no regresemos, especialmente ahora en tiempos de pandemia en los que estamos sometidos a mucha información que gira en torno a la amenaza que significa el covid19 para la salud y la vida.

Podemos jugar a asumir el rol de niño y proponerle  que sea el papá o la mamá. Puede  que exprese, a través del juego de intercambio de roles,  qué sucedió y le generó miedo.

Lo podemos apoyar mostrándole, poco a poco, en un ambiente sereno,  fotos de los objetos o situaciones que generan sus miedos (siempre y cuando no sean escenas o imágenes dramáticas) con explicaciones sencillas que lo ayuden a  superarlo.

Podemos expresarle que entendemos su miedo y aclararle que tener miedo no es malo porque nos permite estar atentos a las cosas que nos pueden hacer daño, en otras palabras, nos permite estar  alerta para cuidarnos.

Si tiene miedo a la oscuridad, podemos dejar  una luz encendida, mientras lo supera.

Es importante que sepan que el miedo es un sentimiento natural en todos los seres humanos.

Podemos sentir mucha impotencia al no poder calmarlo, especialmente cuando es muy reflexivo, inteligente y con mucha imaginación y pregunta: “si robaron, mataron o secuestraron a ese niño ¿por qué no a mí?; si un vecinos murió por el coronavirus, ¿por qué no uno de los míos?” Es necesario darle explicaciones sencillas como por ejemplo: "Si nos cuidamos podemos evitar que nos ocurra a nosotros".

¿Miedo al coronavirus?

En la medida que va pasando el tiempo, y vamos asumiendo que nos toca convivir con el coronavirus, le vamos perdiendo el miedo, podemos pensar que son otros los que contagian o se contagian con la fantasía, que es de los extraños de quienes nos tenemos que cuidar, y pensamos que las personas queridas no significan un factor de riesgo. Vemos en Instagram reuniones familiares o de amigos, reunidos sin mascarillas y abrazados.

También es común ver en las calles, mercados, bulevares, transporte público,    aglomeraciones de personas sin respetar el distanciamiento físico, sin tapabocas o se lo colocan de cintillo o corbatín. Ya resulta  difícil diferenciar la semana  de flexibilización de la radical, el relajo en la radical lo evidencia.

El mes de diciembre fue decretado por el Ejecutivo como un mes de flexibilidad por las festividades decembrinas ¿El coronavirus tomará vacaciones, no seguirá  en la calles? ¿la amenaza de enfermarse o morir tomará una tregua?  

En estos momentos el miedo, sin caer en la paranoia, nos debe servir para mantener las necesarias medidas de bioseguridad que nos permitan  cuidarnos y cuidar a los demás.

 Hasta la próxima  resonancia       

 

     

¿SE PUEDE PERDONAR CUALQUIER COSA?

 






 

Óscar Misle

En una entrevista por youtube,  los reconocidos psiquiatras y escritores argentinos Jorge Bucay y su hijo Demián, iniciaron  un diálogo sobre el perdón con la interrogante: ¿Se puede  perdonar cualquier cosa? Con la intención de aproximarse a la respuesta, lo primero que hicieron fue explicar que “Per” se relaciona con lo supremo, lo máximo y “Don” la gracia concedida, según esta interpretación  perdonar seria lograr “la mayor gracia”. Ambos coincidían que perdonar es importante para liberar  al prisionero que perdona. El prisionero se libera del grillete del rencor, resentimiento, odio…

Todos recomiendan perdonar, hasta que les toca perdonar a alguien.

¿Perdonar la violencia?

La violencia se hace presente en lo cotidiano, tanto  que a veces nos  cuesta  reconocerla. Se utilizan métodos violentos para resolver conflictos, se atenta contra la integridad de alguien para obtener algo a cambio; se agrede a los que no comparten las mismas  ideas;  hay agresiones por abuso de poder, por ser o pensar diferente, se utilizan mensajes de  texto, imágenes difundidas por celulares; Internet, redes sociales para intimidar, descalificar, humillar…

Muchos de estos sucesos son considerados  noticia y toman las páginas, micrófonos y pantallas de los medios de  comunicación. En muchas de nuestras casas seguimos recurriendo a métodos violentos para  educar y corregir.  Creemos  que se  olvidan porque el perdón lo puede todo. Nos olvidamos que perdonar  no es fácil cuando  existe  tanto dolor,  rencor, por las heridas enconadas y atrapadas en nuestro corazón.

Con el tiempo se van incubando el rencor y el resentimiento. Es una consecuencia del odio que puede acompañarnos silenciosamente  y enturbiar  nuestras emociones. Nos hace vivir   a la defensiva o la ofensiva,  tratando de buscar en todas  partes a quien responsabilizar  de nuestras heridas de la infancia  y adolescencia. 

Heridas que muerden

Las heridas emocionales se enconan y muerden, se traducen en reacciones violentas. En mi libro “Heridas que  muerden, heridas que florecen”,  Editorial Planeta 2014, comparto relatos, testimonios, que evidencian como el rencor   transita de la mano del dolor por los laberintos de la mente y corazón. El problema del rencor es  que  tiene un efecto  acumulativo.

Cuando está presente, nos convierte en esclavos de nuestro pasado, nos impide vivir  lo  gratificante  de la vida, porque siempre estaremos a la defensiva y al acecho, envueltos en una  profunda  queja, desconfianza y miedo.

El rencor suele generar el  deseo de venganza. Generalmente se vive en silencio  y nos corroe interiormente   Toma el timón,  dirige nuestras emociones buscando siempre el  ofensor, real o imaginario. Ese supuesto  ofensor puede  disfrazar a  quienes  realmente nos  hirieron  y  son con frecuencia a quienes más amamos.

Cuando el rencor se convierte en resentimiento  las heridas comienzan a morder. Pueden enmascararse en pretextos y argumentos  ideológicos,  religiosos, fundamentalistas y radicales. Ciertamente solo el perdón puede liberarnos. No significa olvidar, sino adquirir, poco a poco, la capacidad de recordar la ofensa sin experimentar odio y dolor.

 

¿Perdonar es olvidar?

Hay mucha resistencia  aceptar  que el perdón no es olvido. El perdón  no  significa excusar o justificar el  mal o injusto comportamiento de  quienes nos hirieron. No es un acto instantáneo que nos lleva inmediatamente a la reconciliación con el agresor.

 

Es  ingenuo pensar que con el perdón  la persona que nos agredió cambiará o modificara su comportamiento, por lo menos  de forma instantánea.  Es un trabajo interior en el que debemos procesar  lo sucedido, para  transformar esa rabia  enconada que infecta nuestras heridas y no las deja cicatrizar.

 
Lo más difícil del perdón es  realizarlo sin expectativas, esperando que el agresor acepte su error, porque si ese deseo no  se  cumple nos puede llenar de mucha  frustración y seguiremos secuestrados por el resentimiento.

 

El legado de Mandela

Nelson Mandela expresidente de Sudáfrica y Premio Nobel de la Paz, estuvo encarcelado 27 años.  A pesar  de  todo lo vivido tras  las rejas, no dejó  que el odio, el resentimiento y la venganza secara  su corazón, sino al contrario    construyó una Sudáfrica sin  'Apartheid'  igual para todos.

 

Mandela  dejó como legado  que el perdón  es posible. Su decisión de no   hacerle a los demás lo que le hicieron a él,  se tradujo en una  larga vida de  95 años, abogando por la unión y la solidaridad. El presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, en un mensaje televisado a toda la nación, cuando muere Mandela,  expresó: "Nuestra nación ha perdido a su padre. Nelson Mandela nos unió y juntos nos despedimos de él. Su humildad, pasión y humanidad le hizo ganarse el amor de todos",

Muchos expresaron  que se había  marchado alguien que parecía inmortal y que el mundo se quedó huérfano de espejos en los que mirarse y transformarse.

 

Fue irónico escuchar  a jefes de estado, incluyendo al nuestro, referirse a Mandela  como  un  ejemplo con importantes legados para la  humanidad. Irónico porque son discursos dichos en sociedades heridas por las divisiones, exclusiones por    posiciones irreconciliables por  pensar diferente, en las  que el resentimiento, la descalificación hace llevan a tomar  posiciones  en las  que  la violencia se  justifica para defender  ideologías o formas de pensar.   

 

Mandela, tras años de encierro salió de la cárcel, se convirtió en presidente de un país dividido en  pedazos.  En un continente  también herido por la división, sin  embargo abrió su corazón, mirando para un lado  y para el otro, con sus  heridas cicatrizadas, por el dolor  destilado en silencio, por la humildad que da el sentirse  humano, vulnerable pero  vivo y libre a pesar de las rejas. 

 

Posiblemente su espíritu trascendió  la   distancia  entre lo terrenal y  lo divino,  el cielo  y el infierno, los buenos y los malos. Una alquimia en el  que el perdón hizo  florecer sus  heridas y las de  su país.


Hasta la próxima resonancia

 

 

TENGO DERECHOS ¿Y MIS DEBERES Y RESPONSABILIDADES?

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