viernes, 15 de septiembre de 2017

MUCHO DETERIORO PARA 20 MINUTOS


Óscar Misle
@oscarmisle


La semana pasada me invitaron a una entrevista sobre la situación de los valores en el país. Un tema amplio y complejo de abordar, sobre todo por el  riesgo de  quedarnos solo en el análisis teórico del problema.

Decidí aprovechar una diligencia para comprar unas medicinas en una farmacia de La Candelaria y poner todos mis sentidos para detectar lo que, seguramente veo diariamente, pero no logro  observar con la atención necesaria por estar  pensando en lo que tengo  que hacer a futuro  y no  con que estoy viviendo en el momento.

A las 11 en punto salí de la sede de  Cecodap, a 3 cuadras de la estación del metro de Chacaíto. Al iniciar la caminata lo primero que observé fue las maltratadas aceras,  sus grietas, huecos, ausencia de alcantarillas… Desperfectos que diariamente trato de esquivar para no tener otro accidente como el de meses atrás en el que se me  fracturó la nariz por culpa de una acera rota.

Al llegar a una esquina de la avenida Casanova  topé con un grupo de 6 personas, entre los que se encontraban  3 niños,  que se disponía a almorzar  sacando los desperdicios de la basura. Seleccionar lo “comible” mientras destrozaban las bolsas y esparcían  el resto de  los desperdicios en la calle. Dos perros hacían lo posible para comer los suyo.

Con esta imagen continúe mi recorrido rumbo  al metro. En la trayectoria un joven terminó de tomar su café y lanzó el vaso al piso, podía pasar de desapercibido porque no era el único recipiente en el suelo del bulevar de Sabana Grande.

A un costado, en una larga y apretada cola la gente se empujaba para lograr entrar a las camionetas que van al este de la ciudad.
Logré llegar a las puertas de la estación, cerca de la entrada, dos niños menores de 12 años, vendían cigarrillos. El mayor ostentaba uno en su boca. Entré al metro,  las escaleras mecánicas no estaban funcionando.  Continué con mi tarea de observar y pude percatarme de gente muy delgada. Una esbeltez que mostraba deficiencia de nutrición. Otras con ropa deteriorada y en malas condiciones higiénicas. Entraba y salían  caras de no estar  precisamente alegres, serenas, satisfechas, al contrario algunos rostros lucían grises, a pesar de estar escondidos con el maquillaje, ausentes de sonrisas.

Por el torniquete reservado para las personas de la tercera edad  dos adolescentes, una mujer joven con un uniforme azul descaradamente se coleaban sin que nadie dijera nada.
Con un poco de retraso, por fin llegó el vagón: En Chacaíto entra y sale mucha gente, con el impulso del empujón entramos de un solo golpe. Las palabras “disculpe”, “buenos días”, “permiso” brillaron por su ausencia.

De pronto una voz de una mujer se escucha en el pasillo: “Disculpen, no es mi intención molestarlos, solo quiero pedir apoyo para comprar una base para sostener la bolsa que debo llevar por una operación de colon que me hicieron en el hospital hace poco, no le deseo a nadie lo que estoy pasando… si me quieren ayudar  que Dios  los bendiga y si no también”

Antes de llegar a la próxima estación se dispuso a recoger el dinero de quienes se compadecieron, paradójicamente venía de las personas que se veían más golpeadas económicamente. 
  
Por fin llegué a la estación Parque Carabobo, bajé del vagón y  miré el piso en el que resaltaban múltiples pegostes.  La sección que  estaba  cubierta por un desgastado vinil grisáceo, se notaba  que en algún momento fue negro. Resaltaban   recuadros de vinil  que levantaron y no fueron sustituidos. Al salir de la estación un hombre, en plena entrada, se bajó el cierre de  la bragueta y comenzó a orinar al lado de la puerta, delante de todo el mundo, entre los que se encontraban  tres funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana.
Por suerte, muy cerca estaba la farmacia, entré y tomé mi número. En la cola como un eco se escuchaba el acostumbrado: “No hay”. Llegó mi turno. Pregunté por el medicamento para la tensión que estaba buscando. Sin haber terminado la frase la farmaceuta exclamó: “se agotó”. Con rabia, frustración e indignación miré mi reloj y vi que eran las 11:20 am. Tomé aire y continué mi periplo.

Durante 20 minutos viví y sufrí un deterioro físico y humano que golpeó mis ojos. Me dolió sentir que de tanto  topar con él  podemos llegar a acostumbrarnos.
Hasta la próxima resonancia         
           
          

     

jueves, 7 de septiembre de 2017

DIVORCIO Y CONVIVENCIA FAMILIAR


Óscar Misle
@oscarmisle

A eso de las  7 de la mañana, en un centro educativo del este de Caracas,  cuando nos aproximábamos al salón en donde tendríamos  una actividad  formativa  con familias, a un costado,  en un gran patio los estudiantes se organizaban en filas para entrar a sus aulas de clase, colgados a sus hombros llevaban sus morrales, diversos colores, pesos, marcas…

Esa imagen nos llevó a preguntarnos: ¿Qué cargarán? Seguramente, no  solo lápices, cuadernos, libros, guías… La interrogante iba más allá. Se refería a lo socioemocional.
En ese morral seguramente cargaban emociones y sentimientos generados por situaciones familiares como divorcios, muertes, peleas, ansiedad producto de la violencia sociopolítica del país.

Un coctel emocional que posiblemente  no saben o no pueden identificar y expresar. Puede que se sientan culpables de lo  que está pasando. En el caso del divorcio pueden sentir culpa, perciben que algo hicieron mal o que no bastó su existencia para que mamá y papá permanecieran juntos.  

Cuando hay una pérdida, en este caso un divorcio o una separación, lo que no se les comunica  se lo pueden  imaginar y esos fantasmas suelen ser más crueles  que la propia realidad, especialmente en los niños. Comentarles que hay problemas, sin entrar en demasiados detalles de la intimidad de la pareja,  es necesario para que puedan sentir que el divorcio fue una decisión dolorosa pero necesaria.  Lo ideal es transmitirles no solo con palabras, sino con hechos, que la papá  y mamá ya no podrán seguir viviendo juntos porque tienen problemas para convivir, ponerse de acuerdo… pero que no está en riesgo el amor hacia ellos.

El divorcio produce un duelo. No es solo un suceso, es un proceso que pasa por  diferentes momentos. La rabia, negación, culpa, tristeza se expresan de diferentes formas y no siempre con palabras. Puede ser que un niño triste se comporte más agresivo o, al contrario, sienta mucha rabia y esto haga que se torne silencioso, retraído. Lo importante es tener claro que necesita vivir su duelo y no distraerlo para que "se le olvide" la pérdida.

Si no logra expresar sus emociones, las reprime y podrá expresarlas de forma violenta en la casa, escuela, con otros amiguitos o, por el contrario, puede enfermarse al somatizar lo no dicho o expresado.
Como adultos debemos crear oportunidades y posibilidades en las que pueda drenar  sus sentimientos. Escucharlos aunque nos resulten duros sus reclamos es clave para que se sientan aceptados y comprendidos.
Comentarles  que también a nosotros nos dolió. Tomar la decisión es un acto compasivo y empático que les permite percibir que no están solos en su dolor.

Cuando hay un divorcio o una separación, el grupo familiar está afectado. Cada quien vivirá su duelo y lo expresará de acuerdo a sus características particulares. En esta transición se pueden generar conflictos porque nuestros estados de ánimo variarán y  se forjan tensiones  y explosiones emocionales.

Orfandad emocional. Es necesario tener claro que el conflicto de pareja no se le puede endosar al niño. Hace mucho daño cuando una de las partes desahoga con los hijos lo que piensa de la ex pareja, especialmente cuando la rabia, resentimiento, deseos de venganza están presentes. Esto también formará parte de su morral emocional, una carga muy pesada que si no se  aborda maduramente, lo llevará a la orfandad emocional con heridas que morderán por el abandono, real o inducido por quien quiere divorciar al hijo del padre o de la madre.


Ódiame por piedad. Hay una vieja y popular canción de Julio Jaramillo que dice “Ódiame por piedad yo te lo pido, ódiame sin medida ni clemencia; odio quiero más que indiferencia…” Es un llamado a esas relaciones tóxicas que  optan por el odio porque no son capaces de aceptar la separación e inoculan a los hijos intoxicándolos emocional y existencialmente.

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APAGONES EMOCIONALES ¿QUÉ NOS REVELAN?


Óscar Misle
@oscarmisle

Cuando la vida nos apaga la luz,
en nuestro corazón aparecen velas.

En mi libro “Heridas que muerden, heridas que florecen” hago referencia  a esos sucesos que te cambian la vida. Recordé al  padre Godoy, un sacerdote salesiano con quien compartí en mis  años de adolescente  en un grupo en el  que realizábamos actividades recreativas, deportivas y artísticas   con niños,  y adolescentes de un  sector popular  caraqueño.

En una de las reflexiones grupales nos  contó que  en su pueblito Timotes,  ubicado en el páramo andino,  cuando   los sorprendía un apagón, todo  se oscurecía. El percance los obligaba  a encender  velas, y con esa tenue luz   empezaban  a buscar  la avería

 Todo parece estar “bien” hasta que nos sorprende “un apagón”. Puede ser por una enfermedad, duelo, accidente, la pérdida del trabajo, la ruptura con una pareja, la partida de un amigo, la situación sociopolítica del país…  Un suceso que nos pone en penumbra revelándonos como la vida puede cambiar de un momento a otro, sin previo aviso, donde poco nos sirven las certezas, la soberbia,  las arrogancias y vanidades... Lo que nos queda como sedimento de ese momento, es un ser  ablandado por la vulnerabilidad que necesita conectarse con lo esencial.

¿Qué es lo esencial? Es eso que te hace mirar para arriba y al frente cuando estás atrapado en la sombra. Eso que te saca de  tu zona de confort. Es lo que te  hace volcar los ojos al interior, cuando están encandilados  por las  seducciones del exterior, las alucinaciones del éxito, el gusto por el  poder y te das cuenta de todo eso que  nos atrapa  desde afuera. Pero también cuando nuestra fe y esperanza  queda secuestrada por lo complicada, inhumana y violenta que se ha tornado la situación del país.

Sin entrar en complejas definiciones filosóficas, podemos que lo  esencial se nutre de detalles  que nos  conectan con nuestros seres queridos,  a través de una llamada, un correo electrónico, un mensaje de texto,  una visita,   con un abrazo, una mirada o una sonrisa para enviar señales de amor y presencia por la simple necesidad y  placer de hacerlo.

Lo esencial también está representado por momentos que nos hacen escuchar lo inaudible, ver lo invisible, expresar  lo inexpresable con palabras pero si con gestos, desde lo que somos; pero eso requiere quitarnos el condón emocional. Se dice  fácil pero  es  complicado en esta  sociedad tan maltratada por la violencia, indolencia, intolerancia, resentimientos. Las heridas emocionales comienzan a morder y  preferimos preservarlas asfixiándolas en el preservativo emocional

Ese apagón puede ser una  oportunidad  que nos advierte que debemos observar lo que al principio no se ve  en la oscuridad para descubrir, como en las penumbras, se empiezan a revelar  formas que nos dan señales  que,   poco a poco, encontraremos entre las sombras  la luz  y con ella la avería que generó el apagón y lo que podemos hacer.

La “avería” hay que reconocerla, asumirla  para  transformarla. Repararla es  un  trabajo nada  fácil. Es un proceso que exige abrazar el dolor, los miedos, las dudas  y todo lo que ello implica.

En esta cultura ligth. donde  todo se  quiere de forma rápida, instantánea, tomando atajos, la vida se  encarga de ponernos de parada. Nos coloca en el hombrillo. Nos pone  a vivir procesos que no podemos controlar desde afuera, que requieren mirar nuestro interior para atender esas heridas que posiblemente estén enconadas o infectadas y  que exigen ser atendidas, limpiarlas con amor y compasión. Un proceso  doloroso pero  necesario para que nuestras heridas puedan florecer. 




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EL SUICIDIO. MÁS ALLÁ DE LAS RAZONES


Óscar Misle
@oscarmisle
“13 Reasons Why”, en español “Por qué trece razones”, es una  serie estadounidense, transmitida en todo el mundo por  Netflix, basada en una novela de  Jay Asher y que fue adaptada por Yorkey para la televisión.
Cuenta la historia de Hannah. Una atractiva adolescente que se suicida por no poder seguir  soportando el bullying, las humillaciones y agresiones por parte de sus compañeros de estudio. Como evidencia deja una caja  de cintas de casetes en las  que detalla las 13 razones por las  que decidió acabar con su vida. Logra después de su muerte que las cintas lleguen a las manos  de quienes tuvieron  que ver con las razones que la llevaron al suicidio.   

El reto de la ballena azul fue otro viral acontecimiento. Es un macabro juego, a través de la redes sociales, que  consiste en distintas pruebas, durante 50 días, entre las que se destacan ver de forma continua, por más de 24 horas, películas de terror, pasando a otras más tétricas,  realizar  autoagresiones…

Una de las pruebas es el  "dibujo" de una ballena que se hace con un cuchillo o navaja  en el antebrazo, adicionalmente  se realizan el resto de los retos, que son monitoreados, diariamente, por un administrador que exige pruebas a través de fotos y videos para certificar que se han cumplido las tareas. El propósito   es llevar al adolescente a un colapso emocional hasta que cumpla con  el reto final, después de los 50 días, que consiste en quitarse la vida
Hago referencia de estos dos ejemplos que lograron poner el suicidio en las pantallas y  que han sido vistos  por adolescentes de  todo el mundo  sin que, en muchos casos, lo sepan sus familias o si lo saben sin saber cómo orientarlos. El suicidio sigue siendo un tema tabú, aunque abundan historias en nuestros centros educativos de intentos o consumados, poco se toca.

Cuando se  hace público que un adolescente decidió  ponerle  fin a su  vida son muchas las  interrogantes  que surgen.
Detrás de un suicidio puede haber muchos factores que hay que indagar: la situación emocional del adolescente, que puede estar pasando en su vida que generen los cambios en sus estados de ánimo, si hay  trastornos en su salud mental no diagnosticado o no tratados adecuadamente, consumo de alcohol, drogas. Agresiones en el hogar, sentimiento de abandono, soledad, decepciones amorosas, duelos no procesados, diagnósticos de alguna enfermedad  crónica, abuso sexual,  traumas, suicidios en la familia…
No  quiere decir  que todos estos hechos necesariamente son inductores por si solos de suicidio; pero si son señales  que hay que atender.

Señales  a tomar en cuenta

Si el adolescente  se torna depresivo o permanentemente triste, se aísla, con sentimientos de desesperanza o poca valoración de sí mismo, se autoagrede, no es capaz de superar  situaciones de pérdidas y se  torna hostil, evita socializar o solo lo hace con determinados grupos, escribe mensajes relacionados  con el deseo de morir, o imágenes  que permanentemente evoquen la muerte, es rechazado por su condición sexual, exigencias académicas, son algunos de los factores  que pudieran  generar un estado emocional que le genere mucha frustración, impotencia, desesperación, angustia, ansiedad, falta de un grupo de apoyo, malas relaciones con los padres o sus pares   con incomunicación y mucha soledad.

El acoso escolar o bullying como desencadenante  
Si la condición o estado del adolescente hace  que tenga comportamientos que son utilizados por  estudiantes acosadores y lo convierten en su víctima, la situación puede agudizar  o potenciar  factores preexistentes que lo pueden llevar a quitarse la vida

Es importante aclarar que el Bullying es un dinámica violenta  en la  que el acosador se vale de la condición de la víctima para maltratarla, agredirla física, verbal, psicológicamente o a través de las tecnologías (celulares, internet, redes  sociales) de forma continua, delante testigos o espectadores que celebran las agresiones del acosador. Por lo tanto no  toda agresión escolar es bullying, el hostigamiento debe ser repetido,  la intención es hacer sufrir a la víctima, utilizando el poder  y el miedo  como recurso para adquirir reconocimiento  y control  grupal.
 El suicidio es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 24 años de edad, después de accidentes y homicidios. Se dice  que por cada suicidio de un adolescente hay, por lo menos, 25 intentos.
¿Se debe hablar del tema?
Existen posiciones encontradas sobre si se debe o no  hablar del tema. Hay  quienes piensan  que  puede estimular que  el adolescente busque esta salida si está siendo afectado  por alguno de los  factores antes mencionado. Hay  quienes pensamos que para prevenir hay que estar informado  y formado. La información debe  ser clara, directa y pedagógica, lo mismo sucede  con el alcohol, drogas, sexualidad…
Lo  que si es cierto es  que cuando sabemos de un suicidio de un adolescente nos debe  llevar  a plantearnos como es la relación  con nuestros hijos, estudiantes, qué señales requieren ser atendidas, si tendemos a postergar la comunicación, cuando ha habido intentos  de suicidio, o lo ha anunciado, hay  que actuar y buscar  apoyo profesional.
No se debe estigmatizar  la persona  que en un momento de desesperación  y por la sensación de perder el sentido de la vida toma  como salida  atentar contra su vida. Las posturas morales radicales, religiosas, pueden generar en el entorno de la víctima sentimientos de vergüenza, culpa, que pueden afectar la relaciones y la salud mental de la familia y entorno afectivo.
Como país estamos viviendo situaciones muy difíciles en las  que  la frustración e impotencia pueden  desencadenar en nuestros adolescentes  estados emocionales por    trastornos preexistentes o los  generados por la tensión y realidad  social. En estos momento la comunicación, el apoyo afectivo tanto  en el hogar  como en los centros  educativos es una prioridad para prevenir y no  tener que lamentar
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LA ESPERANZA. ESCUDO FRENTE AL PODER


Vivimos una situación muy compleja y desgastante. Una pesadilla que nos agobia. Lo sentimos en la cotidianidad cuando sufrimos  los embates del  desabastecimiento de alimentos y medicamentos, la  inseguridad, la galopante inflación, la represión…

No está pasando nada
Los representantes del gobierno repiten un guión de negación de la realidad: “no hay crisis humanitaria, no es verdad que las familias están comiendo de la basura, medicamentos hay, lo que hay que mejorar es la distribución, no hay represión, la guardia nacional y la policía  cumplen con su función de garantizar la paz” Las víctimas de  asesinatos se clasifican entre los tuyos y los míos; desconozco los primeros y valoro los que me atañen. Los violentos son los otros, esos  que no están de acuerdo, critican y se oponen. La Asamblea Nacional Constituyente es la salvación. No importa  quién la decidió ni cómo se eligió.

La culpa la tienes  tú
El gobierno no asume sus errores y fracasos. No reconoce su responsabilidad y busca los responsables fuera: la guerra económica, el acaparamiento de los empresarios, la baja del precio de petróleo  y la falta de recursos para las misiones… La queja en su rol de víctima la utiliza para justificar sus ineficiencias, deficiencias,  incompetencias…        

Rio revuelto ganancia de pescadores
“Divide y triunfaras” es la pauta. Se realizan anuncios para provocar confusión y mayor tensión y desviar la atención de los graves  problemas  sociales. Cada día surgen decisiones, arrestos, pronunciamientos. Amenazas como una estrategia generadora de confusión y caos con un juego perverso en el uso del poder.

El miedo y la desconfianza  como un recurso desesperanzador
La desesperanza es inducida de forma intencionada  y permanente. Su objetivo es  hacer sentir  que es imposible cambiar la realidad,  evidenciar como el poder de pocos se fortalece a costa del miedo y la sumisión de muchos. La idea  es que la desesperanza  se convierta  en un síndrome que deprima el sistema inmunológico social, convirtiéndonos en seres vulnerables.  ¿Los síntomas? Queja permanente, duda  y desconfianza de  todos y por todo, conformismo,  pasividad,  sumisión, dependencia, renuncia a nuestro poder…

La esperanza como escudo
La esperanza es el escudo más poderoso para la resistencia y movilización interna y externa. Ahora ¿de  qué tipo de  esperanza estamos  hablando? Nos referimos a esa  que se nutre de emociones, sentimientos, pensamientos, impulsos, principios y valores  que nos mueven a actuar para lograr lo que queremos con los pies en la tierra  pero con la mirada  puesta  más allá de los sucesos.

Amarrar la esperanza a un suceso y no a un proceso, tiene implicaciones psicológicas  y emocionales peligrosas. Si apostamos al resultado y no se logra, la frustración nos puede llevar a la violencia, a la evasión y el desencanto nos puede llevar a claudicar, desentendernos de la lucha.

Hay una tercera  vía  que nos mueve, una vez vivido el duelo por la pérdida,   a  buscar otras estrategias para realizar las transformaciones necesarias personales, sociales y estructurales. Partiendo de lo aprendido sin permitir que el objetivo no logrado, ensombrezca los logros obtenidos durante el proceso, al contrario estos deben ser revalorizados y utilizarlos como combustible para poner en marcha lo que  nos proponemos.

Fe, esperanza y caridad
Tres virtudes teologales que pueden revitalizarnos, más allá de lo religioso. Necesitamos fortalecer el espíritu de la resistencia con resiliencia, esa capacidad de salir  fortalecidos en la adversidad. La fe es un factor protector  poderoso. Nos da la fortaleza para sumir  lo que nos toca, cambiando las creencias que pretende inocular el poder para debilitarnos. En lo político es clave, pero también en otras experiencias y vivencias personales como es el caso de la enfermedad. Un diagnóstico y un pronóstico puede devastarnos emocionalmente; pero  la fe nos da la fortaleza para asumir el tratamiento asumiendo nuestra responsabilidad sin colocar todo el poder en el médico y los medicamentos.

La caridad desde el enfoque que estamos planteando nos exige hacer del amor el motor fundamental. Es el momento de darle contenido práctico a la solidaridad, empatía, compasión, misericordia, servicio… De eso hemos visto múltiples señales en nuestro maltratado país. Esas heridas las hemos visto  florecer en la solidaridad de la gente en el intercambio de medicamentos, alimentos, apoyo emocional, que no justifica la crisis social, pero si son bálsamos para que las heridas no muerdan al infectarse por el resentimiento, odio, venganza producto del abandono, indiferencia e indolencia.

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MÁS CALIDEZ, MENOS AGRESIÓN

 


Por: Óscar Misle, @oscarmisle


Hace algunos días llegó a mis manos un video de Alex Rovira, escritor y conferencista español,  en el que aborda el tema de las caricias y su importancia en la crianza y educación. Aclara que no solamente  son las físicas (besos, abrazos…)  sino  también las verbales, esas que posibilitan reconocer, estimular, escuchar, elogiar…

Una crianza con calidez, tal  y como lo plantea el enfoque de disciplina positiva,  parte de estas premisas en las que se le da vida a las palabras empatía, compasión, comprensión, aceptación, reconocimiento  

Rovira utiliza una imagen interesante. ¿Qué pasaría en un desierto con una sed que ahoga producida por el calor agobiante si de pronto divisamos un charco con agua sucia, mal oliente?… Sin duda  cualquiera de nosotros  se lanzaría a beber de sus aguas contaminadas.

Cuantas veces la soledad y el deseo de ser amados hacen que  caigamos  en relaciones tóxicas con el deseo y fantasía de  que calmarán  nuestra sed de amar y sentirnos amados.
Detrás de  muchos de los  comportamientos hostiles de nuestros hijos y estudiantes está  la necesidad de sentirse atendidos,  vinculados, visibles. Prefieren las  agresiones  a sentirse  ignorados. Cómo diría esa vieja canción “odio quiero más  que indiferencia porque el rencor hiere menos  que el olvido”.

No  con poca frecuencia encontramos  parejas que no saben vincularse sino desde la hostilidad. Si no pelean no se  comunican. La situación se hace más dramática cuando viven el síndrome del nido vacío. Les  toca  quedarse solos. No están los hijos presentes y no saben  qué hacer con ese espacio de intimidad que los intimida por la poca capacidad de dar  y recibir caricias; no solo físicas, también las afectivas y emocionales.

El amor si no se abona se seca, se marchita. Requiere tiempo y espacio para la comunicación y el encuentro. No hay peor soledad  que la  que se siente en compañía.  En uno de mis más recientes libros “Heridas que muerden heridas que florecen” hago referencia a situaciones  sobre la convivencia    con personas que han  sufrido  profundas heridas emocionales que no han sanado. 

Están tan presentes y abiertas que muerden. Una herida emocional para que deje de morder y florecer requiere ser reconocida. Identificar los sentimientos y emociones que hacen  que duela. Es como cuando alguien va a la playa y se insola y le aterra que alguien lo abrace porque le duela que lo toquen. Eso también pasa  en lo emocional. Las experiencias pasadas, especialmente en las que hubo agresiones de diferente índole, físicas, emocionales, quedan infectadas y dificultan la relación con los demás.

El poder de las caricias

Sentirse queridos. Don Bosco decía  que no basta con querer a los muchachos, tienen  que sentirlo. Es cierto. Nos podemos esforzar para  que a nuestros hijos no les falte nada  material, pero si no se sienten amados buscarán la atención a través de comportamientos inadecuados, en las adicciones por ejemplo

Dar y recibir amor. Amar es un arte. Requiere formarnos para reconocer y regular nuestras emociones. Si no somos capaces de reconocerlas y aceptarlas podemos reprimirlas y nos harán  una mala jugada. Conocer nuestro mundo emocional requiere que acariciemos lo que somos, sentimos y cómo  nos vinculamos con otros. ¿Si no nos amamos a nosotros  cómo podemos amar a los demás?  

Sentir si es cosa de hombres. Si los niños varones aprenden desde los primeros años a reconocer y expresar sus emociones seguramente crecerán menos violentos. En los índices de violencia por homicidios más de 80% de los casos son varones las víctimas y victimarios.

Nos hace autónomos emocionalmente. Está demostrado que las personas que no se sintieron amadas y fueron víctimas de agresión, abandono, exclusión… son las más vulnerables a caer en fanatismos religiosos o políticos. Su vacío existencial las puede convertir en seres dependientes, manipulables,  sumisas a quien ostenta poder, leales, ciegas con tal de sentirse parte de una ideología  que les permite sentirse incluidas aunque en la práctica no se traduzca en hechos concretos.


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EL CONDÓN EMOCIONAL


Óscar Misle
@oscarmisle

Hace algunas semanas fui a ver  la película “Truman”. Está coproducción argentino- española cuenta las vivencias que comparten dos amigos de muchos años que se reencuentran cuando uno de ellos, Tomás, interpretado por Javier Cámara, visita inesperadamente a Julián, magistralmente interpretado por el actor argentino Ricardo Darín. Ambos, gracias al  perro de Julián ("Truman"), deben hacer un esfuerzo para liberarse de sus respectivos condones emocionales,  compartiendo momentos emotivos y sorprendentes relacionados con la situación complicada que vive Julián y que toca emocionalmente a ambos cuando la muerte se convierte en protagonista.
En una de las conmovedoras escenas un hombre joven, que estaba sentado a mi lado derecho, comienza a llorar y su pareja con la intención de calmarlo, le acariciaba el brazo para  que dejara de llorar. Le comentaba: “no te pongas así. No seas tontico, es solo una película”. ¿Resulta incómodo ver un hombre llorar?     
No se vale sentir. Cuando  vemos a  algún ser querido o cercano expresar  sus sentimientos, inmediatamente, movidos sin duda por el amor, hacemos lo imposible por cambiarle la frecuencia y sintonizarlo en un canal  diferente. En  otras palabras, lo estimulamos a reprimir  su emoción.
Tratamos de “preservarlo”  intentando algo que  distraiga su sentimiento,  para  que  no sufra, no sienta, no se moleste, no llore.

 “Heridas que muerden, heridas que florecen” (Editorial Planeta) es el título de mi libro en el que  hago referencia  al  condón emocional. Ese preservativo transparente que da la sensación de  no estar, porque no se ve;  pero  se evidencia cuando    forra nuestros sentimientos, emociones… especialmente   cuando  el momento  íntimo se aproxima y nos da terror esa posibilidad  de quedar  al descubierto.
Cada  herida  emocional tiene un condón. Se adhiere a su forma y tamaño. Aprendemos a utilizarlo desde nuestro nacimiento cuando somos heridos  en los lugares en los  que tendríamos  que sentirnos  más seguros y protegidos, paradójicamente cuando estábamos  bajo el techo de las personas  que más amábamos.

Nos  vamos anestesiando emocionalmente, para evitar  contactar el  dolor, la tristeza, la rabia. Puede llegar a convertirse en una segunda piel…
Nos acompaña la dificultad de  expresar lo que sentimos. Un condón que  no es de  látex. Está fabricado y lubricado con la  vergüenza y el miedo a sentir y expresar sentimientos.
.A la salida de la sala,  después de ver la película, Tomás y Julián habían logrado su cometido. A unos les pareció una historia pesada y calificaron a los personajes como indolentes, fríos. A otros, entre los que me incluyo, nos pareció aleccionadora. Muestra el drama de dos hombres que no sabían manejar los momentos íntimos y sensibles pero que hicieron lo que podían para darle vida a la lealtad propia de su amistad, a los afectos expresados de  forma diferente, no por ello menos amorosa.
Posiblemente cada quien vio la película a través de su transparentes condones emocionales. El hecho es que los razonamientos se tiñeron de emociones que hicieron que la objetividad y subjetividad se entremezclen en una danza compleja y en algunos casos contradictoria. Podemos decir que la  puesta en escena logró a unos sacarnos de la anestesia emocional a otros atraparnos en nuestros condones.    

Hasta la próxima resonancia


MUCHO DETERIORO PARA 20 MINUTOS

Óscar Misle @oscarmisle La semana pasada me invitaron a una entrevista sobre la situación de los valores en el país. Un tema a...