viernes, 15 de diciembre de 2017

SOBREVIVÍ EL ACOSO


Óscar Misle
@oscarmisle

Carta de un estudiante

Hola me llamo José Rafael, desde el maternal escuché que la escuela es tu segunda casa. Ciertamente es así porque son muchas las horas que pasamos en ella.
Hoy tengo 16 años, el año que viene debo abandonar el liceo. Son muchos los sentimientos encontrados. Me cuesta expresar que en un momento fui víctima de acoso escolar por mi condición. Me tocó sufrir en silencio lo que me no me atreví a confesar por vergüenza, miedo, culpa…

No conté con el apoyo de mi familia. Por mucho  tiempo guardé silencio para no defraudar a mis padres. Me daba mucha vergüenza no saber defenderme.

No era un simple e inofensivo chalequeo
Al principio pensé que era solo chalequeo; pero  comencé a buscar información y me di  cuenta  que era bullying o acoso escolar, Las bromas no eran tales, eran burlas humillantes. No eran ocasionales. Para que sea bullying las agresiones, verbales, físicas, excluyentes deben ser  reiteradas, siempre  delante de unos testigos que se ríen y le dan poder al acosador.   Los espectadores guardaban silencio.  El objetivo: molestar, humillar, excluir y hacer sufrir.

Exploté y me vengué
Un día todas mis emociones, rabia, dolor, frustración, miedo explotaron. Golpeé a ese “compañero” que se burlaba de mí. De víctima pasé a victimario. Ahora que escribo esta carta me hago muchas preguntas: ¿Por qué el acoso es percibido en muchos centros como cosas de muchachos y no se actúa oportunamente? ¿La forma de evitar la impunidad es tomando la justicia por nuestras propias manos? ¿Es la escuela un espacio para ser feliz o debemos soportar las injusticias por omisión, complicidad? ¿Si la escuela es nuestra segunda casa porque cuesta tanto la comunicación entre las familias, docentes, directivos y el resto de la comunidad educativa? ¿Para qué sirve tener leyes si no aplican?

Al final del túnel
Paradójicamente muchas de estas preguntas comenzaron a tener respuesta. Recibí apoyo de la orientadora. Mi familia se acercó al liceo y se implementaron medidas para mejorar la convivencia.  Se crearon espacios para que los estudiantes pudiéramos participar y opinar sobre las situaciones que vivíamos y hacer propuestas para cambiar nuestra realidad personal y social.
Les confieso que comencé a entender lo que se siente ser visible,  experimentar la autonomía cuando fuimos consultados no solo en los momentos en que las cosas van bien sino también cuando cometemos errores y opinamos sobre cuáles deberían ser las consecuencias de nuestros actos.

La osada  profesora Hilda
Siempre la recordaremos. En sus horas de clases no  solo pasaba la materia. Nos motivaba a  pensar, reflexionar. Logró que el aburrimiento no fuese la excusa para agredir a otros.
En estos años he entendido el daño que hace el abuso de poder. El más fuerte humilla al más pequeño; en el que “los viejos” le pasan factura a los nuevos estudiantes y deben vivir su noviciado aceptando imposiciones y abusos que nos impulsan  a responder con violencia empeorándose la situación.

El ingenioso profe Ricardo
No quiero finalizar estas letras sin dejar de mencionar al profe Ricardo quien utilizaba películas, cuentos, fábulas, testimonios en los que se hacía evidente la intolerancia a la diversidad por condición política, racial, religiosa, sexual o de procedencia y lograba en los foros que las respuestas salieran de nuestras propias bocas.
Las cosas cambiaron en nuestro plantel cuando nos dimos cuenta que los factores que generaban violencia y acoso no solo tienen que ver con lo que vivimos en nuestras familias, en el país sino también con lo que pasa en el centro educativo.

Hasta la próxima resonancia


EL ACOSO ESCOLAR, ENTRE MITOS Y REALIDADES


Oscar Misle
@oscar misle

En el libro “Si los pupitres hablaran  ¿Cómo prevenir y actuar en casos de violencia en los centros educativos?”, Editorial Planeta,  de Fernando Pereira y este servidor  hacemos referencia a una serie de  mitos que se tienen  sobre el acoso escolar. Creencias que  en muchos casos lo banalizan o encubren.  A continuación compartimos el mito y cuál es la realidad.

Mito
Acosar al otro es solo bromear, es  “cosa de muchachos” violencia, como tal, no es.  
    
Realidad                              
Falso: Acosar es más que bromear. Bromear puede ser divertido, pero cuando  acosamos y la broma se convierte en burla  causamos daño. El acoso es violencia. No es un juego.

Mito
Son acosados  porque se lo buscan, lo provocan por su forma de ser, porque no se defienden.

Realidad
Falso: Nadie debe ser acosado. Ser “diferente” no debe justificar agresiones por quien es intolerante a las diferencias,  usa su poder para discriminar, excluir, agredir….

Mito
Sólo los varones acosan.  

Realidad
Falso: Tanto los chicos como las  chicas  acosan, solo  que lo  hacen de  forma diferente.

Mito
Si  la víctima o los testigos  lo comentan a los adultos se convierten en  “sapos” “soplones”.        

Realidad
Falso: Quienes comunican sobre el acoso están defendiendo los derechos a no ser agredidos.

Mito
Los que acosan tienen problemas de baja autoestima.    

Realidad
Falso: Acosar no tiene que ver con un problema de baja o alta autoestima. Se vale de su poder y controlar. someter, excluir…

Mito
La mejor manera de ponerle freno a quienes acosan es hacerles lo mismo a ellos.       

Realidad
Falso: Se estaría actuando de la misma forma  que el acosador. La respuesta violenta complicaría más las cosas.

Mito
Quienes  acosan  lo hacen solo por un tiempo y luego se les pasa.       

Realidad
Falso: quien acosa  tiende a hacerlo por un largo período de tiempo. Mientras peor se sienta la víctima, mayor es su satisfacción. 

Mito
El acosador tiene un montón de amigos.

Realidad
Falso: Es cierto que el acosador  cuenta  con un pequeño grupo  que celebra sus bromas y apoya. El resto suele estar en desacuerdo solo que tiene temor a notificar o reportar   

Mito
A medida  que  crecen,  olvidan que han sido víctimas de acoso.

Realidad
Falso: El  tiempo no  borra las  heridas del acoso. Los recuerdos  dolorosos, la rabia, los traumas  y el resentimiento  pueden acompañar  hasta la adultez.

Mito
El acoso forja a la víctima. Aguantar las burlas  lo hace fuerte

Falso: La víctima no se hace fuerte por aguantar agresiones. Recupera su poder cuando recibe el apoyo necesario y adquiere habilidades sociales para poner límites
En las actividades formativas  con grupos de estudiantes, docentes,  familias,  se puede  hacer el ejercicio de colocar  afirmaciones (mitos) sobre el acoso para identificar creencias. Se distribuyen tarjetas con las palabras “verdadero o falso”. Se le invita a colocar al lado de la afirmación la tarjeta  que consideren apropiada   .Al finalizar  se analizan  la percepciones y hacemos los respectivos aportes  

Hasta nuestra  próxima resonancia
.


LOS ESTUDIANTES QUE ACOSAN ¿QUÉ HACER?

Óscar Misle
@oscarmisle

“Debo confesar que como  familia  nos costó y dolió mucho aceptar que nuestro hijo  estaba acosando a sus compañeros. No sabíamos en qué nos habíamos equivocado y eso nos generó mucha rabia, culpa y vergüenza.
Nos negamos a aceptarlo porque pensábamos que sus bromas eran “cosas de muchachos” Nos parecía exagerado que las calificaran como  bullying.
Comenzamos a investigar.  Vimos que el estudiante que acosa: 

-         Vive la agresión como algo normal
-         Le es placentero  que le tengan miedo
-         Lo hace a espaldas de las personas que   representan autoridad
-         Selecciona como víctima a los más vulnerables
Hace bromas  chistosas pero crueles
-         Acosar le da estatus y reconocimiento entre sus compañeros
-         Necesita dominar y controlar porque eso le da poder
-         Necesita destacarse, ser alguien reconocido y admirado
-         Le cuesta reconocer y expresar los sentimientos
-    Puede que tenga alguna condición (psicológica, emocional, social) que no puede controlar
-         Molesta a sus mascotas u otros animales

Se nos prendieron las alarmas y buscamos apoyo profesional. Fue un proceso que nos permitió trabajar juntos como familia y como comunidad educativa en el colegio
Nos dimos cuenta de la importancia que tiene:

-         Actuar a tiempo. Si sabemos que nuestros hijos utilizan el acoso como una forma de ganar popularidad, indagar cuáles son las causas que hacen que se diviertan causando malestar en los otros.

-         Evaluar qué pasa en casa. puede ser que utilicemos el chalequeo o las bromas pesadas en nuestros propios hogares. Cuando hacemos burlas por  la apariencia física de otras personas, por ejemplo la contextura, tipo de cabello, su forma de hablar, gustos, intereses, orientación sexual. Aunque aparentemente la persona “acepte” que se metan con ella, en el fondo puede estar reprimiendo sentimientos y emociones que no se atreve a expresar.

-         Asumir nuestra responsabilidad. Cuando nos enteremos de que nuestro hijo está acosando a otros, es importante acudir a las citas. Con frecuencia utilizamos como mecanismo de defensa decir: “En mi casa no es así”. Puede ser que en la familia utilizamos esa forma de relacionarnos cotidianamente y asumimos como natural burlarnos de otros

-         Las medidas deben cumplirse. El desacato, incumplimiento de tratamientos psicológicos, médicos, acuerdos  disciplinarios, no contribuirá a que puedan cambiar su comportamiento, al contrario, estaremos reforzando la posibilidad de continuar haciéndole daño a los demás y a sí mismos.

-         Identificar lo que puede estar encubierto. Si bien es cierto que no todos los niños que han sido agredidos física y psicológicamente se convierten en personas  que disfrutan acosando a otros; pasa que la mayoría de quienes acosan sí han sido víctimas de la violencia en alguna de sus expresiones.
 Es importante identificar si en la familia los conflictos los resolvemos agrediendo física, verbal o psicológicamente (quitando la palabra, ignorando, comparando)

- Garantizar tratamiento oportuno y adecuado. Muchos comportamientos violentos pueden enmascarar problemas de salud mental que requieren ser abordados por especialistas. Es muy difícil asumir que nuestro hijo pueda tener problemas en su salud mental, inclusive psiquiátricos; sin embargo, una intervención a tiempo puede ser una de las mejores pruebas de nuestro amor. El  especialista aporta pautas de abordaje que deben ser implementadas en la familia, pero también en el centro educativo. De nada sirve un diagnóstico, un pronóstico y tratamiento si no da pautas para el abordaje conjunto de la familia y el personal del centro educativo.

- Asumir las consecuencias. Cuando ha ganado poder y reconocimiento agrediendo a otros, debemos actuar. Si no lo hacemos nos convertimos en cómplices, encubriéndolo o evadiendo los daños  que  genera. Es importante que haga consciente que la intimidación, burlas, exclusión, humillación, agresiones físicas, virtuales, son hechos violentos que tienen consecuencias graves en las víctimas. No se puede obviar los casos de adolescentes que han recurrido a autoagresiones, suicidios, homicidios como una salida extrema a situaciones de hostigamiento. Cuando hay daños severos  pueden ser delitos por   los  que  hay  que responder   ante el sistema de responsabilidad penal del adolescente.


Hasta la próxima resonancia.

LOS ADOLESCENTES Y LOS DUELOS



Oscar Misle
@oscarmisle

Las personas que se van son como la brisa.
No las podemos ver, tocar, oler, escuchar;
 pero ¡como las sentimos!

Los duelos surgen cuando se producen pérdidas humanas o materiales. Bien sea por muerte de familiares o mascotas, desastres naturales; o por separaciones,  viajes, mudanzas, cambio de centro educativo; o por la transición de dejar de ser niño para convertirse en un adulto…

Con los duelos, los adolescentes pueden presentar  comportamientos diversos que nos  desconciertan. De pronto se tornan hostiles, herméticos o indiferentes; también pueden mostrarse tristes, apáticos o desmotivados; y cuando les preguntamos qué pasa, contestan: “nada”. No saben o no  desean expresar verbalmente sus sentimientos.

¿Qué podemos hacer?

Comprender que, en los primeros momentos,  pueden evadir o negar la situación. La evasión puede ser la forma que consiguen los adolescentes para no contactar el dolor. Pueden mostrarse indiferentes o ensimismarse, evitando contactos con las personas que les puedan recordar la separación;  pueden inclusive encerrarse en su habitación, dormir más de lo común, utilizar internet o cualquier recurso  para desconectarse de la realidad.

Esa negación no la podemos calificar como desamor, indolencia, indiferencia… muy por el contrario, es aquí cuando más necesitan que estemos cerca, haciéndoles sentir con abrazos y otras expresiones de cariño que los queremos y entendemos no están preparados para hablar sobre lo que está pasando. Es importante manifestarles que cuando lo deseen estaremos dispuestos a escucharlos y a compartir con ellos su dolor. El dolor, cuando se comparte, se convierte en fortaleza.

Entender que la rabia es parte del duelo. Nos cuesta aceptar que por causa de una pérdida nuestros hijos se tornen agresivos u hostiles. Sin embargo, esas reacciones son la forma de expresar su rechazo por la pérdida. Es importante hacerles saber que entendemos que sientan rabia y que esa emoción les sirve para expresar su rebeldía frente al dolor de saber y sentir que no podrán recuperar a la persona  o pertenencia perdida.

Hacer ver que lo que sucedió no es su culpa. Los adolescentes pueden sentirse culpables porque creen que su comportamiento pudo incidir en la enfermedad del ser querido,  en la separación de sus padres o en el conflicto en el que hubo rupturas. Se les debe expresar que no fueron ellos los responsables y que si hubo una discusión y se molestaron, su intención no fue generar un daño que pudiera ocasionar ese desenlace, porque el amor está por encima de circunstancias particulares o puntuales.

Expresar que aunque duele lo sucedido, en algunas ocasiones, es un alivio lo que pasó. Cuando mueren familiares con enfermedades crónicas, terminales, con profundos padecimientos físicos y psicológicos, ayuda entender que la muerte los liberó de ese sufrimiento y esto puede ser percibido por el adolescente como un alivio frente al dolor que le embarga. Lo mismo sucede cuando las relaciones de sus padres han sido muy conflictivas, violentas, difíciles, y la separación puede  ser “un mal” necesario.

Aceptar su dolor. Para superar los duelos, hay que vivirlos. Por amor, tenemos la tendencia de querer distraer a nuestros muchachos para “evitarles” o mitigar  el dolor que genera la pérdida. A veces les hacemos regalos y no les permitimos procesar su duelo, llorar y expresar su rabia, evasión, culpa. En  ocasiones, este es  un mecanismo de autoprotección: No  hablamos  del tema  para no  contactar nuestras propias emociones. Es válido y necesario  llorar juntos, para que los adolescentes sientan que no están solos, que también nosotros estamos pasando momentos difíciles y que necesitamos sentirnos acompañados para superarlos.

¿Cómo nos podemos sentir?
Cada persona tiene una forma muy particular de vivir el duelo, aunque la pérdida esté vinculada afectivamente con el grupo familiar o personas con quienes  conviven (como puede ser un salón de clases). Cada quien transitará su dolor de forma diferente. Muchas veces nos angustia no poder mitigar o quitar el dolor y podemos caer en la tentación de evadir el tema. Esa  represión puede generar  hostilidad  en el grupo. Si sentimos que el duelo nos arropa de tal forma que pasamos de la tristeza a una depresión o nos sentimos incapaces de apoyar  o acompañar a nuestros adolescentes, es conveniente  solicitar ayuda.

¿Qué hacemos  si no  funciona?
Si notamos que nuestros hijos no logran superar alguno de los momentos y se mantiene permanentemente la  hostilidad, no quieren salir, pierden el apetito, se enferman, utilizan sustancias adictivas (alcohol, fármacos, drogas…), es importante buscar apoyo con personal especializado (psicólogos, psiquiatras, orientadores, psicoterapeutas).

Hasta la próxima resonancia 


LA FAMILIA Y LA ESCUELA ¿TRABAJAN EN EQUIPO?


Óscar Misle
@oscarmisle

“Cada vez  que a las familias  nos citan en la escuela es para reclamarnos o pedirnos algo. Los horarios los seleccionan pensando en ellos y no en nosotros” Reclamos como estos  no son ajenos a los centros educativos.    
 
El trabajo  con las  familias exige  revisar las estrategias  utilizadas. Generalmente se le convoca o cita para  reclamar el mal  comportamiento de  sus  hijos. Escasas  veces se  les invita  para  que  compartan sus experiencias  y vivencias positivas; sus aciertos en la crianza. Algo similar pasa con las familias  y los docentes, cuando  las  familias  se dirigen a los centros educativos es para reclamar y no para reforzar  y  felicitar.

Esta lucha de  poder dificulta el trabajo  en equipo y las tensiones  familia escuela se pueden hacer  cada vez más intensas y frecuentes.
Se hace mucho énfasis en la necesidad e importancia  del trabajo con la familia con el  objetivo de involucrarlos en el proceso de enseñanza y formativo de sus hijos. La idea  no es sólo involucrarlos en las actividades formales como reuniones, asambleas, generalmente relacionadas  con temas administrativos, sino   crear  oportunidades  que permitan fomentar  una relación más cercana.

Convivir  no es fácil. Conformar  comunidades  educativas, en las que  realmente  exista y se respire  el espíritu de comunidad y de apertura  para aprender y aportar   suele hacerse  cuesta arriba.  Nos encontramos con familias  secuestradas por las demandas  laborales, sin mucho tiempo para asistir a las actividades  escolares. También  encontramos docentes resistentes  a lidiar con familias  que juzguen o critiquen su trabajo y se niegan a propiciar espacios de encuentro  e intercambio más allá de las formales y obligatorios.
Hace falta tiempo  y espacio
A pesar de lo compleja que pueda  tornarse la relación docentes-familia, debemos rescatar  los beneficios que esta relación conlleva. Si logramos involucrar a las familias y propiciar su participación activa los beneficiados serán los estudiantes y la comunidad educativa en general.  

Para comenzar esta tarea las  aulas deben dejar de ser jaulas. Nuestros salones  de clases tienen que ser espacios abiertos, no solo para los  estudiantes, sino que abran las puertas y le den la bienvenida al  entorno.
Carteleras “en  familia” Se pueden montar carteleras  con fotos de las familias de los estudiantes. Un espacio  que honre y haga presente las personas significativas del niño, inclusive se  pueden incorporar  fotos de mascotas  como integrantes del entorno familiar
Actividades de soporte emocional La situación del país  ha impactado negativamente la salud emocional  de los miembros de la comunidad educativa. Realizar encuentros en los que se pueda poner en palabras lo que se siente es importante. Se puede invitar especialistas  que aporten estrategias para el trabajo emocional, estrés, ansiedad, agotamiento.      
Actividades  de fortalecimiento familiar. Se pueden realizar  actividades artísticas, de cocina, lectura de cuentos, teatro en las  que  se  aborden temas relacionados  con la convivencia y los valores que se  necesitan para vivir en paz.
Formación ciudadana y democrática. Se pueden hacer cine foros, conversatorios, grupos de reflexión,  en los  que las familias  puedan realizar sus aportes  profesionales; pero  también aportar desde sus  vivencias para humanizar la educación y hacer  que  lo socio emocional  sea  parte  del proceso  formativo.
Solidaridad comunitaria. Si algo se puede rescatar de la crisis es la posibilidad de darle contenido a valores como cooperación, solidaridad… La situación del país afecta a las familias para la adquirir alimentos, medicamentos… Las redes de solidaridad pueden ser una estrategia para apoyar a otros.

Hasta la próxima resonancia

EDUCACIÓN TRANSFORMADORA. UNA LUZ EN EL TUNEL


Óscar Misle
@oscarmisle

Con el grato  sabor que me dejó el  haber participado como Fellow de Ashoka en el 1er Encuentro de Educación Transformadora: REINVENTANDO LA EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA (Del 8 y el 11 de Noviembre 2017) comparto algunas reflexiones  que encendieron la luz de la esperanza durante estos intensos días de compartir. 

Más de 300 líderes en el área de educación nos reunimos en Bogotá. Un espacio de co-creación que sirvió para  promover un aprendizaje transformador y apuntando al desarrollo de habilidades claves del siglo XXI: empatía, trabajo en equipo, liderazgo colaborativo y habilidad para el cambio en los entornos educativos.

Especialistas, académicos, equipos de escuelas innovadoras, universidades, periodistas y emprendedores sociales de la red global de Ashoka y Re-Imagine Learning, pudimos  compartir buenas prácticas y saberes; a través de talleres, conferencias, conversatorios, sesiones prácticas y dinámicas innovadoras que mostraron diversos enfoques de la educación en América Latina.

El encuentro contó con la presencia de participantes provenientes de España, México, Centroamérica, Colombia, Venezuela, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Inglaterra, Senegal e India.
Temas como educación para la paz, educación basada en la naturaleza y sostenibilidad, espacios de aprendizaje, empatía, inclusión, educación y emprendimiento, educación e impacto social, aprendizaje a través del juego, políticas públicas y planificación educativa y evaluación de las habilidades del Siglo XXI se convirtieron en temas generadores  y  movilizadores.
La presentación del Libro “¿Por qué educamos?” fue realizada con un interesante panel de expertos.
Un territorio lleno de preguntas
David Martín Díaz, director de Ashoka España  fue quien realizó y sistematizó la conversación con expertos que nutren el libro.  En su presentación planteó:  “La educación  es un territorio lleno de preguntas, desde la familia emerge una demanda  que busca algo más que exámenes  y deberes. Desde la empresa se requieren nuevos perfiles y habilidades profesionales, el estudiante  declara no tener una experiencia significante y feliz.
…las  conversaciones  con los expertos coinciden  en la importancia de aprender a mejorar el mundo en el  que vivimos. La experiencia vital  de niños tiene  que activarles  como agentes de cambio”.

Educación  disruptiva

En un momento del evento recordé la posición de Germán Pilonieta “La  formación debe concebirse desde otras dimensiones, no tradicionales que tiene la ventaja de poder crear y abrir posibilidades no concebibles desde otros paradigmas ya gastados

Es un hecho cada vez más evidente, que el modelo educativo está “echado a perder”, ya no funciona, perdió su norte y su sentido; debemos encontrar nuevas salidas y nuevas entradas a un mundo cada vez más complejo y dinámico, el cual exige diversas habilidades y competencias distintas y diferentes de las que fueron concebidas en los dos milenios anteriores”.
Para Pilonieta  “la innovación en estos años, y en todos los anteriores, fue de tipo cosmético y de mejora de tal o cual acción, o tal o cual material educativo. Hacerlo sería tan inútil como una arqueología de lo analógico cuando ya estamos en lo digital. Encontraríamos un montón de cosas que ya ni existen por lo obsoletas; mirar desde el futuro obliga a tener posiciones contextuales que van a orientar también lo conceptual”.
Una innovación puede mejorar  lo existente, insiste Pilonieta, pero en el terreno la educación actual significa “mejorar un sistema que ya no funciona”, cosa que la hace muy peligrosa. Se  han encontrado muchas denominaciones en esta necesidad de cambios, educación disruptiva, de transformación educativa, de alternativos pedagógicos, etc.,  “pero al analizarlas no son sino simples propuestas de innovaciones o cambios cosméticos”.
Considera que “las situaciones y efectos que ha dejado el sistema educativo en su desarrollo, y sobre todo en su desgaste, han llevado a pensar que es preciso darle un nuevo sentido, pero ya no a lo educativo como tal (y mucho menos a la pedagogía escolarizante), sino a lo “formativo”, concebido como un nuevo espacio del quehacer humano.
Se trata de saber que aunque es cierto que la finalidad última de este tipo de procesos es la autonomía, como antesala de la libertad humana y categoría axiológica, ésta tiene sentido desde la precisión de nuevos contextos, pues llegar a ella tras la conquista del yo mismo, de todo el potencial personal, en función de ser cada vez más humano, con todo lo que ello implica, requiere de la identificación de una categoría formativa muy importante: la personalización”
Alex Rovira diferencia cambio de transformación. El cambio parte de una necesidad  de adaptación que generalmente viene de afuera “Tienes que” “Hay que”. La transformación es un cambio por un sentido que se activa desde el amor a alguien o a algo

Hasta la próxima resonancia





viernes, 15 de septiembre de 2017

MUCHO DETERIORO PARA 20 MINUTOS


Óscar Misle
@oscarmisle


La semana pasada me invitaron a una entrevista sobre la situación de los valores en el país. Un tema amplio y complejo de abordar, sobre todo por el  riesgo de  quedarnos solo en el análisis teórico del problema.

Decidí aprovechar una diligencia para comprar unas medicinas en una farmacia de La Candelaria y poner todos mis sentidos para detectar lo que, seguramente veo diariamente, pero no logro  observar con la atención necesaria por estar  pensando en lo que tengo  que hacer a futuro  y no  con que estoy viviendo en el momento.

A las 11 en punto salí de la sede de  Cecodap, a 3 cuadras de la estación del metro de Chacaíto. Al iniciar la caminata lo primero que observé fue las maltratadas aceras,  sus grietas, huecos, ausencia de alcantarillas… Desperfectos que diariamente trato de esquivar para no tener otro accidente como el de meses atrás en el que se me  fracturó la nariz por culpa de una acera rota.

Al llegar a una esquina de la avenida Casanova  topé con un grupo de 6 personas, entre los que se encontraban  3 niños,  que se disponía a almorzar  sacando los desperdicios de la basura. Seleccionar lo “comible” mientras destrozaban las bolsas y esparcían  el resto de  los desperdicios en la calle. Dos perros hacían lo posible para comer los suyo.

Con esta imagen continúe mi recorrido rumbo  al metro. En la trayectoria un joven terminó de tomar su café y lanzó el vaso al piso, podía pasar de desapercibido porque no era el único recipiente en el suelo del bulevar de Sabana Grande.

A un costado, en una larga y apretada cola la gente se empujaba para lograr entrar a las camionetas que van al este de la ciudad.
Logré llegar a las puertas de la estación, cerca de la entrada, dos niños menores de 12 años, vendían cigarrillos. El mayor ostentaba uno en su boca. Entré al metro,  las escaleras mecánicas no estaban funcionando.  Continué con mi tarea de observar y pude percatarme de gente muy delgada. Una esbeltez que mostraba deficiencia de nutrición. Otras con ropa deteriorada y en malas condiciones higiénicas. Entraba y salían  caras de no estar  precisamente alegres, serenas, satisfechas, al contrario algunos rostros lucían grises, a pesar de estar escondidos con el maquillaje, ausentes de sonrisas.

Por el torniquete reservado para las personas de la tercera edad  dos adolescentes, una mujer joven con un uniforme azul descaradamente se coleaban sin que nadie dijera nada.
Con un poco de retraso, por fin llegó el vagón: En Chacaíto entra y sale mucha gente, con el impulso del empujón entramos de un solo golpe. Las palabras “disculpe”, “buenos días”, “permiso” brillaron por su ausencia.

De pronto una voz de una mujer se escucha en el pasillo: “Disculpen, no es mi intención molestarlos, solo quiero pedir apoyo para comprar una base para sostener la bolsa que debo llevar por una operación de colon que me hicieron en el hospital hace poco, no le deseo a nadie lo que estoy pasando… si me quieren ayudar  que Dios  los bendiga y si no también”

Antes de llegar a la próxima estación se dispuso a recoger el dinero de quienes se compadecieron, paradójicamente venía de las personas que se veían más golpeadas económicamente. 
  
Por fin llegué a la estación Parque Carabobo, bajé del vagón y  miré el piso en el que resaltaban múltiples pegostes.  La sección que  estaba  cubierta por un desgastado vinil grisáceo, se notaba  que en algún momento fue negro. Resaltaban   recuadros de vinil  que levantaron y no fueron sustituidos. Al salir de la estación un hombre, en plena entrada, se bajó el cierre de  la bragueta y comenzó a orinar al lado de la puerta, delante de todo el mundo, entre los que se encontraban  tres funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana.
Por suerte, muy cerca estaba la farmacia, entré y tomé mi número. En la cola como un eco se escuchaba el acostumbrado: “No hay”. Llegó mi turno. Pregunté por el medicamento para la tensión que estaba buscando. Sin haber terminado la frase la farmaceuta exclamó: “se agotó”. Con rabia, frustración e indignación miré mi reloj y vi que eran las 11:20 am. Tomé aire y continué mi periplo.

Durante 20 minutos viví y sufrí un deterioro físico y humano que golpeó mis ojos. Me dolió sentir que de tanto  topar con él  podemos llegar a acostumbrarnos.
Hasta la próxima resonancia         
           
          

     

SOBREVIVÍ EL ACOSO

Óscar Misle @oscarmisle Carta de un estudiante Hola me llamo José Rafael, desde el maternal escuché que la escuela es tu seg...