martes, 18 de julio de 2017

VACACIONES ESCOLARES ¿CASA POR CÁRCEL?

Óscar Misle
@oscarmisle
 Llegaron las vacaciones en una realidad de país muy compleja. Tener a los niños en la casa  sin poder salir por la violencia y  el alto costo de la  vida se vuelve en u verdadero dolor de cabeza. 



Salir al cine, ir a la playa, visitar centros comerciales, son posibilidades que no están al alcance de nuestros  bolsillos y que dependiendo de la zona pueden poner en riesgo la vida o la integridad física.
La falta de oportunidades o alternativas para la recreación pueden hacer que nuestros hijos e hijas queden atrapados por las pantallas del televisor, enredados en la redes, secuestrados por video juegos, expuestos al vendaval de malas noticias intoxicándose de información inconveniente para su salud emocional.
Previo al período vacacional puede que la imaginación, especialmente en los niños,  alimente expectativas y deseos que llegue  ese momento  que les permita cambiar la rutina,  con alternativas distintas a las cotidianas.
La ilusión  pronto se convierte en desilusión.  Hasta el punto de convertirse en un motivo de estrés emocional  cuando  comienzan a expresar  que están aburridos, unos lo  dicen, otros  lo evidencian  con su comportamiento. Al no tener respuesta la frustración se hace presente y junto a ella la hostilidad.
En estos períodos por la cantidad de tiempo libre, la dinámica familiar cambia, los horarios se tornan más flexibles a la hora de levantarse o ir a la cama, comer, recrearse, jugar… estos cambios pueden generar estrés, a veces difícil de manejar sobre todo cuando las carencias hacen  que no puedan comer lo que  quieren en la cantidad y variedad que desearían, salir con otros amiguitos, ir al parque de diversiones…  
Puede preocupar que tanto tiempo de ocio haga que olviden lo que aprendieron durante el año escolar, de por si hubo muchos días en los que no pudieron ir al colegio y nos preocupa que “pierdan tanto tiempo”. Surge la tentación de ponerlos a realizar actividades de nivelación inscribiéndolos en cursos y talleres. Iniciativas que no suelen ser muy del agrado de los niños y niñas pues sienten que les impide hacer un corte que les permita experimentar con actividades diferentes a lo que comúnmente hacen en la escuela.
¿Qué podemos hacer con los niños?
Realizar actividades artísticas.  Estimulándolos a que se expresen con dibujos que pueden convertirse en cuentos que se compartan con la familia. Podrían realizar tarjetas, cuadros con imágenes o escenas que obsequien a sus seres queridos o para decorar su habitación.
Convertir las manos en posibilidades para crear realizando manualidades sencillas, para crear juguetes, títeres, porta lápices, juegos de memoria;  rompecabezas.

Realizar deportes, paseos, visitas. Se pueden organizar las familias para turnarse y acompañarlos.

Colaborar con las tareas del hogar y compartir, en horarios acordados y que tengan como compensación el estar juntos, comunicarse mientras realizan las actividades domésticas.

Redecorar el cuarto o algún lugar de la vivienda con el apoyo de los adultos pueden organizar la habitación de forma diferente, seleccionar lo que ya no utilizan y si están en buen estado donarlos y de esta forma se estimula la solidaridad.

Ver juntos series o películas, reflexionar sobre el contenido, los personajes, la trama, para identificar qué opinan y sienten sobre lo planteado. Se puede estimular su imaginación preguntándoles qué hubiesen hecho ellos en esa situación.

Participar en planes vacacionales. Son una buena oportunidad para que  puedan recrearse y socializar con otros niños. Se puede investigar los que están realizando las alcaldías para este período, con costos accesibles y personal preparado.

Visitar familiares, pasar unos días juntos, como por ejemplo: abuelos, tíos, primos para compartir y propiciar el acercamiento.
Hay que estar atentos con lo que sentimos, porque puede pasar  que por la situación que vivimos consideremos  que no debemos estar buscando espacios para el esparcimiento y la recreación, sin embargo para la salud mental estos momentos  son claves para el equilibrio personar y familiar. 




EMPODERAMIENTO Y RESENTIMIENTO: MALA COMBINACIÓN


Óscar Misle
@oscarmisle
Instagram: Óscar Misle Terrero

En mi trabajo en la promoción y defensa de los derechos humanos  y en la formación para el ejercicio de una ciudadanía responsable;  siempre he visto con buenos ojos el empoderamiento.

Entendiéndolo como la posibilidad de tomar conciencia de nuestras capacidades y habilidades para vivir nuestra humanidad en condiciones dignas; exigiendo las transformaciones sociales, políticas y culturales necesarias para convivir en una sociedad sin discriminaciones y exclusiones de ninguna índole.

Gracias al empoderamiento los grupos minoritarios, históricamente excluidos, han logrado conquistar con sus luchas sus derechos y reivindicaciones.

Cuando el empoderamiento enmascara resentimiento.
El resentimiento es una forma de ser y de sentir anclada en el pasado. El resentido es un rumiante emocional. La hiel de los recuerdos por las vivencias pasadas hace que sienta que el entorno está en deuda con él. Posiblemente quienes generaron sus heridas fueron personas cercanas y significativas que por abuso de poder, exceso de autoridad, maltratos marcaron su psique afectando la percepción de sí mismo y sintiendo a los demás como una amenaza; porque las heridas no solo están abiertas sino se han infectado.

Quiere vengar su dolor y su rabia en los demás. Especialmente en aquellos que han obtenido logros afectivos, profesionales, materiales, sociales y políticos. Su sensación de minusvalía le hace sentir permanentemente que los otros quieren atacarlo, humillarlo, desconocerlo…  Especialmente cuando difieren de sus opiniones o manifiestan desacuerdos con su forma de ser, pensar, sentir.
El resentido empoderado en la medida en que va obteniendo poder, control, jerarquía puede justificar su proceder a través de la ideología, la religión o condición. Es incapaz de reconocer sus propias heridas; pero si es capaz de culpabilizar a otros.

La posibilidad de caer en el fanatismo es muy grande.  Puede inclusive utilizar el victimazgo como una herramienta para no asumir las consecuencias y responsabilidad por sus actos. Siempre su afirmación será: “La culpa es de los demás”.

Piensa y siente que ser amable es ser servil. Percibe  que en la medida en que es atento con los demás o pone en práctica normas de cortesía se coloca en desventaja y puede ser percibido como inferior. Por ello es común ver como la calidad de los servicios, las relaciones sociales y humanas en general se empobrecen. Dar los buenos días, decir gracias, pedir disculpas, van desapareciendo en la convivencia cotidiana.

Irrespeta las leyes o impone de manera arbitraria o discrecional. Un ejemplo lo tenemos en algunas ciudades del país con el comportamiento de los motorizados. No se puede generalizar; pero es una realidad que violentan las leyes de tránsito, irrespetan a los peatones, ponen en riesgo la vida de los niños y adultos mayores. No solo los civiles; también los funcionarios militares, policiales, violan irregularmente las leyes, circulan a contravía, por las aceras, sin placas que los identifiquen.

Los niños lo aprenden del entorno, perciben que el ejercicio del poder está relacionado con arbitrariedad, abuso, improvisación y lo manifiestan en sus centros educativos. Detrás del acoso escolar hay uso del poder para tener control sobre un grupo y abusar de un compañero más vulnerable utilizando el miedo como estrategia.

El empoderamiento depurado de resentimientos y sustentado con la solidaridad, reconocimiento, cooperación, respeto nos hace ciudadanos dignos y responsables; pero cuando lo que lo mueve es el resentimiento y deseo de venganza hace mucho daño.


¿QUÉ OCULTAN LAS CAPUCHAS?

Óscar Misle
@oscarmisle
Instagram: Óscar Misle Terrero



En el año 1999 a Cecodap le tocó vivir de  cerca los conflictos de liceos emblemáticos como el Andrés  Bello, Fermín Toro, Luis Espelozin y otros  por los disturbios, paros, quema de cauchos,  enfrentamientos… Se señalaban como responsables  a los “encapuchados”.

Para  buscar salidas  pacíficas propusimos a la zona educativa un encuentro con los encapuchados para escuchar sus  inquietudes y solicitudes cara a cara.
No fue fácil convencer a las autoridades. Temían  que eso significaría empoderarlos aún más. Tanto insistimos que  se logró la realización del encuentro. El lugar que se seleccionó fue la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello situada a un costado del edificio del Ministerio de Educación. La condición fue  que no hubiese policías en la puerta para evitar intimidación y provocaciones.

La zona educativa exigió estar presente para recoger las inquietudes de los estudiantes.  Para  motivar la actividad dibujé en un rotafolio una capucha. Los estudiantes se asombraron al ver la imagen. Pregunté: ¿qué oculta esta  capucha? Hubo un largo silencio. Se mantenía  la creencia que es la máscara que se utiliza para violentar ocultando la identidad.

Para provocar su reacción les expresé que pensaba que   detrás de esa  capucha podía haber un adolescente  con ideales, sueños, deseos no satisfechos por las injusticias, inequidades, exclusiones… pero también podía esconderse una persona resentida que busca vengar su rabia utilizando la violencia para desahogarse.

El hecho fue que los estudiantes comenzaron a expresar una serie de situaciones que se daban en sus liceos y que evidenciaban las injusticias, omisiones, abusos, acosos,  irrespeto por parte de directores y docentes de sus centros.

Les pregunté: “¿por qué ocultar el rostro?” Y uno  comentó: “porque es la forma de  preservar nuestra identidad e integridad”. “¿Pero tiene  que ser tras la capucha?” Enfáticamente respondió: “si ¿Cómo me garantiza que si nosotros  hacemos las denuncias y nos identifican no nos pasen  factura, nos detienen o expulsan del liceo?”
Le respondí: “no se los puedo garantizar, lo que si podemos es aprovechar este momento para expresarnos y hacer los reclamos correspondientes al Ministro de Educación. Mientras más argumentos, mejor”. Se eligió una comisión que se encargó por escrito de los reclamos y solicitudes. Su condición fue que no hubiese  intermediarios. Exigieron que la presentación del informe la hicieran directamente al ministro.

De ese grupo de adolescentes hubo quienes se interesaron en las actividades de Cecodap y con quienes mantenemos una bonita relación; aunque tengamos diferencias, el afecto lo hemos logrado preservar.

Por esa misma época escuché a Hugo Chávez, quien para ese momento estrenaba la presidencia, mencionar con mucho orgullo nombres de sus  allegados que ostentaban cargos importantes y de  quienes resaltaba en su currículo haber sido en la adolescencia y durante sus estudios universitarios “tira piedras”, “quema cauchos”. Eso que hoy  se calificaría como “guarimberos”. En esa época se justificaban las trancas de vías, quemar autobuses o camiones como las expresiones de jóvenes movidos por la pasión revolucionaria para protestar contra las injusticias sociales propias del  capitalismo.

En una entrevista reciente el Defensor del Pueblo explicaba las diferencias  del uso de la capucha en los diversos momentos sociopolíticos para concluir que desde su visión ideológica en ese momento se justificaba pero ahora no.

Me pregunto si estos adolescentes que participan en las protestas, señalados y estigmatizados por el gobierno como terroristas, estarían defendiendo la revolución ¿Cómo los denominaría el gobierno? Los asesinados seguramente serían horados como mártires de la revolución. Sus nombres  serían emblemas para las misiones, enarbolados con pancartas, inmortalizados en murales.

Pero al protestar contra la  ineficiencia de un gobierno que se ha ganado un importante  rechazo de la población, es un delito, es terrorismo…
La protesta debe ser pacífica y para que sea así debe evitarse todo aquello que provoque o genere violencia. Las marchas  que han logrado llegar al destino han sido pacificas; las  que  han sido reprimidas se han tornado violentas.

En una sociedad democrática los estudiantes deberían poder protestar sin necesidad de cubrirse el rostro para no ser reconocidos y sufrir represalias, para no tragar el gas de las bombas lacrimógenas… Su condición de ciudadanos les daría el derecho de disentir o rechazar todo aquello que consideran atenta contra sus derechos y dignidad.


Las capuchas no solo las utilizan quienes necesitan resguardar su identidad para protegerse, están las otras, esas que se han convertido en la segunda piel de  quienes esconden sus miserias, resentimientos, soberbia, a esos encapuchados son a quienes hay  que desenmascarar, apegados a lo constitución de 1999 y no a la encapuchada  constituyente que se quiere imponer.       

INMIGRACIÓN. ABRAZOS QUE DUELEN


Óscar Misle
@oscarmisle
 Se ha hecho frecuente en la puerta de emigración escenas desgarradoras. Me tocó ver un joven de 18 años despedirse  de su grupo familiar y amigos. Con llanto le decían adiós, con carteles que decían: “te amamos”, “te extrañaremos mucho”, “el país va a cambiar y volverás”…

Lo que no estaba escrito eran las lágrimas desconsoladas de su familia, de quienes lo abrazaron sin poder despegarse. Un dolor contagiante que nos puso a llorar a todos.

Es recurrente escuchar: “la decisión de irnos no es porque no nos interesa o dejamos de querer a nuestro país, es porque queremos tener otras posibilidades. Tenemos miedo por lo que nos pasó”. Salen a escena los robos, secuestros, homicidios de seres queridos o cercanos.

Un nuevo motivo  que impulsa la salida es la amenaza  que implica la impuesta constituyente por todo lo que lo  trae consigo. Un pretexto para concentrar poder, amasando la  constitución al antojo de un pequeño grupo radical, resentido por la pérdida de  popularidad y dispuesto a todo para perpetuarse en el poder.

Quienes se van deben preparar su equipaje con dolor, rabia y frustración al sentir que no les quedó otra que abandonar el país para buscar mayor seguridad en todos los sentidos.

Lo irónico  es que un buen número de los militantes del gobierno, que se postulan como constituyentes tienen sus hijos o familiares fuera del país. Los sacaron para protegerlos de la inseguridad  y garantizar el bienestar que no tendrán en Venezuela.

El hecho es que  el colorido suelo de Cruz Diez se convirtió en una alfombra gris para muchos venezolanos que se han ido en busca de una nueva vida, en su equipaje llevan  ilusiones pero también hay un corazón herido por lo que dejan en su país.

En mi libro “Heridas que muerden heridas que florecen” de Editorial Planeta  cuento lo que vivió Denia Vega: “El aeropuerto estaba lleno. Las personas iban y venían, con júbilo. Yo sin embargo estaba triste, miraba a mí alrededor, estaba mi viejita, mi hija, mi nieto, mi hermana y sobrinos y un gran amor.

Aquel bonito cuadro, en breve quedaría atrás y yo emprendería un nuevo camino,
con toda mi soledad en el alma... Por fin, anunciaron el vuelo. La despedida, con lágrimas en los ojos y sin saber cuándo nos volveríamos a ver.
Pasé a abordar el avión. Ya en él, surgió la voz de la azafata, dando las instrucciones de vuelo. Me abroché el cinturón y el avión comenzó a deslizarse por la pista y fue allí, cuando empecé a sentir que mi corazón cada vez se apretaba más y más, hasta el instante en que despegó su vuelo. Yo sentí en lo más profundo de mi ser, que mi corazón se desprendía del pecho y también quedaba atrás; junto a mi familia…”

Imaginé en su relato a mi prima y a todos los seres queridos  que nos ha tocado  despedir. El calor y el dolor del abrazo de despedida nos tienen  que dar la fortaleza para seguir en las calles, haciendo lo que nos toca para evitar que el país sea secuestrado por quienes quieren seguir violando la constitución. Soy optimista, el poder del soberano se hace sentir cada vez de forma más decidida para que la justicia venza la oscuridad y vislumbremos un nuevo horizonte.

El colorido suelo del aeropuerto honrará de nuevo a Cruz Diez, con abrazos de bienvenida para quienes  volverán el reencuentro con su amores y sueños



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viernes, 30 de junio de 2017

¿CÓMO FORMARLOS PARA AUTO PROTEGERSE?


Óscar  Misle
@oscarmisle



Daniel (5 años) vive en el 3er piso, escucha detonaciones en la calle, se asoma por la ventana y ve a un grupo de personas corriendo. Se escuchan unos disparos y el sonido de bombas lacrimógenas. Carmen, su abuela, corre y le grita: “¡quítate de la ventana que te pueden meter un tiro! El niño se asusta. Cuando su mamá llega del trabajo ve que Daniel está muy  ansioso y le cuenta parte de  lo sucedido. La otra parte  se la cuenta la señora Carmen. 

Vivimos un clima de zozobra en el que la violencia se hace presente producto de la represión en las protestas por parte de la guardia nacional, policías, saqueos, intervención de grupos de  civiles armados…  

Los niños se dan cuenta de lo  que está sucediendo. Son capaces de contar  con detalles  lo que observan desde  las ventanas y balcones. Comentan lo que les cuentan en sus colegios, lo que padecen cuando los gases de las bombas entran a sus apartamentos, áreas sociales,  colegios,    

Se molestan  cuando no pueden ir a los colegios,  salir a jugar, pasear. Les cuesta aceptar  que no se puede salir a ciertas horas, transitar por determinados lugares o calles debido a las trancas, plantones, piquetes  policiales.

Pueden sentir miedo a que le pase algo a sus familiares cuando participan en las protestas, no siempre pueden expresar con palabras lo que sienten y lo hacen tornándose hostiles, inquietos, temerosos, inseguros

¿Qué recomendarles cuando estén en la zona de conflicto?

Si están solos buscar la ayuda de un familiar o persona cercana. Es importante que tengan sus números de teléfono grabados y números de emergencia a los cuales pueden llamar para solicitar asistencia.

Si está en la calle dirigirse hacia lugares donde haya más gente, entrar a un establecimiento comercial o cualquier otro lugar para buscar apoyo. Está bien gritar para pedir ayuda. Explicarle que no  se debe sentir vergüenza para pedir apoyo

Resguardarse e incluso lanzarse al piso, si están pasando por algún lugar donde se escuchan detonaciones. Nunca ir a investigar para ver qué pasó por más que vean gente haciéndolo porque corren peligro. Si están lanzando bombas lacrimógenas no correr y cubrirse la cara con un trozo de tela  con agua con bicarbonato. Hay niños que llevan en sus morrales botellitas con  este preparado   

Nunca asomarse por la ventana o balcón si se escuchan tiros o detonaciones. Tampoco asomarse por la  puerta o subir a la azotea porque pueden ser agredidos.

Las camas no deben estar al lado de ventanas que den hacia la calle; sobre todo en lugares donde se escuchen detonaciones o bombas lacrimógenas

Conocer cuáles son los lugares riesgosos en los  se generan este  tipo de agresiones. Especialmente lo deben saber los más grandecitos para que eviten  poner su vida en peligro cuando van o vienen de sus centros educativos

Seleccionar muy bien las personas con quienes se reúnen y evitar asociarse con personas que tienen armas o que resuelven violentamente las situaciones agrediendo a otros.

Transmitirles seguridad. Hacerles sentir  que a pesar de lo  que acontece, como familia estamos para protegerlos

Si es posible, no hay amenazas ni violencia en los alrededores, es conveniente llevarlos al centro educativo. Como padres y representantes tenemos la obligación de garantizar su integridad física y su derecho a la vida. Cada familia debe evaluar, día a día, las condiciones y factores de riesgo.
Es irresponsable que las autoridades presionen para que se realicen las actividades con regularidad en zonas de enfrentamiento solo para demostrar que todo está “normal”.

¿Qué podemos esperar de los centros educativos?

Asumir que estamos transitando tiempos difíciles que impactan la cotidianidad. Entender que puede haber comportamientos que pueden traducir irritabilidad, hostilidad, apatía, tristeza por parte del estudiantado. El centro debe ofrecer la posibilidad de que puedan expresar y drenar lo que piensan y están sintiendo.
Contar con una programación especial considerando lo que los estudiantes están viviendo, cómo los está afectando a ellos y a sus familias. La organización de debates y actividades artísticas (música, pintura, teatro, danza…) pueden ser diferentes vehículos para canalizar sus inquietudes y preocupaciones.


Los tiempos que vivimos requieren flexibilidad. En la programación, si no asisten todos los estudiantes, si los muchachos están inquietos y preocupados por lo que sucede y se sienten al margen se requiere flexibilidad en el horario. Se pueden establecer jornadas con horarios que permitan tener menos horas de clases para finalizar antes de que la zona se colapse.

* Artículo publicado en RESONANCIAS. Opinión, en el portal de @CaraotaDigital 

jueves, 18 de mayo de 2017

SALUD FÍSICA Y MENTAL DE LOS DOCENTES. 10 SEÑALES DE ALARMA

Óscar Misle Terrero
@oscarmisle

En las últimas semanas hemos sido testigos de lo afectada  que está la salud física y mental de los docentes. Los talleres, conversatorios, encuentros se  convierten en espacios de catarsis por la difícil  situación que les toca  enfrentar.

 10  señales de alarma:
1.    Deterioro físico. No se están alimentando de forma adecuada. Deben sacrificar  algunas de sus comidas diarias. La ingesta es de mala calidad y poca cantidad. La pérdida de peso es evidente. Las deficiencias nutricionales afectan su rendimiento.
2.    Angustia   por la deficiente remuneración  con una realidad inflacionaria que impide el dinero alcance para satisfacer las necesidades elementales. Los espacios para el esparcimientos y recreación  son eliminados de la lista de prioridades por  la precariedad de sus ingresos

3.    Sentimientos de impotencia para abordar los conflictos. La convivencia escolar se ve afectada por los conflictos sociales y políticos en los  que la violencia, hostilidad, intolerancia  generan agresiones entre los diferentes miembros de la comunidad educativa. Situaciones  que requieren estrategias de resolución de  conflictos, de  negociación, pactos o acuerdos que exigen  la formación para su conocimiento e implementación.
No en pocas ocasiones las reacciones de los   alumnos y sus familias  se traducen en  amenazas, agresiones verbales e incluso físicas.
4.    Incomprensión y críticas que afectan su estado emocional. Se les exige incondicionalidad, capacidad de respuesta a situaciones  complejas que escapan de sus posibilidades. Especialmente problemas emocionales  de los estudiantes que se trasladan de la familia al aula y que requieren  la intervención de especialistas en salud mental con los  que no se cuenta en la mayoría de los centros educativos
5.    Frustración y angustia al no lograr el rendimiento escolar esperado.  Los motivos son complejos y variados. La falta de motivación en las actividades académicas suele ser consecuencia de la  conflictividad político social que afecta  a los estudiantes y comunidad en general, la alteración de las rutinas escolares por la dificultad para  asistir a los centros educativos por  la suspensión del metro, transporte público, trancas de las vías de acceso o represión que  afecta a los centros educativos  que se encuentran en las adyacencias de las  zonas  conflictivas
6.    Rabia y sentimiento de culpa al sentir que no pueden  expresar su descontento o apoyo a las marchas sacrificando  su derecho ciudadano a exigir cambios sustanciales en sus condiciones de vida en lo familiar y profesional
7.    Soledad al no contar  con la comprensión  y apoyo del personal directivo. Sus propuestas e iniciativas no son valoradas. Se les exige  que  actúen en una “normalidad”  ficticia  que  no se ajusta   a lo que exige la realidad. No se realizan  actividades de refuerzo socioemocional con el equipo docente que permitan hacer catarsis,  expresando sentimientos y emociones con estrategias apropiadas para canalizarlas
8.    Miedo e indignación. Al sentir  que se impone un estado cada vez más  autoritario, que busca legitimarse con decisiones  unilaterales impuestas como es el caso de actividades proselitistas como las asociadas a la constituyente educativa.
9.    Confusión e inestabilidad por las luchas de poder en el seno de las instituciones educativas  por las diferentes  posiciones, muchas radicales, por las familias en relación a la suspensión de la actividades escolares, las presiones de las zonas educativas por mantener  las clases  obviando las realidades y los riesgos reales presentes en las  zonas de mayor conflictividad.
10. Angustia al no contar  con planes de contingencia. Los centros educativos que son blanco de agresiones por la represión o por hechos delictivos  ponen en riesgo la integridad de los miembros de la comunidad educativa especialmente la de los niños y adolescentes



Cecodap y el Consejo Municipal de Derechos del Niño, Niña y Adolescente del Municipio Chacao ofrece la conformación de un grupo de apoyo psicosocial  a docentes en contextos de crisis. Es gratuito pero requiere inscripción pues el cupo es limitado. Para mayor información pueden contactarnos a cecodap.creciendosinviolencia@gmail.com

martes, 11 de abril de 2017

LA POLÍTICA ¿QUÉ SIENTEN Y PIENSAN LOS NIÑOS?


Situación política ¿Qué piensan y sienten los niños y niñas?

Óscar Misle

¿Hablar de política con los niños?

Es importante evitar  caer  en  los extremos. Uno, colocarlos en una burbuja, haciéndoles  ver  que no está pasando nada. El otro,  saturarlos de información hasta intoxicarlos emocionalmente. Lo ideal es administrar la información, tomando en consideración la edad  y momento de desarrollo.

Si  no hablamos  con nuestros niños y niñas de política, otros lo harán  por nosotros. Se pueden convertir  en  víctimas de manipulaciones, especialmente en los centros educativos cuando los  docentes utilizan el aula para hacer proselitismo político.
Cuando  lleguen a la adolescencia esos espacios vacíos, por desinformación, los hace especialmente  vulnerables  a propuestas  ideológicas  que se  valen de pretextos como el amor, la justicia, la igualdad para atraer su atención e interés. Puede que sean seducidos por  propuestas  que validan y utilizan la violencia como medio  para alcanzar los valores que sustentan los discursos.
¿Lo aconsejable es enviar a los niños y niñas al colegio en momentos de tensión politica?

Lo ideal  es  que  puedan retomar lo antes posible  las actividades escolares. Es el espacio que  puede  mantener las rutinas que posibilitan concentrar  la atención en actividades académicas, deportivas de intercambio para expresar lo  que piensan y sienten  sobre  lo que genera  conflictos. Es más puede  la escuela convertirse en un espacio educable para que la situación de crisis posibilite formarnos  sobre la democracia, la participación, el respeto a diversidad, las protestas, pacíficas y sin armas, los derechos y responsabilidades  ciudadanas.

 ¿Cómo manejar  las situaciones de tensión y estrés, especialmente en las zonas donde se realizan las protestas y ocurre la represión?

Es un trabajo que debe empezar  por nosotros. No es  fácil abordar las  situaciones de ansiedad, estrés, angustia en la  familia. Especialmente  cuando sentimos que  fácilmente perdemos el control, paciencia y la violencia intrafamiliar se hace presente. Solicitar  apoyo profesional es importante.

Establecer momentos de encuentro para   intercambiar  con los niños y niñas, preguntarles cómo se  siente para indagar qué   interpretan de lo que está pasando. Suele pasar  que están más informados de lo  que imaginamos y no lo comunican porque no le dedicamos  tiempo  para  intercambiar. Con los más pequeños se pueden  utilizar dibujos, títeres, cuentos, fábulas, para  que  expresen sus emociones. Lo ideal es  mantener los  horarios de las  comidas, la hora de  ir   a la cama, para  no llevar el caos  que se  vive afuera a la casa.

  ¿Los padres deben permitir que sus hijos e hijas adolescentes, participen en las manifestaciones y protestas?

Las  familias  tienen el deber de proteger a sus hijos e hijas  y les  toca decidir  si es  conveniente o no llevarlos a las  protestas y manifestaciones, especialmente en  contextos en los  cuales la violencia se puede  presentar  en el momento  que menos esperamos. El adulto,  por su misma  condición,  cuenta  con  más  recursos  para auto protegerse en caso de  surja  un incidente. Los niños tienen
 mayores dificultades a la hora de correr, esconderse o resguardarse.







VACACIONES ESCOLARES ¿CASA POR CÁRCEL?

Óscar Misle @oscarmisle   Llegaron las vacaciones en una realidad de país muy compleja. Tener a los niños en la casa  sin poder salir ...