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lunes, 9 de abril de 2018

LOS ABUELOS. SE LE EXIGE MÁS DE LO QUE PUEDEN

Óscar Misle
@oscarmisle

Muchas familias tienen  dificultades para conciliar la vida laboral y familiar. Deben recurrir a los abuelos y abuelas  para  que los apoyen con la atención y crianza de los nietos.
Es cada vez mayor el número de abuelos  a quienes les  dejan los nietos porque  los hijos salieron del país. Lo hacen buscando condiciones  que posibiliten llevarse a los hijos cuando sea económicamente posible.
   
Cuando se desplaza la atención de los niños a los abuelos pueden  surgir conflictos por desautorizaciones o lucha  de poder. No  se establecen  acuerdos claros en las pautas de crianza o puede  que se establezcan pero se dificulta el cumplimiento por la distancia o por no contar con  tiempo  y espacio para la comunicación

El hecho es que les toca  cumplir un rol importante en la crianza de los nietos, sin contar a veces  con el apoyo y justo reconocimiento de su esfuerzo y son evaluados  injustamente. Ciertamente muchas veces caen en extremos, son "consentidores" o a veces muy estrictos. Pueden repetir la receta rigurosa que utilizaron para criar o pueden ser  más flexibles porque se dan cuenta que en muchos momentos “se les pasó la mano”.
Los celos de los hijos al sentirse  desplazados porque  los nietos ocupan toda la atención forma parte de la compleja realidad de la crianza compartida.

Son incomprendidos

"Es que mi abuela no me para, se le olvida todo". "Es una manipuladora, hoy amanece bien y mañana se queja de que le duelen los huesos". "Parece que no oyera hay que gritarle para que nos atienda" "Repite y repite las cosas, es un fastidio"… No saben que los abuelos, por su condición, tienen desgaste físico, psicológico, cambios emocionales.
No en pocos casos, cuando hay una reunión en la escuela, son las abuelas las que asisten; pero las decisiones finales las toman el papá y la mamá porque son los “jefes de familia”; sin embargo por sus ocupaciones laborales y sociales  desconocen muchas veces cuáles son las situaciones emocionales que atraviesan sus hijos.
Los abuelos no cuentan con un proceso de formación que les permita revisar y renovar sus pautas de crianza como por ejemplo contar con  herramientas para educar sin agredir. Es necesario revisar las convocatorias a las iniciativas escolares  de formación familiar.  Puede  suceder que la atención se  focalice en la madre o el padre y se excluye a abuelas y abuelos.

Soledad desolada
A los abuelos también les toca despedir a sus hijos y nietos y deben vivir sus duelos en silencio. La soledad se vuelve desolada por la incomunicación  y la falta de contacto emocional. Las tecnologías ayudan pero no son suficientes.
A los abuelos les toca quedarse en un país  que no los considera prioridad. Cuando logran tener la pensión no le alcanza  ni para las medicinas. No  logran contar con medicamentos esenciales para las dolencias propias de la edad. Su alimentación  se ve seriamente afectada por la mala calidad y poca cantidad. No comen lo que requieren sino lo que hay.  Pierden peso, su masa muscular se desgasta afectando la movilidad, su sistema inmunológico se debilita y son recurrentes las infecciones.
Cuando se enferman y la discapacidad llega a sus vidas es difícil contar con enfermeras o personal de apoyo. El mermado presupuesto familiar no lo permite.
A algunas familias no les queda otra que internarlos en una casa hogar. No es para nadie un secreto las precarias condiciones que ofrecen estas instituciones que también están fuertemente golpeadas por la crisis.

¿Y los  que se tienen que ir?
Hay abuelos que se resisten a dejar su país, su casa, sus afectos, referentes emocionales. Incluye a los inmigrantes que llegaron muy jóvenes. “Me duele sentir  que a mis 85 años esté viviendo las mismas condiciones por las que tuve que abandonar mi tierra” fue la expresión, con lágrimas en los ojos  de un abuelo que está procesando su regreso al país de origen.
También están los abuelos que viajan al reencuentro con sus familiares. Para ellos la situación es diferente. Tienen  el aliciente de reunirse con sus seres  queridos.
Es necesario comprenderlos. Todos vamos para allá. Solo la empatía nos permite ser justos y respetuosos de su proceso. Necesitan de nuestras palabras afectivas, abrazos, apoyo para darle sentido a  su vida

Edad de oro  
Para Bernardo Javalquinto  en otras sociedades cuando un barco se hunde tiran al mar a todas las personas y salvan a los ancianos, porque ellos guardan el conocimiento, la sabiduría. En la nuestra salvan a las mujeres y los niños. En las culturas milenarias de oriente las personas de la tercera edad son valoradas por su grandiosa sabiduría acumulada durante muchos años. Los jóvenes recurren a ellos para pedir consejos y para aprender los valores y las claves de la felicidad. Nuestros abuelos existen y merecen respeto pero la meta principal es hacer la vida de los adultos mayores más digna,  fácil y mejor, ayudándolos en tantas áreas como sea posible. Es una tarea pendiente del estado que no acepta justificaciones y mucho menos migajas

Hasta la próxima resonancia

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