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martes, 26 de mayo de 2020

NO ESTAMOS EN EL MISMO BARCO



Óscar Misle

“Cuando soplan vientos de cambio,
algunos construyen muros
 y otros molinos” (Proverbio chino)

El coronavirus puso en una alargada cuarentena a la educación. Por decisión del  Ministerio del Poder Popular para la Educación el año escolar se concluirá desde la casa con el eslogan “Cada familia  una escuela”. Para preservar la salud y la vida de los estudiantes es necesario el aislamiento social  a través del confinamiento en sus casas, cosa que no se cuestiona, al contrario  se apoya como media preventiva para evitar la propagación del virus. 

Sin embargo,  pretender convertir la casa en una escuela  si es cuestionable, por lo que implica la concepción que se tiene de la escuela, amarrada a un currículo que no da respuesta desde  hace mucho a las necesidades  y requerimientos de los nuevos tiempos y menos aún con las ruptura de paradigmas que  significará el día después del coronavirus- Ya están surgiendo nuevas preguntas sin respuestas sobre cómo será la convivencia ciudadana, familiar y escolar ,en la que posiblemente tengamos que convivir con mascarillas o tapa bocas para preservar la salud y atrapar besos para no  infectarnos.

¿Acaso no venimos utilizando desde  hace siglos “tapa bocas“ en la educación? por el riesgo y el costo  que significa opinar, disentir, cuestionar, participar, donde solo se vale oír, y repetir sin cuestionar.    
       
Por una educación  disruptiva

La formación desde otras dimensiones, no tradicionales, tiene la ventaja de poder crear y abrir posibilidades no concebibles desde otros paradigmas ya gastados (Germán Pilonieta)
El autor plantea que pensar los procesos de formación desde otras dimensiones, no tradicionales, tiene la ventaja de poder crear y abrir posibilidades no concebibles desde otros paradigmas ya gastados, o al menos poco útiles en este milenio.

Alex Rovira diferencia cambio de transformación. El cambio parte de una necesidad  de adaptación que generalmente viene de afuera “Tienes que” “Hay que”. La transformación es un cambio por un sentido que se activa desde el interior del ser humano y se activa con el  amor a alguien o a algo.

Para Pilonieta una innovación disruptiva tiene la posibilidad de ser muy poderosa y suele aparecer fuera del campo de acción en donde se esperaría que ocurriera.
La mirada se hace desde otras perspectivas y son otros los referentes desde donde se construye.

Un nuevo espacio para el quehacer humano

Los  efectos y consecuencias que ha generado el sistema educativo en  una etapa que se puede catalogar de vencimiento, nos lleva  a pensar que es preciso darle un nuevo sentido a la educación, no la pedagogía escolarizante, sino a lo “formativo”, concebido como un nuevo espacio del quehacer humano.
Una formación que tenga  como finalidad  la autonomía, libertad, convivencia democrática exige nuevos enfoques, nuevas prácticas, una visión más integradora del ser humano, desde sus diversas  y complejas dimensiones para  hacer florecer su potencial personal y social.

De lo fragmentado a lo integrado
Sentencia Pilonieta que desde el modelo tradicional de aula escolarizante, de currículo fragmentado y de profesor de materia, nunca podremos llegar siquiera a pensar en la personalización; hacerlo desde lo tradicional es imposible e insostenible en todo sentido. El modelo de aula escolarizante es obsoleto, y hacer más aulas para encerrar más chicos no solo es un gran error histórico y de crecimiento, sino la prueba de una miopía política imperdonable.

Todos en un mismo saco
Muchos de los presupuestos del modelo tradicional de aula son absurdos, como pretender que hoy todos los niños y jóvenes aprendan lo mismo y al mismo tiempo y ritmo (períodos académicos), en cursos dictados por profesores, en los mismos textos escolares, con un currículo único y que la evaluación sea homogénea, etc. En la actualidad solo las innovaciones disruptivas permitirían hacer algo verdaderamente importante en educación.

Es injustificable continuar y validar una educación que  empobrezca, excluya, atada a un  pasado  que  se traduce  en un presente que se empeña por mantener tercamente un sistema que ya no funciona, cuando “el mundo y la dinámica de futuro nos ponen en bandeja de oro la oportunidad de transformarnos por medio de la personalización radical y las innovaciones disruptivas” (Pilonieta).

¿Todos en el mismo barco?
Leí en un mensaje de WhatsApp que me envió mi amigo Ángel Sánchez  y decía que con el coronavirus no estamos en el mismo barco, estamos frente a la misma tempestad. Para algunos la cuarentena  es un momento de reflexión, de reconexión. Para otros, es una crisis desesperante.

Estamos pasando un momento en el cual nuestras percepciones y necesidades son completamente distintas. En estos momentos  necesitamos una educación que nos permita hacerle frente a la  tempestad.

Es necesario que nos ubiquemos y busquemos formas, modos de procesar lo vivido. Observar más allá de la ideología, más allá de religión, más allá del propio ombligo para que la empatía y solidaridad tomen vida. Solo de esta forma podemos  hacer la travesía sin que naufraguemos colectivamente.

Hasta la próxima resonancia




¿DIOS ESTÁ EN LA CUARENTENA?



Óscar Misle

Según el evangelista Mateo Jesús se dirigió al desierto, permaneciendo 40 días y 40 noches, para que fuese tentado allí por el diablo y pudiera superar la prueba. Jesús pudo superarlas pero no por ella dejó de vivir momentos de intensa tensión y angustia como pudiera sentir cualquier ser humano que se encontrara en una situación similar
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En esta cuarentena la gente se pregunta: “¿Dónde está Dios? ¿Acaso está confinado?” Y se le interpela por las miles de personas que han muerto infectadas por el coronavirus, quienes han estado al borde de la muerte, el impacto social y económico que afecta a millones de personas o por la expansión sin fronteras que ha dejado vacías sinagogas, iglesias, mezquitas y templos de todas las denominaciones.

¿Dónde está Dios?

Si lo buscamos afuera posiblemente nos cueste porque el confinamiento, si algo logra, es aislarnos del entorno en el que solemos hacer vida. Solo podemos responder esta  difícil pregunta desde el interior de nuestro Ser. Si lo hacemos abriendo el corazón encontraremos respuestas. El Dios en el que creo no es el que nos libera del desierto, es aquel que nos acompaña  y nos da la fortaleza para superar las tentaciones de un mundo herido por toda la agresión que ha sufrido por tanta división,  abuso de poder, indiferencia e indolencia.

Un mundo en el que consumir y tener está por encima del ser y sentir. Dios nos acompaña en este duelo que nos está tocando vivir como humanidad. El covid-19   nos ha colocado a todos en el mismo escalón o en el hombrillo de la vida para hacernos preguntas más de fondo: ¿cómo vamos a hacer después que esto se supere para retomar las relaciones afectivas sin el temor de ser infectado? ¿cómo proseguiremos la educación con respuestas que se ajusten a la realidad y a los nuevos retos planteados?

¿Qué pasa con la fe?

Marlene, la mamá de Claudio de 14 años, es una mujer creyente. Aunque es católica no es muy practicante. Le gusta rezar y es devota a algunos santos que venera en un pequeño altar que tiene en su habitación.

Su esposo Alberto se confiesa ateo. Dice no creer en Dios por su mala experiencia en un colegio religioso. Desde muy pequeño se le inculcó la imagen de un Dios castigador y vengativo. Percibía contradicciones entre lo que se predicaba y lo que se hacía; como por ejemplo, la discriminación de sus compañeros por alguna condición económica, política, social.

A Marlene le preocupa que Claudio no crea en Dios como su papá y crezca sin una fe que le un sentido trascendental a su vida. Se suele creer que el crecimiento espiritual se logra únicamente a través de las prácticas religiosas.
A la gente le angustia que en esta Semana Santa no podamos tener contacto con Dios porque estarán cerradas las iglesias. Nos cuesta entender que los ritos son formas; pero que su esencia lo trasciende.

Permanentemente hacemos actos de fe.
Aunque suene paradójico es así. Vamos a un restaurante y consumimos los alimentos sin chequear las condiciones higiénicas de la cocina. Abordamos un avión y no nos dirigimos a la cabina para chequear en qué condiciones está el piloto ni chequear cuántas horas de vuelo tiene. Son solo unos ejemplos pero cotidianamente damos por hecho que las personas que nos brindan los servicios tienen las condiciones requeridas para hacerlo adecuadamente. La fe es creer que es posible alcanzar lo que todavía no se ve o no es.

¿Qué podemos hacer para cultivarla en la familia?

Compartir vivencias. Podemos contar sobre experiencias difíciles en las que nuestra vida parecía una cueva sin salida y con la solidaridad de otros pudimos seguir adelante. La fe hizo que la cueva se convirtiera en un túnel con luz en su final.

Concebirla como un factor protector. La resiliencia nos dice que con la fe se estimula la esperanza de que las cosas pueden cambiar. Se convierte en una fortaleza cuando la podemos compartir con otros y salir fortalecidos en la adversidad.

Buscar la transcendencia por diferentes vías. A través del arte y la naturaleza podemos encontrar la inspiración para abonar el espíritu. Se puede no creer en Dios pero si dejarse fascinar por su creación. Se puede cultivar el espíritu con la contemplación, la imaginación y la sensibilidad para ponerle color a la existencia. Muchas personas que se dicen ateas transitan caminos espirituales que le dan fuerza en momentos de tribulación y logran descubrir que no basta tener éxito, fama, prestigio, dinero si no te permite contactar con lo sencillo y trascendente.

Hasta la próxima resonancia

CONVIVIR CON LOS ABUELOS EN LA CUARENTENA




Óscar Misle

La soledad suele estar presente en los abuelos, pero sobre todo  la sentimental. Muchas veces la viven en   silencio  porque les cuesta  poner en palabras lo que sienten  y solo  con la  hostilidad y las  quejas logran expresar sus necesidades, vacíos, frustraciones y con estos comportamientos, sentirse visibles y tomados en cuenta.

Cuando me ha  tocado  visitar una casa hogar para adultos mayores, pública o privada, en la  que supuestamente se  ofrece atención  integral,  los servicios se reducen en la alimentación, suministros de medicamentos, cuidado para que no  tengan algún accidente o no le salgan escaras.

En muchas, la terapia ocupacional,  abordaje socioemocional, actividades recreativas, claves en estos momentos de cuarentena, no existen. La peor de las ausencias es la de los  familiares o seres cercanos. Los  días de visita muchos se quedan  arregladitos esperando al hijo, sobrinos o hermano  que lo embarcó porque se le presentó un compromiso de  última hora.

La situación se complica  cuando se enferman. El alto costo de tratamientos, falta de medicamentos, dietas especiales… afectan emocionalmente  el entorno  familiar. Hay  quienes optan por la  huida y deciden  tomar  distancia,  utilizando  cualquier tipo de pretexto.

En el caso de los  más afortunados,  los  que  pueden mantenerse en sus  casas o en las de  algún familiar, en estos momentos de cuarentena, sumado al aislamiento, está el deterioro social por  los malos servicios públicos, el alto costo de la vida… La atención de los abuelos se  convierte en un drama para muchos. Especialmente  cuando   disminuyen sus capacidades  y hay  que recurrir  al apoyo de cuidadoras, enfermeras con honorarios que pocos  bolsillos  soportan.

A pesar de esta realidad el adulto mayor es mucho lo  que nos puede mostrar y enseñar con su experiencia de vida. Logró  alcanzar  esa edad  pasando seguramente  por  muchas primaveras, veranos, otoños e inviernos emocionales. Ellos conocen su historia y sería bonito que nos la pudieran contar  con esa  versión  que  queda  con los años.
No importa  si real o imaginaria. 

Es su historia y es parte de su legado. Detrás de cada anécdota más  que situaciones, hay sentimientos  que pueden ser  una oportunidad  para  la conexión y resonancia  con ellos  y que  de esta  forma puedan sentir  que lo vivido  valió la pena.
Cuando viajan en el metro o transporte  público necesitan  nuestro asiento, cuando  van a cruzar la calle requieren  de nuestro  brazo, cuando  van de compras  o  a solicitar  un servicio  deben ser tratados preferencialmente. Todos vamos para allá, aunque nos cueste aceptarlo.

¿Cómo apoyarlos en esta cuarentena?

- Mantenerlos informados.  No sobre cargarlos de información, sobre todo ser selectivos en el tipo de fuentes  que contactan o consultan. 

- Permitirles que expresen sus emociones, escuchándolos con atención.  Al igual que nosotros necesitan expresar lo que sienten, si lo reprimen se pueden enfermar. Si se sienten mal, tristes, molestos hay que apoyarlos y no juzgarlos.

- Es necesario incluirlos, para que se sientan útiles y parte de la  dinámica familiar. Pueden apoyar en las tareas del hogar, sin sobre cargarlos, tomando en cuenta su edad y condición  Nos pueden contar sus experiencias en otros momentos difíciles y cómo los superaron.

- Incluirlos en las actividades recreativas. Ver películas, conversar sobre el contenido, participar en los juegos de mesa. Compartir recetas y cocinar juntos, escuchar música  de su época y contar anécdotas, chistes…  

- Ser cuidadoso con las medidas higiénicas. Cuando tengamos contacto con ellos debemos tener las manos y ropas limpias.

- Evitar que salga de la casa  durante la cuarentena. Si viven solos solicitar el auxilio de algún familiar para la compra y suministro de alimentos y medicinas.
  
- Estar atentos de que se alimenten bien, sigan sus tratamientos y en lo posible puedan ejercitarse dentro de la casa.

- Consultar al médico si tienen tos, fiebre o malestar general
Recordemos que por ley de vida no es mucho el tiempo  que les  queda  para acompañarnos. Su  vulnerabilidad puede cambiar su vida de un momento a  otro, por eso   y mucho  más, es necesario   hacerles sentir nuestro amor y agradecimiento. Hoy están, mañana  no sabemos.

Hasta la próxima resonancia


DEL SUICIDIO ¿SE DEBE HABLAR?



Óscar Misle

Recientemente, conmovió al país  la noticia de un adolescente (16 años) quien en horas  de la madrugada  se quitó la vida  lanzándose  de un puente  en la Avenida  Boyacá, Cota Mil, a la altura de Sebucán, Caracas.
Cuando se  hace público que un adolescente decide  ponerle  fin a su  vida son muchas las  interrogantes  que surgen.
Nos alarma constatar, en el Servicio  de Atención Psicológica de Cecodap, el incremento de solicitud de  consultas por parte  de adolescentes con ideas suicidas. Nos encontramos con una realidad  que nos genera mucha impotencia. No hay una infraestructura en el país que posibilite la atención requerida. Las que existen son privadas y no están al  alcance de los bolsillos de la mayoría de la población.           
Detrás de un suicidio puede haber muchos factores  que hay  que indagar.  Se estima que en una 80% de los casos la depresión está presente. Un trastorno de la salud mental que exige  apoyo profesional, con atención psicoterapéutica y  medicación en los casos que lo ameriten. Hay que estar atentos a los cambios en sus estados de ánimo, consumo de alcohol, drogas; agresiones en el hogar, sentimiento de abandono, soledad, decepciones amorosas, duelos no procesados; diagnósticos de alguna enfermedad  crónica, abuso sexual,  traumas, suicidios en la familia, una  enfermedad crónica, bullying pueden  ser desencadenantes.
No  quiere decir  que todos estos factores deban darse juntos; son señales  que hay que atender cuando comienzan a manifestarse.
Si el adolescente  se torna depresivo o permanentemente triste, se aísla, con sentimientos de desesperanza o poca valoración de sí mismo, se autoagrede, no es capaz de superar  situaciones de pérdida y se  torna hostil, evita socializar o solo lo hace con determinados grupos, escribe mensajes relacionados  con el deseo de morir, o imágenes  que permanentemente evoquen la muerte, es rechazado por su condición sexual, son algunos de los factores  que pudieran  generar un estado emocional que hace que sienta mucha frustración, impotencia, desesperación, angustia, ansiedad, falta de un grupo de apoyo, malas relaciones con los padres o sus pares   con incomunicación y mucha soledad.

Depresión sonriente
También hay  que estar alerta a la “depresión sonriente”. Otra variante de la depresión que  rompe creencias como; por ejemplo: la persona deprimida siempre  muestra indicios como estar   callada, gris, triste, hostil, desanimada, desaliñada y que, por el contrario,  la persona sonriente, amable, que cumple con su trabajo y sus compromisos, que muestra serenidad,  puede esconder detrás de esa fachada su depresión y ocultar su sufrimiento detrás de la permanente sonrisa.
Existen personas que sonríen con frecuencia,  utilizan el humor en momentos en los que a otros  le costaría sonreír aun teniendo pensamientos suicidas. Son personas que padecen  lo que popularmente se ha denominado “depresión sonriente” aunque el  término clínico es “depresión atípica” tal y como  lo define Olivia Remes, experta  en ansiedad y depresión de la Universidad de Cambridge.    
El suicidio es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 24 años de edad, después de accidentes y homicidios. Se dice  que por lo menos 25 intentos se hacen por cada suicidio de un adolescente.
¿Se debe hablar del tema?
Existen posiciones encontradas sobre si se debe o no  hablar del tema. Hay  quienes piensan  que  puede generar que  el adolescente busque esta salida si está siendo afectado  por alguno de los  factores antes mencionados. Hay  quienes pensamos que para prevenir hay que estar informado  y formado. La información debe  ser clara, directa y pedagógica. Lo mismo sucede  con el alcohol, drogas, sexualidad…
Lo  que si es cierto es  que cuando sabemos de un suicidio de un adolescente nos debe  llevar  a plantearnos cómo es la relación  con nuestros hijos, estudiantes, qué señales requieren ser atendidas, sin postergar la comunicación. Cuando ha habido intentos  de suicidio, o lo ha anunciado, hay  que actuar y buscar  apoyo profesional.
No se debe estigmatizar a la persona  que en un momento de desesperación  y por la sensación de perder el sentido de la vida toma  como salida  atentar contra su vida. Las posturas morales radicales, religiosas, pueden generar en el entorno de la víctima sentimientos de vergüenza, culpa, que pueden afectar las relaciones y la salud mental de la familia o entorno afectivo.
Como país estamos viviendo situaciones muy difíciles en las  que  la impotencia y la frustración pueden  desencadenar que nuestros adolescentes no le encuentren sentido a sus vidas, con  estados emocionales generados por la tensión y realidad  social. En estos momentos la comunicación, el apoyo afectivo, en el hogar  y centros  educativos es una prioridad para prevenir y no  tener que lamentar
Hasta la próxima resonancia
                             

LA CUARENTENA EN FAMILIA ¿CÓMO ASUMIRLA?



Óscar Misle
 
Un virus puso de rodillas  al mundo. Se trata del coronavirus,  solo se puede ver  con un microscopio; sin embargo tiene como logro  el invadir países ricos, pobres, de izquierda o de derecha…. Su poder es más fuerte que las ideologías, fundamentalismos, radicalismos, culturas... Logró el control de poderosas naciones. Se apoderó del mundo un diminuto invasor que no necesitó de fusiles, tanques de  guerra,  bombas, misiles. Solo le bastó  un estornudo o una tos para tomar por asalto el cuerpo humano y comenzar su despliegue universal con el cometido de convertirse en pandemia.
El gobierno  decretó la cuarentena,  una medida necesaria que hace debamos permanecer en nuestras casas. A medida que pasan  los días, la angustia se va haciendo presente en las familias. Se complica la situación cuando se pide higiene y en muchos lugares no hay agua.   
Cuando revisamos la nevera o la despensa nos asusta ver que los pocos alimentos se  agotarán. Surge la ansiedad  de no poder reponerlos   por el desabastecimiento que se pronostica. Se activan pensamientos y sentimientos  que generan miedo, ansiedad, descontrol, estrés…
Suspendieron las actividades escolares y a nuestros niños deben junto a su familia permanecer en cuarentena.  Sus emociones alteradas por una convivencia   signada  por la  ansiedad pueden hacer más caótica la situación. Comportamientos hostiles, llantos recurrentes, peleas entre hermanos, preguntas sin respuestas, rabietas por no poder recrearse encontrándose con sus amigos, vecinos puede hacer que perdamos el autocontrol y la violencia comience a protagonizar.

¿Qué hacer en  estas condiciones?
Hacer consciente cómo nos sentimos. Las emociones si no las identificamos, reconocemos, nos pueden hacer una mala jugada. Al no controlarlas podemos reaccionar de forma impulsiva, violenta y agredir a los niños y demás seres queridos. Es conveniente desahogarnos con  otro adulto para hacer catarsis; pero identificando  quién está en condición emocional de escucharnos
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Hablar con nuestros niños. La comunicación es clave en estos momentos, tanto la verbal como la corporal. Las expresiones de afecto con calidez, no podemos en estos momentos utilizar los besos y abrazos, pero si otras formas para vincularnos y comunicarnos   para  transmitir confianza,  disposición a escuchar, sin juzgar ni comparar, para  ayudarlos a identificar sus emociones y ponerle nombre, “me siento triste”, “tengo  rabia”, “siento miedo”. Es importante que sepan que es válido sentirse mal en momentos como estos, que expresar los sentimientos ayuda a sentirnos más calmados.

Explicarles con palabras sencillas lo sucedido. Es conveniente  decir la verdad, sin dramas,  con palabras sencillas, si no lo hacemos nosotros otros lo harán  y sentirán que les mentimos y perderán la confianza. Hay que  tomar en cuenta la edad y la sensibilidad del niño.
Nuestros niños suelen estar  más informados de lo que nos imaginamos. Cuando nos preguntan algo podemos repreguntar. Por ejemplo: “Mamá ¿Por qué la cuarentena?” Le repreguntamos: “¿Por qué piensas tú que se hace?” Posiblemente nos sorprenda su respuesta y podremos explicarles de forma clara y sencilla nuestros argumentos. Recordemos que desde los primeros años se debe comenzar la educación emocional y  ciudadana, preguntar,  ser escuchados, participar, sentirse  protegidos son derechos a los que no debemos renunciar.

Enseñar  con el ejemplo  que los niños vean que, con frecuencia nos lavamos las manos con jabón, que al estornudar o toser nos tapamos con el antebrazo a la altura del codo, que utilizamos pañuelos de papel y los desechamos, que no salimos de la casa sino para lo estrictamente  necesario, aprenderán en forma práctica las recomendaciones higiénicas  básicas para la prevención de la contaminación.
     
Mantener las rutinas. A pesar de vivir una situación complicada, especialmente los  horarios para la comida, tiempos para los juegos. Para los niños jugar es una necesidad. En los juegos  expresan sentimientos, hacen catarsis, se divierten... En estos momentos adversos son actividades  que debemos promover y es ideal que podamos  jugar con ellos para conocer  cómo están asimilando lo que estamos viviendo.

Darle vida a la solidaridad. Con ejemplos concretos les podemos mostrar como la solidaridad se hace presente. No salir de la casa durante la cuarentena  es una muestra de ello. No basta con que  nosotros estemos sanos, también deben estarlo los demás, por eso debemos evitar contagiarnos y contagiar a otros.  Es un momento propicio para darle  contenido práctico al amor, la empatía, la compasión…
  
Preservar la esperanza. A pesar del momento difícil hay que plantearle  que las cosas van a mejorar. Por su condición de niños no hay que hacerle sentir  que la situación va  empeorar. Los puede llenar de miedo, angustia, recordemos  que no tienen la madurez ni nuestra experiencia, no se trata de crearles falsas expectativas como por ejemplo la semana  que viene se controlará el coronavirus. Es preferible decir están trabajando para que pronto se solucione el problema y que todos estamos poniendo de nuestra parte para controlarlo.

Rescatar lo que descubrimos en la adversidad Esta situación nos muestra lo importancia  de las tecnologías, permite vincularnos virtualmente. A través de las pantallas  podemos  vernos, escuchamos y compartir lo que sentimos y pensamos. Por  el hecho de ser una pandemia, para  los niños que tienen familiares en el exterior, ahora más que nunca, es importante comunicarse con ellos para saber que están bien, que están vivos.   
El coronavirus nos pone  de rodillas, la soberbia, prepotencia, arrogancia de nada nos sirve, vivimos una realidad  que nos demuestra lo vulnerable que somos, nos     invita a cultivar nuestra  espiritualidad, no solo la religiosa, sino la  que conecta con lo interno, esencial y  trascendente.

Hasta la próxima resonancia 

miércoles, 4 de diciembre de 2019

LA DISCRIMINACIÓN EN EL AULA




Por 
Óscar Misle
“Si hay discriminación en esta escuela y, por supuesto, exclusión. Existe mucha competencia entre los estudiantes. Con frecuencia escuchas: “Chamo, ya es hora de que te cambies esos zapatos” “Es morral es chimbo” El hecho es que la situación económica ha generado una variante del bullying que es meterse con los compañeros por la forma en que se visten, por lo que comen, lo que pueden comprar” Gabriela, maestra de 5° grado.

En los centros educativos, los niños y adolescentes con frecuencia muestran intolerancia a los que son diferentes o “raros” por su condición o apariencia física, intelectual, preferencia o comportamiento sexual, religión… 

Esto convierte a los rechazados en blanco de burlas, exclusiones y humillaciones. La forma de manifestar su intolerancia a la diversidad se expresa de manera explícita con palabras o agresiones físicas o con gestos y símbolos.

En el caso de las niñas y los niños las agresiones por diferencia de género y por las representaciones sociales que se tiene de los comportamientos masculinos o femeninos, favorece que estos reproduzcan creencias que perpetúan el uso del poder físico o emocional para humillar, agredir o descalificar a los del sexo opuesto o del mismo sexo.

Ya en la adolescencia, es propio constituir pequeños grupos que manejan códigos comunes en su forma de pensar, sentir, vestirse, preferencias musicales, intereses o estatus social. En un mismo salón pueden coexistir varios grupos. El problema es que la convivencia se ve afectada si estas diferencias se traducen en ofensas, agresiones físicas, o hace que se autoexcluyan y no participen en las actividades generales, y saboteen al resto del salón. 

Coincidimos con Horacio Maldonado cuando afirma que la anulación física o simbólica del otro siempre genera violencia. Por eso, como educadores y familias debemos estar pendientes de identificar cuáles son las razones o las causas por las que se están dando determinados comportamientos. ¿Es un solo estudiante? ¿Un grupito? ¿O toda el aula? 

¿Lo normal es ser diferentes? 
Esta pregunta quedaría más para una campaña de sensibilización porque, en la práctica del quehacer educativo, ser diferentes es motivo para agredir o ser agredido. Insistimos en que uno de los principales retos de la educación en el mundo actual tiene que ver con la formación para la diversidad. 

Se han roto barreras y patrones debido a la globalización, programas por cable, videojuegos, el Internet y todo el cúmulo de información que se difunde; sin embargo, están surgiendo nuevas formas de resistencia cultural: nacionalismos, fundamentalismos religiosos, étnicos y políticos que nuevamente apuntan a pensar que se debe educar en un pensamiento único y una sola forma de ver el mundo.

 ¿Qué dice nuestra legislación? 
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en su artículo 102, establece que la educación es un servicio público y está fundamentada en el respeto a todas las corrientes del pensamiento, con la finalidad de desarrollar el potencial creativo de cada ser humano y el pleno ejercicio de su personalidad en una sociedad democrática.

El artículo 19 indica también: “El Estado garantizará a toda persona, conforme al principio de progresividad y sin discriminación alguna, el goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de los derechos humanos”. 

La no discriminación es un principio reconocido en los pactos y tratados internacionales en materia de Derechos Humanos y en la legislación venezolana. Al respecto, el artículo 21 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece: 
“Todas las personas son iguales ante la ley; en consecuencia, no se permitirán discriminaciones fundadas en la raza, el sexo, el credo, la condición social o aquellas que, en general, tengan por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio en condiciones de igualdad, de los derechos y libertades de toda persona”. 

Si está tan claro el mandato de nuestra Constitución, ¿por qué tanta resistencia para darle vida en la práctica? La discriminación sigue siendo una realidad en los centros educativos. Pudiera dar la impresión de que es un término fuerte o desproporcionado, pero, según el diccionario, discriminar es el trato diferente y perjudicial que se da a una persona por motivos de raza, sexo, ideas políticas, religión, etc. 

Habría que agregar por su orientación sexual, situación económica, lugar de nacimiento… Un listado que seguramente es más largo de lo que imaginamos. Una discriminación que en lo cotidiano se traduce en exclusión, rechazo, prejuicios y creencias que afectan la convivencia.

Hasta la próxima resonancia

EL MORRAL DE LA CONVIVENCIA


Óscar Misle 
@oscarmisle
Una constante en nuestro trabajo formativo es la preocupación de educadores  y familias sobre  cómo  formar para la convivencia. El clima de violencia social que vivimos en el país  entra por la puerta de los centros educativos afectando las relaciones entre  los miembros de la comunidad educativa.

En  todos los rincones del mundo, los estudiantes cargan  en sus morrales o mochilas, libros, cuadernos, lápices, creyones, guías… También en él  llevan las emociones  y sentimientos  generados por las situaciones tristes  o placenteras vividas en  sus familias y comunidades.

El morral al que hacemos referencia   está vez, es el de la convivencia, libro de Cecodap, realizado por Fernando Pereira y este servidor. Es un texto   lleno de herramientas para la convivencia, para participar y mejorar las relaciones,   activando la Inteligencia emocional, con el fin de formar estudiantes más  seguros, con estrategias para el manejo de sus emociones, ser más autónomos, resolver conflictos, mejorar la autoestima y  lograr el reconocimiento y respecto  de los demás.

Cada capítulo contempla  una breve introducción del bloque de actividades. Su objetivo es posibilitar herramientas que estimulen vínculos más cercanos, cálidos y democráticos.
Recopila un abanico  de actividades, recursos y estrategias que han sido  utilizadas  en las actividades de Cecodap por más de tres décadas. Pero además  incorpora otras aprendidas  en el  trabajo con centros  educativos y organizaciones hermanas.

Son recursos prácticos, sencillos, de bajo costo, con materiales reciclables, de desecho, de tal forma que se pueda  aprovechar lo que se tenga a la mano.
Da la posibilidad  y libertad de buscar en el libro la actividad  que se ajuste a las necesidades del momento. No es un texto para leer corrido y ya. Es un material de consulta.  Las actividades  propuestas se pueden ajustar a  cada contexto. Agregándole y quitándole lo que  se considere conveniente de acuerdo a la edad de los estudiantes, realidad socioeconómica, cultural, territorial…

Las actividades tienen  como propósito lograr  de forma amena  la presentación personal y grupal cuando se  inicia  una actividad; el  conocimiento de sí mismo y de los demás;  analizar temas y situaciones; propiciar el trabajo grupal y colaborativo; el manejo de emociones, resolución de conflictos a través de la promoción del buen trato.

El pasado 30 de noviembre se presento el libro  en el hotel Ambasssador Suites (Diagonal al Centro Lido), La presentadora y prologuista del libro fue la  reconocida  locutora y conferencista Mariángel Ruiz Torrealba.

Según Mariángel : “…es un libro lleno de sabiduría para conectar de manera imborrable con los demás; y aunque fue escrito inspirado en la labor docente, su aplicación nos transformaría a todos; así que me atrevería decir que es necesario para cualquier persona que tenga alguna cercanía con  la crianza de algún niño o adolescente.

Contiene cerca de  100 actividades que a manera de juego,  nos permiten explorar  y sacar mayor  provecho del universo de las emociones, la buena comunicación, el auto conocimiento, la convivencia, el análisis crítico del contexto, el trabajo en equipo y a partir de allí establecer relaciones sanas  y de buen trato.

Estas páginas  tienen  el poder de transformar el proceso de aprendizaje y formación de la etapa escolar  en un oasis en donde los alumnos y maestros se brinden dinámicas  de crecimiento y apoyo que terminarán siendo lecciones transformadoras de vida”

Hasta la  próxima resonancia

VIOLENCIA. HAY QUE HABLAR CON LOS NIÑOS

  Óscar Misle Óscar Misle Los recientes enfrentamientos armados en la Cota 905 y comunidades aledañas y los operativos que se van realizan...